Publicado: octubre 20, 2026, 4:23 pm
Europa está que arde. El encarecimiento de la vida, las dificultades para acceder a una vivienda y el deterioro de los servicios públicos han llevado a miles de personas a manifestarse en Francia, Italia, Portugal y Albania. Aunque las reivindicaciones cambian de un país a otro, el descontento con sus respectivos gobiernos es el denominador común de unas protestas que, en algunos lugares, han terminado por prender la mecha de la violencia, con enfrentamientos entre manifestantes y policías, saqueos y numerosas detenciones.
Francia concentra los episodios más graves de esta ola de protestas, con cerca de 2.400 arrestos y varias ciudades bajo toque de queda desde el lunes después de un fin de semana marcado por saqueos, incendios y enfrentamientos que han desbordado a las fuerzas de seguridad. Al otro lado de los Alpes, Italia también ha vivido jornadas convulsas, y el Gobierno de Giorgia Meloni ha anunciado el despliegue de 500 militares adicionales en Milán tras los disturbios registrados en varias ciudades del norte del país. En Portugal, el pulso por la vivienda ha llegado hasta las plazas de Lisboa y Oporto. La Policía ha desalojado este martes las acampadas de manifestantes en ambas ciudades, en una operación que se ha saldado con 55 detenidos. Y en Albania, donde las movilizaciones contra el Gobierno llevan una semana sacudiendo las calles, la violencia ha dejado ya más de 300 heridos.
Las causas son distintas, pero el trasfondo es similar: una creciente frustración ante unas condiciones de vida que muchos ciudadanos consideran cada vez más difíciles de sostener. Jóvenes, trabajadores y sindicatos han encontrado en las calles una forma de hacerse escuchar, mientras los episodios violentos ponen en jaque a varios gobiernos europeos, desbordados por la magnitud de unas movilizaciones que no dan señales de remitir.
Francia anuncia un dispositivo «masivo» para el sábado
Francia afronta su tercera semana de protestas con las calles algo más tranquilas tras los graves disturbios del fin de semana. Sin embargo, la tensión sigue lejos de desaparecer y el Gobierno de Emmanuel Macron mantiene este martes los toques de queda selectivos en varias ciudades. El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha advertido este martes de que las restricciones podrán repetirse durante la próxima noche «allí donde la situación lo requiera».
Las medidas ya están en vigor en Lille, Lyon y Niza, además de determinadas zonas de París. Marsella también impondrá desde las 22.00 horas de este martes un toque de queda para menores en algunos barrios, especialmente en el centro, que se mantendrá al menos hasta el viernes. Por el momento, Macron ha descartado declarar el estado de emergencia, aunque ha reclamado reforzar la seguridad y prohibir determinadas manifestaciones.
Además, Lecornu reconoció este martes errores de seguridad en el control de los disturbios que asolaron el país el pasado fin de semana y anunció un dispositivo policial «masivo» para el próximo sábado, cuando están convocadas nuevas manifestaciones de los ‘chalecos amarillos’ y de los estudiantes. «Hemos aprendido la lección», dijo Lecornu ante la Asamblea Nacional, donde reconoció que el dispositivo policial del pasado fin de semana fue «demasiado estático» y que no movilizaron suficientes agentes.
El jefe del Ejecutivo aseguró que la prioridad es «recuperar el orden de forma inmediata» y aseguró que los toques de queda parciales impuestos desde el lunes por la noche en algunas grandes ciudades «han permitido devolver la calma».
La escalada de tensión alcanzó su punto álgido el pasado sábado, cuando 550.000 personas, según el Ministro del Interior, y hasta 800.000, según los organizadores, salieron a las calles para protestar contra la gestión del Gobierno. Las movilizaciones desembocaron en saqueos, incendios y enfrentamientos con la Policía, con un balance de cerca de 2.400 arrestos, más de 500 agentes heridos y 123 personas que ya han ingresado en prisión. Uno de los episodios más graves se produjo en Limoges, donde el Ayuntamiento quedó gravemente dañado por un incendio. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha reconocido este martes que «efectivamente, el Estado ha fallado«, mientras la Asamblea Nacional ha acordado impulsar una comisión de investigación sobre los disturbios y la actuación policial.
Los saqueos también han dejado unos 3.000 comercios afectados por robos o destrozos, lo que ha llevado al Ejecutivo a reunirse con empresarios, comerciantes y aseguradoras para abordar las consecuencias económicas. Además, el Gobierno ha alcanzado un acuerdo con plataformas como Vinted, Amazon, eBay, Leboncoin, Meta y TikTok para impedir que los productos robados durante los disturbios terminen vendiéndose por internet.
Sin embargo, el origen de las protestas va mucho más allá de los episodios violentos. Las movilizaciones comenzaron a finales de septiembre con estudiantes que denunciaban la falta de profesores, el deterioro de los centros educativos y los recortes presupuestarios. Con el paso de las semanas, el movimiento ha ido incorporando a sindicatos, trabajadores públicos, agricultores y transportistas, que reclaman mejores salarios, servicios públicos de calidad y medidas frente al encarecimiento de la vida. Entre estas demandas destaca la de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), que este martes ha pedido una subida salarial generalizada de 100 euros mensuales para hacer frente a la pérdida de poder adquisitivo.
Italia despliega 500 militares adicionales en Milán
La chispa revolucionaria también ha prendido en el norte de Italia, donde las protestas contra la carestía de la vida acabaron el domingo en enfrentamientos con la Policía, barricadas y destrozos en Milán, Turín y Bolonia. Los incidentes más graves se registraron en Milán, donde más de 5.000 personas se manifestaron contra la inflación, los bajos salarios y el deterioro de los servicios públicos. La marcha, que comenzó en la plaza del Duomo, terminó con grupos de encapuchados lanzando piedras, petardos y botellas contra los agentes. Unas 160 personas fueron detenidas o identificadas, muchas de ellas menores de edad.
La respuesta del Gobierno de Meloni llegó este lunes, cuando el vicepresidente y ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, anunció el despliegue de 500 militares adicionales en Milán para reforzar la seguridad. El Ejecutivo estudia, además, endurecer las medidas de orden público, incluida la posibilidad de ampliar las retenciones preventivas antes de las manifestaciones. «Manifestarse es un derecho, pero poner a hierro y fuego nuestras ciudades no lo es», advirtió Meloni.
En el sur, una huelga de transportistas contra el elevado precio de los combustibles, iniciada el pasado viernes, ha provocado cortes de carreteras y bloqueos en puntos estratégicos, como la refinería de Eni en Taranto, dificultando el suministro de mercancías. La oposición, por su parte, ha criticado que el Gobierno apueste por reforzar la presencia policial sin abordar las causas económicas que alimentan las protestas.
Portugal desaloja las acampadas: 55 detenidos y una huelga ibérica
La crisis de la vivienda ha sacado a los portugueses a la calle y ha convertido las plazas de Lisboa y Oporto en improvisados campamentos de protesta. Sin embargo, este martes de madrugada, la Policía ha puesto fin a las acampadas con un operativo que se ha saldado con 55 detenidos y al menos dos heridos leves en la capital. Los desalojos, llevados a cabo en la plaza del Rossio de Lisboa y en la de Dom João I de Oporto, han supuesto la retirada de 228 estructuras, mientras algunos manifestantes trataban de impedir que los agentes desmontaran sus tiendas.
La intervención ha provocado un cruce de acusaciones. Los manifestantes denuncian golpes, empujones y la retirada de tiendas con personas todavía dentro, mientras la Policía asegura que intentó negociar una salida voluntaria y que solo recurrió a la fuerza ante la resistencia de algunos acampados. El Gobierno portugués ha respaldado la actuación policial, pero el desalojo no ha frenado las movilizaciones: los participantes han anunciado que regresarán este mismo martes a las plazas para decidir sus próximos pasos.
Lejos de dar por terminada la protesta, los acampados quieren llevarla más allá de las fronteras portuguesas. Su objetivo es impulsar una huelga general ibérica por la vivienda el próximo 11 de noviembre, para la que ya han iniciado contactos entre Lisboa, Oporto y Madrid y buscan el apoyo de la central sindical CGTP. «Vamos a seguir acampando, vamos a seguir resistiendo», ha advertido a EFE Ana Luiza, una de las participantes en la movilización de Lisboa.
El precio de la vivienda ayuda a explicar la magnitud del descontento. En Portugal, los inmuebles se encarecieron un 16,5% interanual en el segundo trimestre de 2026, frente al 4,7% de media en la Unión Europea, según Eurostat. Ante esta situación, los manifestantes exigen limitar los alquileres, ampliar el parque público de viviendas y retirar la reforma de los arrendamientos del Gobierno de Luís Montenegro. A la crisis habitacional se suma el malestar por los salarios, que también ha llevado a los sindicatos a movilizarse contra la pérdida de poder adquisitivo.
Más de 300 heridos en Albania y recompensas para los policías
Albania lleva una semana con las calles encendidas. Lo que comenzó el pasado 13 de octubre como una movilización estudiantil contra el Gobierno de Edi Rama ha terminado extendiéndose a reivindicaciones por el coste de la vida, la corrupción y la falta de oportunidades. En Tirana, las manifestaciones han desembocado en graves enfrentamientos con la Policía, con lanzamientos de piedras y cócteles molotov, incendios y ataques a edificios públicos. La violencia ha dejado ya 303 heridos, entre ellos 190 policías, 87 manifestantes y 26 transeúntes.
En plena escalada de tensión, el Ejecutivo albanés ha aprobado 7,5 millones de euros para recompensar a 2.750 policías, que recibirán unos 2.500 euros por agente por su actuación durante las protestas. Mientras tanto, Rama se ha mostrado dispuesto a dialogar con los manifestantes, aunque ha excluido a quienes participen en actos violentos. Desde Bruselas, la Comisión Europea ha condenado los ataques contra edificios públicos y ha reclamado que la respuesta policial sea proporcionada.
Europa sigue así con varios frentes abiertos y unas calles que, lejos de recuperar la calma, reflejan un descontento cada vez más extendido. Los gobiernos buscan contener la tensión, pero las reivindicaciones que llevaron a miles de ciudadanos a manifestarse siguen, por ahora, sin respuesta.
