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La hora de la verdad para Ábalos, Koldo y… el PSOE con más de 20 años de cárcel en juego

Publicado: abril 29, 2026, 10:07 pm

Y a la mascletá de Aldama ayer seguirá hoy el segundo gran plato fuerte, en el Tribunal Supremo, del juicio del caso Mascarillas, que en realidad es apenas el primer episodio del reguero de procedimientos que cercan al Gobierno de Pedro Sánchez -dándose la inédita situación de que un presidente español en ejercicio podrá seguir desde La Moncloa, a la vez que continúa gobernando tranquilamente, una causa que afecta directamente al que fue corazón de su Gobierno-.

Ese segundo plato fuerte, como ya se ha contado hasta la saciedad pero no por ello deja de ser menos increíble, consta de dos partes, a cual más insólita por cercanas, hasta hace apenas cinco años, a quien sigue presidiendo el país. Por un lado comparecerá, si los tiempos corren como deben -y el tribunal tiene la férrea intención de que así sea-, quien fue número dos del presidente hasta su súbita caída en desgracia en julio de 2021, el ex todo José Luis Ábalos Meco. Y por otro, antes que él, a muy primera hora, lo hará también una versión quizá más basta, menos delicada, del propio Ábalos: su ex asesor (o algo similar) y probable testaferro (según la Guardia Civil) Koldo García, quien fue nada menos que portero de puticlub antes de acompañar a Sánchez en su reconquista del Partido Socialista en el famoso Peugeot, y cuya emergencia en febrero de 2024 dejó ojiplática a media España, si no a toda. ¿Que el presidente había tenido como escudero a un ex jugador de rugby malencarado y peor hablado, sin formación ninguna -más allá de la sempiterna universidad de la calle-, que se dedicaba a tutear a los ministros y prácticamente a darles órdenes con tono de José Luis Torrente mientras recorría los pasillos de los ministerios erguido como Napoleón? En efecto, sucedió.

Es la hora de la verdad, después de dos años de especulaciones desde que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil reventara la operación Delorme en febrero de 2024 y supiéramos que una presunta trama corrupta había amañado contratos públicos en la pandemia del Covid para supuesto enriquecimiento, entre otros, del propio Ábalos, a quien se le habría regalado incluso un chalet de lujo cerca de La Línea de la Concepción (Cádiz).

La especulación era, y es: ¿apuntará ante el tribunal Ábalos, que lo fue todo en el Partido Socialista de Pedro Sánchez, más arriba, a la financiación irregular del propio PSOE? Si eso hubiera sucedido, y ciertos indicios hay -por ejemplo, la empresaria Carmen Pano declarando, sin nada que ganar y más bien al contrario, que entregó 90.000 euros en bolsas en la sede central de Ferraz-, la función tendría que comenzar hoy mismo. Porque el tiempo se acaba, y la espada de Damocles de los 24 años de prisión que se le piden a Ábalos Meco (por organización criminal, cohecho, tráfico de influencias, malversación y aprovechamiento de información privilegiada) pende peligrosamente sobre su cabeza, en el que además es sólo el primero de varios juicios que posiblemente deberá encarar.

En realidad, durante un vía crucis que ya sólo cabe calificar como bíblico -y en el que su cutis ha ido poniéndose cada vez más cerúleo, en especial tras ir destapándose su frenética vida sexoafectiva y después de su entrada en prisión provisional el 26 de noviembre pasado, ante la realidad de que su petición de pena por parte de Fiscalía podía empujarle a huir a lo Roldán-, Ábalos Meco ha enseñado la patita varias veces, amagando con revelar lo que a ojos de los investigadores parecería lógico: que con los dos últimos secretarios de Organización del PSOE (él y Santos Cerdán) encarcelados y acusados de amañar contratos públicos a cambio de sobornos, parte de ese dinero hubiera sido desviado a la supuesta primera ocupación y preocupación de ambos altos cargos: el propio partido.

Además, el panorama en el caso Mascarillas se le ha puesto definitivamente feo, después de la declaración de Antonio Balas, el teniente coronel de la UCO, quien colocó a Ábalos Meco en la cima de la toma de decisiones en los amaños de contratos -«es un miembro cualificado de la organización, por eso cobra lo que cobra, y cuando lo exige, le pagan», llegó a decir-, y que certificó que, sin el acceso a la toma de decisiones del ex ministro de Transportes, la trama «no podía haber hecho casi ninguna de las cuestiones» que llevó a cabo.

«Ábalos era el que abre negocios, el que tiene la capacidad de llevar a Aldama y a sus socios a sitios donde por ellos mismos no pueden», dejó dicho el jefe de la UCO, como quien coloca tranquilamente una lápida.

Y si la sangre no llega al río de la financiación irregular, el que no va a poder sortear Ábalos es el de sus queridas/amantes/chicas, que para no pocos observadores ha podido producir incluso más desgaste electoral al autoproclamado «Gobierno más feminista de la Historia» que la propia corrupción económica. De nuevo instalados en lo imposible: un ex ministro casado regalando contratos públicos a sus amigas de cama, e incluso sorprendido en un registro policial acompañado en su casa por una actriz porno que, para más inri, intenta huir de la Guardia Civil con un disco duro lleno de información incriminatoria escondido en el pantalón con la excusa de que iba a sacar al perro. De nuevo, ocurrió.

Antes que Ábalos, en todo caso, abrirá fuego su ex escudero Koldo García, a quien piden 19 años y medio, que se dedicó durante años a grabarlos a todos al sospechar (correctamente) que le iban a dejar tirado, a quien la cárcel le ha puesto barba de Unabomber y quien, pese a llevar una estrategia procesal semejante a la de su ex jefe, sí ha apuntado algo más al partido, admitiendo haber escuchado que Acciona donó en 2019 500.000 euros al PSOE, o con su abogada, Leticia de la Hoz, desarbolando hace escasos días al ex gerente socialista Mariano Moreno, al documentar pagos del PSOE sin copia de registro y al margen del sistema durante la mismísima declaración del ex alto cargo de la formación en el Tribunal Supremo.

Quien tenga buenas cartas, en definitiva -y más después de la explosiva deposición de Víctor de Aldama ayer-, deberá usarlas ya… O callar no para siempre, sino hasta la siguiente parada del imparable tiovivo judicial.

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