Publicado: julio 27, 2026, 1:24 pm
La industria tecnológica lleva años buscando el próximo gran dispositivo. El Santo Grial del que todos hablan. Primero iban a ser los relojes inteligentes. Después llegaron los anillos, las gafas, los dispositivos sin pantalla y, más recientemente, una nueva generación de productos diseñados específicamente para la inteligencia artificial. Todos aspiraban, de una forma u otra, a convertirse en ‘el próximo iPhone’. TM Roh no cree que vaya a ocurrir.
El presidente y co-CEO de Samsung Electronics, además de máximo responsable de las divisiones Device eXperience y Mobile eXperience, contempla un futuro en el que utilizaremos todos esos wearables, así como electrodomésticos y otros productos de hogar conectado capaces de entender lo que sucede a nuestro alrededor. Pero, en el centro de todos ellos, seguirá estando el teléfono. “El dispositivo móvil seguirá siendo el producto central en la era de la inteligencia artificial”, aseguró Roh durante un encuentro reducido con periodistas al que asistió 20bits tras el último Galaxy Unpacked, celebrado en Londres.
Eso no significa necesariamente que dentro de diez años sigamos utilizando un rectángulo de cristal idéntico al actual. El móvil puede hacerse más fino, plegarse, cambiar de tamaño e incluso pasar buena parte del día guardado en un bolsillo. La pantalla podría perder protagonismo si comenzamos a hablar con unas gafas o a consultar información superpuesta sobre el mundo real.
Pero alguien tendrá que actuar como cerebro de todo ese ecosistema. Recopilar la información, procesarla, conectar los dispositivos y decidir qué servicio debe intervenir en cada momento. Para Roh, ese papel seguirá correspondiendo al smartphone.
El móvil que ya no necesitamos sacar del bolsillo
La razón es bastante sencilla: ningún otro dispositivo tecnológico permanece tanto tiempo junto al usuario ni concentra tanta información sobre él. “El teléfono se lleva siempre encima, permanece junto al usuario y concentra muchas horas de utilización”, explicó el máximo responsable de los dispositivos de Samsung.
Los móviles también reúnen una combinación difícil de replicar: conexión permanente, cámaras, micrófonos, sensores de movimiento, ubicación, aplicaciones y acceso a buena parte de nuestra actividad digital. No solo saben dónde estamos o qué estamos viendo, sino que pueden relacionar esa información con el calendario, los mensajes, las fotografías, los hábitos de uso o los dispositivos conectados del hogar.
En la visión de Samsung, la IA aprovechará todo ese contexto para dejar de limitarse a responder preguntas y empezar a completar tareas en nombre del usuario. “La inteligencia artificial dejará de ser simplemente una tecnología o una función. Se convertirá en una infraestructura básica situada en el centro de todas nuestras experiencias y de nuestra vida cotidiana”, afirmó Roh.
El teléfono continuaría siendo la pieza que coordina esa infraestructura, aunque la interacción se reparta entre otros dispositivos. En lugar de mirar constantemente una pantalla, podríamos pedir información mediante la voz, escuchar la respuesta en unos auriculares o verla directamente sobre unas gafas como las que la propia Samsung ha presentado este Unpacked.
Pero esa idea solo funciona si la inteligencia artificial consigue algo que, por ahora, todavía está lejos de hacer de forma perfecta: comprender al usuario, recordar el contexto y coordinar diferentes servicios sin obligarle a pensar qué modelo, aplicación o dispositivo debe utilizar en cada momento.
Una IA que conozca al usuario
Samsung estrenó Galaxy AI en 2024 y, desde entonces, ha convertido la inteligencia artificial en el hilo conductor de sus lanzamientos. La compañía ya no la plantea como un conjunto de herramientas para traducir, resumir textos o editar fotografías, sino como una capa presente en todos sus productos.
“En el futuro, la ventaja competitiva no dependerá tanto de lo inteligente que sea una IA, sino de lo bien que sea capaz de comprender a cada usuario”, defendió Roh.
Ahí es donde Samsung cree que puede diferenciarse. No necesariamente por desarrollar el modelo más potente, sino por disponer de una enorme cantidad de dispositivos capaces de aportar contexto: el móvil, el reloj, el televisor o los electrodomésticos. El ecosistema siempre es la clave.
Según explicó el directivo, las funciones y servicios que utiliza una persona en sus dispositivos Galaxy pueden ser recordados y analizados mediante un motor de datos personales y un grafo de conocimiento. El objetivo es ofrecer una inteligencia artificial cada vez más personalizada.
Y por eso la idea central que quiso transmitir Roh en todo el encuentro fue que el ecosistema de Samsugn iba a dibujar el cuerpo completo: el móvil sería el cerebro, la pieza que reúne toda la información: las gafas podrían actuar como ojos; el reloj y el anillo medirían el cuerpo; y los auriculares funcionarían como oídos.
¿Dónde termina Samsung y empieza Google?
Muchas de las funciones que encontramos en los móviles Galaxy dependen de Gemini y de otros servicios de Google. Además, a medida que estas herramientas se extienden por Android, cada vez resulta más difícil utilizar la mera presencia de inteligencia artificial como elemento de diferenciación entre fabricantes.
Roh respondió que Galaxy AI sigue una arquitectura híbrida en dos sentidos. Por un lado, combina la IA que se ejecuta directamente en el dispositivo con aquella que necesita conectarse a la nube. Por otro, mezcla tecnología desarrollada por la propia Samsung con modelos y soluciones procedentes de compañías externas.
Google es su principal socio estratégico. Ambas empresas colaboran desde que Samsung comenzó a adoptar Android, alrededor de 2008, y sus equipos trabajan conjuntamente tanto en Mountain View como en Suwon, la ciudad surcoreana en la que se encuentra la sede de Samsung Electronics, además de en otras regiones. Pero Roh insisitió en que la estrategia de Samsung no se limita a una única empresa: la compañía también trabaja con Perplexity y mantiene conversaciones con otros proveedores de modelos y plataformas de IA.
La privacidad refuerza el papel del móvil
La otra gran cuestión es la privacidad. Para que una IA comprenda realmente a una persona necesita acceder a información cada vez más personal: conversaciones, fotografías, ubicación, rutinas, datos de salud o patrones de comportamiento. Samsung sostiene que los datos más sensibles deben permanecer en el propio dispositivo y que el usuario tiene que conservar la capacidad de decidir cómo se utilizan.
Roh insistió en que la inteligencia artificial no debe ser “impuesta unilateralmente por el fabricante”. El consumidor, afirmó, tiene que poder saber qué sistema está interviniendo, elegir qué funciones quiere utilizar y desactivarlas cuando no desee hacerlo.
La compañía apuesta para ello por un modelo híbrido: algunas operaciones se procesan localmente y otras se envían a la nube, dependiendo de la complejidad de la función y de la elección del usuario.
Sin embargo, Roh no concretó qué información necesita abandonar el teléfono para utilizar las herramientas más avanzadas ni dónde se sitúa exactamente la frontera entre los datos que procesa Samsung y aquellos que reciben Google u otros socios. Sí dejó claro que el procesamiento local ganará importancia. Habrá usuarios que, por motivos de privacidad o seguridad, prefieran no enviar sus datos a servidores externos. Para ellos será necesario ejecutar modelos cada vez más complejos dentro del propio terminal. Y eso vuelve a reforzar el papel del móvil como cerebro del sistema.
La IA necesita potencia
Si el smartphone tiene que interpretar más información, ejecutar modelos y coordinar otros dispositivos, sus procesadores también deberán asumir una carga mucho mayor.
Roh explicó que la evolución de la inteligencia artificial avanza actualmente en dos direcciones. Por una parte, los modelos se hacen más grandes, capaces y sofisticados. Por otra, la industria necesita ejecutarlos de manera más eficiente y con un coste razonable.
Los chips serán fundamentales para resolver ese equilibrio. Samsung seguirá apostando por sus procesadores Exynos, pero no plantea una estrategia cerrada: también mantendrá sus colaboraciones con Qualcomm y MediaTek en dispositivos móviles y con Intel en el terreno de los ordenadores.
El objetivo es que el dispositivo pueda actuar como un verdadero equipo de computación —lo que en la industria se conoce como edge computing— y resolver localmente una parte mayor de las tareas, sin tener que enviar cada petición a la nube. Cuanto más capaz sea el móvil de procesar por sí mismo, más rápidas podrán ser las respuestas, menor será la dependencia de la conexión y más información podrá permanecer bajo el control del usuario.
Una IA omnipresente que también se pueda apagar
Durante la conversación se planteó asimismo un riesgo menos técnico, pero igual de relevante: que terminemos rodeados de voces sintéticas y sistemas que median en cada vez más aspectos de nuestra vida.
Si hablamos con las gafas, con los auriculares, con el teléfono, con el coche y con los electrodomésticos, ¿podría la IA crear una burbuja en la que interactuemos más con asistentes artificiales que con otras personas?
Roh reconoció que es una preocupación sobre la que Samsung está reflexionando, aunque su respuesta se centró principalmente en la transparencia y en la capacidad de elección del usuario. La solución de la compañía pasa por explicar cuándo está interviniendo una inteligencia artificial, permitir que sus funciones se desactiven e identificar los contenidos que hayan sido generados o modificados con estas herramientas.
Es una respuesta dirigida a la trazabilidad del contenido y al control sobre las herramientas, aunque no resuelve del todo la pregunta de fondo: qué ocurre cuando la inteligencia artificial deja de ser una función que activamos puntualmente y se convierte, como pretende Samsung, en una infraestructura presente durante todo el día.
El próximo gran producto puede que no sea un producto
La visión de Roh se aleja, en cualquier caso, de la idea de que aparecerá un único dispositivo capaz de sustituir al smartphone de la noche a la mañana. Lo que plantea Samsung es un ecosistema de productos especializados que funcionarán como extensiones de la inteligencia artificial.
Y así, tal vez, dentro de unos años consigamos dejar de sacar el móvil del bolsillo cada pocos minutos.
