Publicado: julio 30, 2026, 9:24 am
La inteligencia artificial más avanzada está dejando de ser un producto que las empresas pueden desarrollar y distribuir únicamente bajo sus propias reglas. En Estados Unidos, el Gobierno ha empezado a intervenir en el lanzamiento de nuevos modelos, decidir qué organizaciones pueden probarlos y estudiar mecanismos para detenerlos si representan una amenaza. Mark Zuckerberg no parece dispuesto a aceptar sin más ese camino.
El fundador y consejero delegado de Meta publicó este martes una tribuna de opinión en The Wall Street Journal en la que alerta de los riesgos de concentrar el control de la denominada superinteligencia en un reducido grupo de instituciones. Frente a ese modelo, propone extender el acceso a la tecnología y dotar a cada persona de una “superinteligencia personal” que pueda utilizar para desarrollar proyectos, aprender o crear empresas.
El texto no menciona expresamente las últimas medidas de la Administración de Donald Trump. Sin embargo, aparece en pleno debate sobre el creciente poder de Washington para decidir qué modelos pueden llegar al mercado, cuándo pueden hacerlo y quién tiene autorización para utilizarlos.
De Glasswing a la AI Kill Switch Act
Estados Unidos ha pasado en pocos meses de observar el desarrollo de la inteligencia artificial a intervenir directamente sobre los modelos más avanzados. Primero llegaron las restricciones aplicadas a Anthropic tras Project Glasswing, su iniciativa para encontrar vulnerabilidades informáticas; después, OpenAI aceptó limitar temporalmente el acceso a GPT-5.6, su último modelo.
La pasada semana, ese control dio un paso más con la presentación en la Cámara de Representantes del AI Kill Switch Act. La propuesta obligaría a las grandes compañías a disponer de un mecanismo capaz de ralentizar, suspender o apagar sus sistemas más potentes y permitiría al Departamento de Seguridad Nacional ordenar su activación ante una situación grave de pérdida de control.
El miedo de Zuckerberg: quién decide quién utiliza la IA
Para Zuckerberg, la pregunta fundamental ya no es si aparecerán sistemas con capacidades superiores a las humanas, sino quién tendrá acceso a ellos.
“Si solo un puñado de instituciones poseen superinteligencia”, advierte, estas terminarán ejerciendo una enorme influencia sobre la economía, la ciencia y la política. Según el empresario, “esa concentración limitaría la capacidad de las personas para elegir su propio futuro”.
Frente a ese modelo, defiende que ciudadanos, desarrolladores y pequeñas empresas puedan acceder a asistentes muy avanzados para crear proyectos, aprender o trabajar. Es decir, que la superinteligencia no sea únicamente una herramienta reservada a los gobiernos, los grandes laboratorios tecnológicos o las compañías con más recursos.
Zuckerberg reconoce que los modelos más potentes pueden plantear nuevos riesgos y necesitar medidas de seguridad. No obstante, rechaza la idea de que la única forma de proteger a la sociedad sea concentrar su control en las instituciones. El mensaje coincide con otras intervenciones recientes del directivo, en las que ha pedido a Estados Unidos acelerar el desarrollo de la IA y evitar restricciones generales sobre los modelos abiertos, incluidos los procedentes de China.
Una defensa de la libertad que también beneficia a Meta
El discurso tiene una lectura política, pero también empresarial. Meta está invirtiendo enormes cantidades de dinero en centros de datos, modelos propios y asistentes que pretende integrar en WhatsApp, Instagram, Facebook y sus gafas inteligentes. Su previsión de inversión en infraestructuras y equipos durante 2026 se sitúa ya entre 130.000 y 145.000 millones de dólares.
Un sistema en el que el Gobierno revise previamente los modelos, decida quién puede acceder a ellos o pueda retrasar su publicación afectaría directamente a la capacidad de Meta para competir con OpenAI, Anthropic y Google.
Además, la idea de descentralización que defiende Zuckerberg presenta una contradicción evidente. Que millones de personas dispongan de una inteligencia artificial a través de los productos de Meta no significa necesariamente que controlen esa tecnología. Los modelos, los servidores, las aplicaciones y buena parte de los datos continuarían dependiendo de una de las mayores empresas tecnológicas del mundo.
La disputa no consiste únicamente en elegir entre una IA libre o una IA segura. Lo que se está decidiendo es quién tendrá el poder de desarrollarla, distribuirla y detenerla. Zuckerberg rechaza que ese poder quede centralizado en Washington, aunque su alternativa podría trasladar una parte importante de ese control a las Big Tech.
