Publicado: octubre 15, 2026, 4:23 pm
Un medicamento que se utiliza para detener la producción de leche después del parto podría esconder una utilidad completamente diferente. Una investigación internacional ha encontrado que una dosis de cabergolina administrada al terminar la lactancia redujo aproximadamente a la mitad la proporción de ratones genéticamente predispuestos que desarrollaron cáncer de mama. El hallazgo se ve reforzado por datos retrospectivos de mujeres que apuntan en la misma dirección, aunque todavía será necesario demostrar el posible efecto preventivo mediante ensayos clínicos.
El estudio, publicado en la revista científica Cancer Discovery, de la American Association for Cancer Research, cuenta con participación española del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca, centro mixto de la Universidad de Salamanca y el CSIC. Entre los investigadores que firman el trabajo se encuentran Natalia García-Sancha, Roberto Corchado-Cobos, Christopher A. Maxwell y Jesús Pérez-Losada, además de científicos de instituciones de diferentes países. Maxwell es profesor de la Facultad de Medicina de la University of British Columbia (Canadá) e investigador del BC Children’s Hospital Research Institute.
La cabergolina es un agonista de la dopamina que disminuye la secreción de prolactina y puede utilizarse para inhibir o suprimir la producción de leche cuando está médicamente indicado. La investigación se fijó en un momento muy concreto de la vida de la mama: el periodo posterior al destete. Una vez terminada la lactancia, buena parte de las estructuras que se habían desarrollado para producir leche dejan de ser necesarias y la glándula mamaria inicia un proceso de remodelación conocido como involución.
Christopher Maxwell utiliza una comparación muy gráfica para explicar el fenómeno: «Es como un árbol frutal». Durante el embarazo y la lactancia, explica el investigador, la mama desarrolla las estructuras necesarias para producir leche, mientras que durante la involución se produce una especie de «invierno» en el que esas estructuras se reinician. Este proceso fisiológico de eliminación y remodelación del tejido es precisamente el que los investigadores creen que podría tener importancia para comprender el riesgo de cáncer posparto.
El equipo trabajó con ratones que presentaban alteraciones en Brca1 y Trp53, dos genes esenciales para controlar daños celulares y cuya alteración está relacionada con el desarrollo de tumores. Los científicos observaron que, en estos animales predispuestos, el proceso de involución de la glándula mamaria podía quedar incompleto. Al administrar una única dosis de cabergolina después de finalizar la lactancia, el medicamento potenció esa involución y retrasó la aparición de los tumores, además de reducir su incidencia.
Disminuyen las células precursoras de tumores
El análisis de las mamas de los animales ofrece pistas sobre lo que podría estar sucediendo. La cabergolina redujo el área ductal mamaria y la proliferación de las células epiteliales, además de disminuir la presencia de determinadas células precursoras de los tumores. Los investigadores observaron también modificaciones de la respuesta inmunitaria, incluida una reversión del agotamiento de células T. En conjunto, los cambios apuntan a una remodelación más completa de la glándula después de la lactancia.
La gran pregunta era si podía encontrarse alguna señal semejante en seres humanos. Para investigarlo, el equipo recurrió a datos médicos de mujeres de España y Noruega y analizó cohortes que, en conjunto, incluían más de 150.000 mujeres con información sobre la utilización de cabergolina. Algunas habían recibido el medicamento por indicación médica para suprimir la lactancia después del parto, tras una pérdida gestacional o ante situaciones en las que no podían amamantar.
Al combinar los resultados, los investigadores encontraron que las mujeres menores de 50 años que habían recibido cabergolina presentaban aproximadamente un 69% menos de riesgo de desarrollar cáncer de mama posparto que las que no habían tomado el medicamento. Se trata, sin embargo, de una asociación observada retrospectivamente: estos datos no permiten demostrar que la cabergolina sea la responsable directa de esa reducción ni justifican utilizar el medicamento por cuenta propia para prevenir un tumor.
Ese será precisamente el interrogante que deberá resolver ahora la investigación clínica. La cabergolina no está aprobada como medicamento para prevenir el cáncer de mama y los científicos preparan estudios prospectivos para comprobar si administrar el fármaco al finalizar la lactancia puede reducir realmente el riesgo. Si esa hipótesis se confirma, actuar durante la involución de la mama podría abrir una nueva estrategia de prevención, especialmente interesante para mujeres jóvenes con mayor riesgo. Hasta entonces, los resultados deben considerarse una prometedora línea de investigación y no una nueva indicación preventiva del medicamento.
