Publicado: enero 7, 2026, 3:00 am
Estados Unidos ha dado un golpe sobre el tablero geopolítico con su operación militar en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro y su esposa que tendrá impacto directo sobre su gran rival en lo económico y lo tecnológico, China. Este movimiento -intereses políticos y petrolíferos al margen- permite a la primera economía del mundo contrarrestar la influencia creciente de Pekín en América Latina, donde el gigante asiático tiene presencia destacada en sectores como la minería (obtiene algunos de los recursos clave que necesita en la carrera tecnológica), la inversión en infraestructuras o la energía.
En un contexto de proteccionismo férreo y de guerra arancelaria impulsados por Estados Unidos, China ha estrechado lazos con los países latinoamericanos, que le han permitido diversificar sus cadenas de suministro, de modo que la región se ha convertido en el segundo destino de sus inversiones en el extranjero, según Bloomberg. Actualmente, es el primer socio comercial de Brasil y desde el pasado mes de septiembre superó a Estados Unidos para convertirse en el principal origen de las importaciones de Colombia, fundamentalmente de tecnología, maquinaria y textiles.
En el caso de Venezuela, China estaba siendo el destino del 85% de las exportaciones petroleras del país y, si bien el impacto de la intervención estadounidense sobre los costes de las materias primas que adquiere será limitado, el Gobierno de Xi Jinping «tiene fuertes intereses en la energía, las infraestructuras y los minerales críticos de Sudamérica, que ahora podrían verse amenazados», explican Christian Schulz, economista jefe de Allianz Global Investors, y Alexander Robey, gestor de carteras de la firma. Ambos inciden en que Washington ya ha emitido advertencias a otros gobiernos latinoamericanos «no alineados», como Cuba, Nicaragua y Colombia. «Brasil e incluso México también podrían estar en riesgo», añaden.
Los expertos sostienen que en un escenario positivo, una transición exitosa y una recuperación económica en Venezuela podrían estabilizar la región a medio plazo, permitir el regreso de muchos de los siete millones de refugiados venezolanos y fortalecer de forma sostenible a las fuerzas políticas proestadounidenses. Sin embargo, advierten de que las intervenciones pasadas de EEUU en la región rara vez han traído estabilidad duradera. Por otra parte, la Casa Blanca podría tener dificultades para controlar Venezuela si el gobierno resiste la presión y recibe el apoyo de países aliados. «Alternativamente, el malestar civil podría generar nuevos flujos de refugiados, desestabilizando la región y más allá», apostillan.
El grifo del petróleo y la conexión con Cuba
El 80% del petróleo venezolano va a parar a China, porque en un contexto te sanciones, Venezuela ha aplicado, como Rusia, grandes descuentos con respecto al barril de Brent, el crudo de referencia en Europa. «China ha aprovechado la coyuntura de mercado para adquirir crudo de ambos países y direccionarlo a sus reservas, dado que ahora mismo, no lo necesita», explica a este diario Antonio Aceituno, experto en energía y CEO de la consultora Tempos. La Agencia Internacional de la Energía constató recientemente que el mercado está en una situación de sobreabundancia, por lo que «el conflicto en Venezuela no le afecta», añade.
«El petróleo venezolano es irrelevante en en las cifras globales, en el cómputo global del crudo (…) El mundo consume 100 millones de barriles diarios, Venezuela está produciendo 0,9 porque su industria está anquilosada», apostilla Aceituno. De esa cantidad, unos 0,7 millones irían parar a China, una cifra que no es relevante como para poner en solfa a la segunda mayor economía del planeta. Desde su punto de vista, la invasión de Venezuela iría más bien destinada a cortarle el grifo del suministro a Cuba, dado que es otro de los grandes demandantes de crudo barato del país sudamericano.
La falta de claridad sobre los posibles impactos económicos y geopolíticos y el hecho de que la producción reciente de crudo de Venezuela venía siendo relativamente modesta (menos de un millón de barriles diarios) «sugieren que los impactos sobre el precio del petróleo y el de otros activos serán por el momento muy limitados», coinciden desde la consultora de análisis de mercados MacroYield.
