Publicado: mayo 9, 2026, 10:07 am
Jerónimo y Germán agrandaron ayer el drama de la lucha contra el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar. Los dos guardias civiles, con una amplia experiencia, murieron durante la persecución a una de las cientos de narcolanchas que, a diario, burlan la vigilancia para transportar desde Marruecos alijos de hachís y de cocaína. Las grandes familias de la droga superan en medios a la Guardia Civil y ayer volvió a quedar demostrado, constatando así el grave problema del Ministerio del Interior en la zona.
Las narcolanchas están a años luz de las embarcaciones del Instituto Armado, muchas de ellas averiadas, o con graves carencias para hacer frente a la sofisticación con la que se mueven las organizaciones delictivas. La desembocadura del río Guadalquivir, en Huelva, y la costa de Cádiz son los puntos álgidos del narcotráfico y el talón de Aquiles de la Guardia Civil.
Dos años y tres meses después de que la narcolancha conducida por Karim El Baqqali —’el Enfadao’ por su carácter indomable y la violencia con la que se desenvuelve— embistiera la zódiac del Instituto Armado en la que murieron David Pérez Garacel (Boby) y Miguel Ángel González Gómez, el problema en la zona que Interior sigue sin solucionar ha dado la cara de la manera más abrupta posible. Dos nuevos agentes muertos por perseguir un tráfico de drogas en el mar que no deja de hacerse grande.
La persecución de la narcolancha comenzó en la costa onubense y finalizó en Cádiz, donde las dos embarcaciones del Servicio Marítimo de la Guardia Civil chocaron entre ellas. Como resultado del impacto, uno de los agentes falleció prácticamente en el acto, mientras que otros tres resultaron heridos, dos de ellos de gravedad. Todos fueron trasladados a un centro sanitario, donde uno de los graves finalmente también murió.
El capitán Jerónimo (izq.) y Germán (dcha.), los dos guardias civiles fallecidos durante una persecución a una narcolancha en el Estrecho de Gibraltar.E. M.
La consolidación de las familias de la droga, el recrudecimiento de sus técnicas y los medios limitados de los agentes para hacerles frente es un hecho. En los últimos meses, ha quedado constatado con múltiples persecuciones que han constatado que la situación ya no se sostiene.
A pesar de los mensajes tranquilizadores del ministro Fernando Grande-Marlaska, la situación es límite. El fortalecimiento de los clanes de la droga y su «poder» hacen que la zona del Estrecho y la desembocadura del Guadalquivir en Huelva sean puntos extremadamente peligrosos. En febrero de 2025, en la ría de Huelva, frente al Muelle de las Carabelas, varios hombres descargaban un alijo de hachís a plena luz del día desde embarcaciones recreativas protegidas por individuos armados con fusiles de asalto, con kalashnikovs. Tres personas armadas con AK-47 permanecían activas para disparar sin miramientos en caso de ser descubiertos.
Una semana antes Marlaska había afirmado tener «acorralados» a los traficantes. La frase la pronunció ante sus socios de la Coalición de Países Europeos contra el Crimen Organizado, donde se reivindicó y presumió de los resultados del Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar a pesar de que los agentes de en la zona no dejan de alertar de que la situación se les complica día a día. Más traficantes, más droga, más violencia que enfrentar con los mismos equipos y nulas perspectivas de que Interior vuelva a reactivar un grupo exclusivo para luchar contra ello. Así afronta la Guardia Civil el escenario en el que trabaja a diario. «La situación es muy grave. La delincuencia a este nivel es una constante».
La propia Fiscalía General del Estado ha recogido este extremo en su Memoria Anual después de que la fiscal delegada de Cádiz expresara su preocupación: «La disminución de droga incautada supone también una reducción de procedimientos penales en la provincia de Cádiz, lo que la delegada atribuye a una menor presión policial y a la desaparición del grupo operativo OCON-Sur, que se produjo sorpresivamente y sin comunicación previa a la Fiscalía de Andalucía ni a la Fiscalía Especial, ni a los órganos judiciales».
La muertes de dos guardias civiles embestidos por una narcolancha en Barbate fue el tifón más grande que ha atravesado Marlaska como ministro. La petición de mejoras en el Campo de Gibraltar ha sido una constante a lo largo de estos seis años. El Campo es un universo delincuencial alejado de cualquier similitud con otro punto del país. La insuficiencia de medios y el acoso de los clanes a las familias de los agentes hacen que las plantillas no se consoliden.
De hecho, todos los años cerca del 40% de la plantilla (300 efectivos) solicita el traslado. También es una reivindicación crónica la declaración urgente de Zona de Especial Singularidad (ZES). La denominación conlleva la aplicación de fórmulas de incentivos laborales y económicos similares a los que perciben los agentes destinados en el País Vasco o en Navarra.

