Publicado: abril 30, 2026, 8:23 pm
La sal suele aparecer en las conversaciones sobre salud como algo que conviene limitar. Sin embargo, el neurocientífico Andrew Huberman recuerda que el sodio cumple funciones esenciales para el organismo y, en especial, para el cerebro. En un episodio de Huberman Lab, el profesor de Stanford explica que este mineral participa en el equilibrio de líquidos, en la sensación de sed y en el funcionamiento básico de las neuronas. Por eso, ni el exceso ni el déficit resultan recomendables.
Según detalla, el cerebro cuenta con sistemas específicos para vigilar cuánta sal circula en la sangre. «Las neuronas de esa región son capaces de prestar atención a lo que pasa por el torrente sanguíneo y pueden detectar, por ejemplo, si los niveles de sodio en la sangre son demasiado bajos«, señala. Esas neuronas se encuentran en una zona llamada OVLT, una estructura capaz de detectar cambios internos y activar respuestas para mantener la estabilidad del cuerpo.
Así influye la sal en el cerebro
Huberman recordó en su episodio que el sodio resulta imprescindible para el funcionamiento del sistema nervioso. Las neuronas necesitan este mineral para generar impulsos eléctricos y comunicarse entre sí. «El sodio es uno de los elementos clave que permite que las neuronas funcionen correctamente», afirmó.
Esto significa que tanto un exceso como una carencia de sodio pueden alterar funciones básicas. Cuando los niveles se desequilibran, también pueden hacerlo la concentración, el rendimiento mental o la sensación general de energía. El cerebro, de hecho, activa señales automáticas para corregir esas variaciones antes de que el problema vaya a más.
Equilibrio de líquidos
En ese episodio, el experto añadió un dato que la mayoría no sabe: muchas veces la sed aparece precisamente por ese motivo. «¿Alguna vez te has preguntado por qué tienes sed? Bueno, es porque las neuronas de tu OVLT detectan cambios en tu sangre«, resumió. La sal también desempeña un papel decisivo en la hidratación. El sodio ayuda a regular cómo se distribuye el agua dentro y fuera de las células, así como el volumen de líquido circulante en la sangre. Cuando se consume mucha sal, el cuerpo tiende a pedir más agua para compensar esa concentración elevada.
En ese momento entra en juego una hormona llamada vasopresina, que ayuda a conservar líquidos y reducir la pérdida de agua por la orina. «La vasopresina también se conoce como hormona antidiurética», explicó Huberman. Por el contrario, cuando hay un exceso de agua y una baja concentración de sodio, el organismo favorece la eliminación de líquidos para recuperar el equilibrio. Riñones, cerebro y sistema hormonal trabajan de forma coordinada para mantener ese ajuste constante.
Cantidad de sal recomendada
Ante la pregunta de cuánta sal hay que consumir, Huberman insistió en que no existe una cifra idéntica para todo el mundo. Las necesidades cambian según la presión arterial, el ejercicio físico, el clima, la sudoración o determinadas condiciones médicas. “You need to know your blood pressure. Everyone should know their blood pressure”, señaló.
También advirtió de que niveles demasiado bajos pueden generar problemas. «Si los niveles de sal son demasiado bajos dentro de las células de cualquier tejido del cuerpo, incluido el cerebro, entonces las células del cuerpo y del cerebro pueden encogerse», explicó durante el episodio. Por eso, el mensaje principal no pasa solo por reducir la sal sin matices, sino por adaptar el consumo al contexto personal y priorizar una dieta basada en alimentos poco procesados, donde resulta más fácil controlar la cantidad real de sodio ingerida.
Lejos de los mensajes simplistas, Huberman defendió una visión individualizada. «Mi esperanza para ti al escuchar este episodio es que consideres una pregunta, y esa pregunta es cuál es la ingesta de sal más adecuada para ti«, concluyó.
