Publicado: enero 9, 2026, 5:28 am
Tras pasar tres años entrenando y empapándose de la cultura de bienestar durante su estancia en Dubái, la influencer de fitness Megan Smith, de 24 años de edad, quiso trasladar sus conocimientos a su regreso a Reino Unido. Sin embargo, lo que no imaginaba es que su decisión de montar un centro de pilates en la casa de sus abuelos para emprender su propio negocio desencadenaría en una disputa mediática con sus vecinos.
Según informó Daily Mail, Smith llegó a un acuerdo con sus abuelos, Bernie y Georgina, de 71 y 69 años respectivamente, para llevar a cabo un plan de renovación en la propiedad en la que ahora reside, situada en la zona residencial de King’s Lynn, en Norfolk, y valorada en 825.000 libras —unos 949.000 euros—, de tal modo que ambas partes se dividirían el coste total que suponía la instalación del centro en el jardín.
Finalmente, después de casi un año de reforma valorada en 30.000 libras —más de 34.000 euros—, este estudio de pilates, bautizado como Luco Wellness en honor a Lulu y Coco, los perritos que trajo consigo desde Dubái, fue inaugurado de forma oficial el pasado día 3 de noviembre, recibiendo a cerca de 50 clientes en el vecindario durante su primera semana.
A pesar de la buena acogida de este negocio, en el que se compaginan las clases de pilates con un excelente servicio de cafetería, Luco Nourish, donde se sirven bebidas de matcha y bowls de açaí «que apoyan tanto el cuerpo como la mente», la influencer tampoco pudo cantar victoria, ya que los residentes del barrio no tardaron en expresar su desconecto por los niveles de ruido, el aumento del tráfico en la zona y, en general, por el impacto negativo en su salud mental.
Además, entre las decenas de quejas públicas, uno de los aspectos señalaba que la joven de 24 años aún no había obtenido el permiso de planificación para el centro, que regenta actualmente con su abuelo como directores. En realidad, fue el pasado mes de septiembre cuando Smith envió una solicitud de cambio de uso para la vivienda al Ayuntamiento de West Norfolk, entidad que aprobará o declinará la propuesta el próximo 12 de enero.
Consciente de los plazos, la influencer tomó la determinación de seguir adelante con la instalación de su negocio sin los permisos pertinentes porque «no podía esperar más para empezar a ganar dinero». Y más, teniendo en cuenta que habría vendido sus pertenencias, incluido su coche, para financiar el proyecto. Por ello, no tendría intención de renunciar a su «guarida zen», incluso aunque un grupo de «personas de mente estrecha» intente impedírselo.
Por su parte, algunos vecinos se mostraron consternados, ya que, más allá de su preocupación por la posible congestión del tráfico y la seguridad peatonal, constataron que en la página web del negocio se anunciaban otras actividades multitudinarias, como despedidas de soltera, que pondrían en entredicho la escala real que alcanzaba el proyecto y que, a todas luces, sería «incompatible con una zona residencial» e «inapropiado para el entorno».
A este respecto, Megan Smith, quien cuenta más de 20.000 seguidores en su perfil personal de Instagram, aludió a la «falta de alfabetización» en redes de las generaciones anteriores para comprender su estrategia digital para atraer clientes y aseguró que atiende a un máximo de cinco personas en cada sesión de pilates que imparte.
«He organizado despedidas de soltera y días de empresa para empresas, pero no sé qué idea tienen [los vecinos]. No son fiestas. Es yoga y pilates. Es solo una clase privada», expresó Smith en exclusiva a Daily Mail, destacando que no son fiestas en un sentido tradicional, sino que «solo toman un café o un matcha al final».
Frente a quienes sostienen que un centro de pilates puede aportar algo positivo a la zona e, incluso, fomentar la movilidad entre las personas mayores, la creadora de contenido alzó la voz contra aquel sector de sus detractores que se habría dedicado a indagar en sus redes sociales. «Es extraño. Estas personas están creando cuentas para acosarme», sentenció.
En medio de esta polémica que ha sacudido Norfolk, los abuelos de Megan no dudaron en defender públicamente la idoneidad del negocio de su nieta y desmentir que se superen los niveles de ruido apropiado. De hecho, de acuerdo al testimonio Bernie, previamente invirtieron más de 1.000 euros en llevar a cabo una exhaustiva prueba acústica para determinar que el centro es silencioso.
