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Miguel Garrido (CEIM): «La medida más efectiva contra la guerra es bajar impuestos a la energía y los alimentos»

Publicado: marzo 19, 2026, 7:08 am

El ‘número dos’ de Antonio Garamendi en CEOE y presidente de la patronal madrileña conversa con ‘La Información Económica’ con el telón de fondo de la guerra en Irán y repasa la actualidad laboral. «1,6 millones de personas no van a trabajar cada día en España. Eso es algo que no nos podemos permitir», señala.

Miguel Garrido (Madrid, 1960) presidente de la patronal madrileña CEIM desde 2019. Además, ejerce de ‘número dos’ de Antonio Garamendi en la gran patronal CEOE. Atiende a La Información Económica con el telón de fondo de la guerra en Irán y sus consecuencias, pero sin perder de vista la actualidad laboral y empresarial. 

La guerra en Oriente Próximo ha disparado los precios de la energía y causado gran incertidumbre. ¿Las empresas lo están notando ya?

Se está empezando a sentir la escalada de precios; desgraciadamente, esto va bastante rápido. La energía es un factor que afecta a toda la cadena de actividades y ya empieza a haber preocupación. El problema es que es posible que esto lleve un tiempo para solucionarse, con independencia de cómo evolucione la guerra. En cualquier caso, parece que sí va a haber un efecto importante; va a haber muchísimos productos que se van a ver afectados por esa subida de precios.

¿Podríamos estar ante el comienzo de una crisis económica?

No creo que sea bueno ni realista que seamos tan pesimistas. Espero que esto se circunscriba a un momento de tensión y que en breve podamos volver a la cierta normalidad. Aunque la experiencia nos dice que, aunque se solucione el problema principal, tenemos ya a partir de ese momento una base más alta del precio.

El Gobierno ahora mismo está perfilando medidas de respuesta ¿Cuáles creen los empresarios que serían las adecuadas?

Se deben tomar medidas fiscales. En España, el precio de la energía tiene una proporción altísima de impuestos y, con estas subidas, el Estado está aumentando la recaudación de una manera escandalosa. La medida más efectiva y más inmediata es una reducción en la fiscalidad de la energía y también de algunos sectores que son los más sensibles, como la alimentación. Y luego hay una medida que sería buena en cualquier caso, pero en esta situación se hace absolutamente imprescindible, que es la deflactación del IRPF. 

«La historia demuestra que siempre que se han tomado medidas intervencionistas para limitar los precios, el efecto que se ha conseguido es el contrario»

¿Cree que sería bueno topar los precios de algunos bienes o servicios afectados?

La historia demuestra que siempre que se ha tomado algún tipo de medida intervencionista para limitar los precios, el efecto que se ha conseguido es el contrario. Al final lleva a un cierto desabastecimiento, que haya menor oferta y que los precios no solo no bajen, sino en algunos casos suban. 

Pese al mar de fondo, parece que el consenso se mantiene en que el país vive un buen momento económico. ¿Está de acuerdo? 

El crecimiento del PIB es positivo, pero cuando uno analiza las causas, se ve que realmente no afecta al conjunto de la sociedad o de la economía. Hay una parte del crecimiento que está justificada en el incremento de la población y en el aumento del gasto público. Estos factores ya no tienen esa connotación de mejora de la calidad de vida. Se ve que esa subida no está beneficiando realmente a la media de las familias españolas. Además, se está comprometiendo la viabilidad de muchas pequeñas empresas.

En el ámbito laboral, una de las cuestiones que más comentan los empresarios últimamente es el aumento de las bajas médicas laborales. ¿Cómo les está afectando? 

El absentismo lleva ya varios años creciendo de manera alarmante y empieza a ser un problema económico grave. No se sostiene que en los últimos 10 años se hayan duplicado las bajas por enfermedad, ahora que no hay una pandemia. Algunas personas, las menos, se aprovechan de la normativa, pero también hay médicos que conceden las bajas o amplían el plazo muy a la ligera. También hay un problema de colapso de los servicios sanitarios, que afecta mucho a la recuperación de personas. Nosotros siempre hemos dicho que una de las soluciones pasa por darle un mayor protagonismo a las mutuas, que podrían acelerar los procesos de recuperación y de alta. Lo que no podemos es seguir sin hacer nada; hay que tomar ya medidas concretas.

Los sindicatos son muy críticos con que se utilice el término «absentismo». ¿Es el adecuado?

El término es lo de menos. La realidad es que 1,6 millones de personas no van a trabajar cada día en España. Eso es algo que no nos podemos permitir, sobre todo en aquellos casos en los que no hay un motivo claro. Nadie discute que cuando una persona no esté en condiciones de trabajar, se quede en casa. Pero hay otros muchos factores que también inciden en ese problema y no se deben a una causa objetiva e inevitable.

«La realidad es que 1,6 millones de personas no van a trabajar cada día en España. Eso es algo que no nos podemos permitir»

El Gobierno ha aprobado una nueva subida del SMI sin el apoyo de la patronal ¿Por qué? 

Llevamos ya años en los que el gobierno sube el SMI tras llegar a un acuerdo únicamente con los sindicatos. Lo que nos preocupa es que se haya incluido en el decreto del SMI una modificación de la norma que había respecto a la absorción y compensación de los complementos salariales. Esto nos parece enormemente grave. Creemos que se ha extralimitado en sus competencias y, si este tema se lleva a término, acudiremos a los cauces legales que podamos.

El presidente del Gobierno les ha pedido directamente a los empresarios que suban los salarios medios. ¿Pueden hacer las empresas algo más? 

Yo siempre he defendido que sería enormemente positivo para la sociedad que los salarios medios en España subieran, porque es cierto que son excesivamente bajos. Pero los costes laborales no lo son: de lo que la empresa paga al trabajador a lo que le llega realmente hay una diferencia enorme que va al propio Estado. Con estas cifras de recaudación récord, el Estado podría aliviar las cotizaciones sociales a las empresas que hicieran un esfuerzo por mejorar los salarios. El Gobierno, que tanto se llena la boca con que las empresas hagan por pagar mejor a sus trabajadores, podría empezar por cumplir su parte. 

El Ministerio de Trabajo también aboga por endurecer el registro horario  ¿Qué les parece? 

Es una regulación que complica enormemente a las empresas pequeñas. En la gran mayoría de las empresas, la relación entre trabajadores y directivos es bastante armónica y hay cierta flexibilidad. Una persona un día tiene un problema en casa y dice: ‘me voy antes’ o ‘Quédate tú un rato y mañana llego yo más tarde’. Eso, con la implantación de esta herramienta pretendida por el ministerio, se acabaría. Podemos hacer más daño que beneficio por intentar algo sin evaluar sus consecuencias. 

También quieren endurecer las condiciones de despido…

Con la reforma del despido hay que ser muy cautelosos porque España sigue teniendo un problema de desempleo importante. Cuantas más dificultades pongamos en el despido, más reacios van a ser muchos empresarios en contratar a nuevas personas. Creo que hay que analizar en profundidad el modelo laboral en España para hacerlo más flexible. Es cierto que hay que dotar de medidas de compensación a los trabajadores cuando finaliza su contrato laboral, no lo discutimos. Pero tampoco creemos que sea positivo que haya empresas que no sean viables y no puedan permitirse ajustar las plantillas a las necesidades, por el elevado coste y por la dificultad de tramitación. 

Las relaciones entre el Gobierno y los empresarios están muy deterioradas. ¿Ve posible reconducir la situación antes de que acabe la legislatura? 

En estos últimos tiempos el Gobierno ha decidido considerarnos como unos enemigos y tratarnos como tales. La relación personal es buena. Pero nosotros defendemos legítimamente los intereses de las empresas y lo que nos encontramos es que estamos apartados de la negociación real, que se da entre el Gobierno y los sindicatos. Por supuesto que se podría reconducir la situación porque sería positivo. Pero no soy optimista porque la actitud que veo enfrente no me empuja a serlo. Creo que se persigue ese enfrentamiento con los empresarios por motivos políticos.

«El Gobierno, que tanto se llena la boca con que las empresas hagan por pagar mejor a sus trabajadores, podría empezar por cumplir su parte»

Ya en clave local, ¿cuáles son las grandes demandas de las empresas madrileñas? 

Estamos empezando a notar que hay iniciativas que no se pueden llevar a cabo porque no tenemos acceso a la energía y es algo en lo que tenemos que trabajar. También el talento. Es una paradoja que, habiendo todavía unas cifras de desempleo altas, haya decenas de miles de puestos que no se cubren. Y tenemos el problema de la vivienda. Hay muchas empresas que no pueden encontrar trabajadores porque esos trabajadores no pueden vivir en Madrid con los recursos que tienen. Eso nos preocupa mucho y creo que es uno de los mayores retos que tiene la economía madrileña. 

¿Qué se puede hacer para solucionar el problema de la vivienda? 

Pensamos que fundamentalmente es un problema de oferta. Puede haber ayudas a determinados colectivos, pero el problema es que en Madrid llegan muchas más personas cada año que viviendas salen al mercado. Se necesitan medidas disruptivas. Hay que liberalizar suelo, reducir procesos burocráticos, trámites y plazos. No podemos estar pensando en plazos de 20 años o más, como hemos tenido en Nuevo Norte.  La situación actual exige que seamos mucho más valientes y contundentes.

Las grandes ciudades tienen cada vez más protagonismo en el panorama internacional. ¿Ve a Madrid capaz de competir con las grandes metrópolis europeas? 

La evolución que ha tenido Madrid en las últimas décadas nos hace pensar que Madrid ya es una gran metrópoli europea y también a nivel mundial. Es un lugar de referencia en muchos lugares del mundo. La competencia es complicada, pero las empresas madrileñas han demostrado a lo largo de los años que están perfectamente preparadas para jugar en esa liga de las grandes metrópolis europeas.

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