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Zapatero, el póster del Ché del socialismo español

Publicado: mayo 21, 2026, 6:07 pm

Actualizado Jueves,
21
mayo
2026

18:17

Si en las casas progres de los 70 el Guernica de Picasso había desplazado a la imagen de La última cena, en Moncloa han rehabilitado en estos últimos ocho años a José Luis Rodríguez Zapatero como el póster del Ché Guevara del socialismo español. Mantenían hacia él una devoción inmaculada y a cambio el expresidente del Gobierno demostraba al mundo que se podía estar en política sin perder la cuota de cordialidad por la que Raúl del Pozo popularizó el sobrenombre de Bambi aprovechando un dardo de Alfonso Guerra.

Zapatero, que deberá explicarse a fondo y es presunto inocente, ejercía hasta el lunes de oráculo de Delfos en el jardín de Pedro Sánchez y con la sonrisa de gloria melancólica dejaba una estela de tocino de cielo y nostalgia juvenil por todos esos sueños que nos quedan por lograr. Alrededor de su revolución de abrazos gratis había montado una arcadia a lo Gandhi donde la Venezuela de Maduro podía tener solución y después la de Delcy Rodríguez (quien entregó a Maduro en beneficio propio) continuaba ofreciendo garantías. Un disparate.

Lo que casi nadie esperaba es que en medio de la reducción al Pedro Ximénez del socialismo andaluz, con el fracking extremo de María Jesús Montero dejando al partido a 100 metros por debajo de la superficie, irrumpiese la noticia de la imputación gigante de José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre con la mejor primera legislatura de la democracia española. Si Zapatero está presuntamente en el ajo de la corrupción y ejerce de «pana» de esa banda mafiosa, esto es el fin de la política sentimental. Con Zapatero cae un talante de sobremesas plácidas. Con Zapatero cae una manera koala de ejercer el liderazgo. De tan levítico debería haber entrado en el hemiciclo descalzo, dejando los mocasines en la puerta, como se accede a las pagodas budistas. Con Zapatero cae un PSOE que vive de lo que no tiene y parece morir de lo que ya no tenía: decoro contra la corrupción. Zapatero no era un político para políticos, sino que gustaba demasiado por su alma de sport y servía de salvoconducto contra la charcutería cutre de alrededor: Ábalos, Cerdán, Koldo y por ahí todo recto. Pero, al parecer, ya ni eso.

Normal que la izquierda se atropelle sola. Normal que Rufián Superstar, el más listo de mi orilla, diga en lo de Paloma Segrelles (Club Siglo XXI) lo que todo el mundo le adivinó hace varios meses: «Si hay que dar un paso para encabezar una lista de izquierdas, p’alante». Rufián sabe que el independentismo sólo es una mala gripe, caduca y reaccionaria, y lo utilizó por dar gusto a ese puntico suyo presumido. Cuando no hay nada que perder se asume sin vértigo el abismo. Es un tipo inteligente y tiene olfato para distinguir, entre quienes lo rodean, la jeta del honesto y del traidor. Durante una de sus paradinhas para imantar micrófonos en los pasillos del Congreso, dijo en plan Millenial que si lo de Zapatero resulta verdad «es una mierda», quizá jugando a estar enfadado, pero no riñó a nadie. A mí me parece una traición, un asco, una posibilidad de incrementar el patrimonio lumpen del partido y otro motivo para reprocharle a la izquierda el éxito de la extrema derecha española, que aún está llegando al uso de razón de la democracia moderna.

Los incendios, dios no quiera, van a empezar este verano por el Senado. El PP prepara un desfile variopinto de políticos socialistas, empresarios, ex presidentes, hijas de ex presidentes y demás protagonistas de la presunta trama. Los llamará para que comparezcan en la comisión de la SEPI. Qué ganas de arruinar mis jueves con vosotros. Mientras los agentes le registran las oficinas, a José Luis Rodríguez Zapatero sólo le falta registrar su vida para saber lo que le queda. El póster, de momento, ha caído.

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