Publicado: abril 23, 2026, 6:23 pm
Aunque el síndrome de Down es un viejo conocido de la investigación médica —no en vano, el primer informe data del siglo XIX— y, a día de hoy, creemos saberlo casi todo sobre qué sucede en el organismo de una persona afectada por esa copia extra del cromosoma 21 a partir de su nacimiento, lo que ocurre en el útero materno desde el mismo momento de la gestación sigue siendo una «caja negra», a menudo llena de contradicciones. Esta semana, una investigación liderada por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y publicada en la revista ‘ Science ‘ ha logrado trazar el primer mapa molecular de alta resolución, que detalla cómo la presencia de esa trisomía redibuja el cerebro humano desde los primeros momentos de vida. El estudio, liderado por el investigador puertorriqueño Luis de la Torre Ubieta, analiza más de 100.000 núcleos de muestras de neocórtex prenatal entre las semanas 13 y 23 de gestación. Este intervalo es crítico: es la única ventana temporal en la que se generan todas las neuronas corticales que una persona tendrá durante el resto de su vida. Los hallazgos sugieren que el síndrome de Down no solo altera el crecimiento, sino que «acelera» erróneamente los tiempos biológicos, provocando un agotamiento temprano de la reserva celular del cerebro. El desarrollo del neocórtex se despliega como una coreografía, con precisión milimétrica. Primero, las células progenitoras (las células madre del cerebro) deben dividirse repetidamente para crear una despensa suficiente. Solo entonces comienzan a transformarse en neuronas siguiendo un orden estricto. Sin embargo, en el cerebro con síndrome de Down, esta secuencia se rompe. De la Torre Ubieta, profesor de Psiquiatría en UCLA, destaca que este trabajo permite entender de forma sistemática qué ocurre en el cerebro en formación : «Hay un nivel de detalle que nunca antes había existido. Por primera vez, podemos intentar comprender sistemáticamente qué ocurre en el cerebro en desarrollo de las personas con síndrome de Down». Para el investigador, el uso de tejido humano es la clave, ya que «los modelos de ratón y los modelos in vitro no dan realmente el estándar de oro de lo que ocurre en el cerebro humano; de hecho, han dado resultados diferentes y cierta confusión en el campo». De la Torre Ubieta explica que las células progenitoras tienen una «prisa» patológica por convertirse en neuronas y agotan su propio inventario antes de tiempo. Esto ofrece una nueva respuesta a por qué el cerebro suele presentar un volumen menor: no es que las neuronas mueran masivamente, es que la fábrica se queda sin materia prima demasiado pronto. «Estamos encontrando dianas que podrían ser accionables en el futuro si se generan fármacos para vías específicas», apunta el autor, sugiriendo incluso que «se podría concebir una terapia génica basada en ello para suprimir la expresión de impulsores particulares y restaurar el desarrollo más cerca de su curso normal». La relevancia del hallazgo ha despertado el interés de la comunidad neurocientífica española. Francisco Tejedor, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante, comenta en declaraciones al Science Media Center (SMC) España que el trabajo concluye claramente que el síndrome de Down «afecta extensamente a la secuencia temporal de generación de poblaciones celulares en el neocórtex, produciendo una disminución en la población inicial de células progenitoras neurales y una neurogénesis prematura que podría explicar el conocido déficit neuronal del Síndrome de Down». Por su parte, Mara Dierssen, neurobióloga del Centro de Regulación Genómica, explica también al SMC que esta alteración de los tiempos impacta directamente en la arquitectura de los circuitos: «Hay menos neuronas implicadas en regular la entrada de información y más neuronas que podrían favorecer un mayor trasiego de información dentro de la corteza, lo que podría dar lugar a redes menos eficientes y más ‘ruidosas’ ». Para Dierssen, este hallazgo es especialmente relevante porque ofrece una posible explicación al menor tamaño cerebral y encaja con estudios previos realizados en modelos animales. Uno de los puntos más reveladores es que la trisomía 21 no solo afecta a los genes del cromosoma extra . Marta Nieto, líder de investigación en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), señala al SMC que esa tercera copia «desencadena una alteración masiva y compleja de la actividad de miles de genes en todo el genoma». Nieto destaca que estudiar la expresión génica durante la gestación permite identificar qué decisiones celulares se toman demasiado pronto, lo que abre la puerta a «modular los procesos del desarrollo mientras aún son reversibles». Pero como señalan los autores, pese al potencial de futuras terapias, a día de hoy conviene ser cautos. José Ramón Alonso, catedrático de la Universidad de Salamanca, advierte, también a través del SMC que, aunque el trabajo es una «auténtica hoja de ruta» para entender procesos como la memoria o la predisposición al alzhéimer, «no sabemos corregir la mayoría de los procesos alterados y nuestro arsenal metodológico es limitado». Alonso insiste en la necesidad de « combinar esperanza y prudencia : avanzamos y sabemos más, pero la aplicación clínica no está en el horizonte próximo».
