Teresa Herrero, coach: "La autoexigencia y la presión social por 'estar bien' en Navidad, acaba generando culpa y desgaste emocional" - Estados Unidos (ES)
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Teresa Herrero, coach: «La autoexigencia y la presión social por 'estar bien' en Navidad, acaba generando culpa y desgaste emocional»

Publicado: diciembre 26, 2025, 11:23 am

Con la llegada de las fiestas navideñas, un gran número de ciudadanos se enfrentan a semanas emocionalmente intensas y complejas, aunque los conflictos a los que tienen que hacer frente no nazcan en Navidad, sino que se arrastran todo el año. La respuesta ‘fácil’ es asociar estas fechas con la alegría y la desconexión, pero la realidad es que disparan la culpa, la nostalgia, el estrés y el agotamiento de una manera excepcional.

La coach de desarrollo personal y gestión emocional Teresa Herrero señala que «estas fiestas pueden convertirse en un espacio de cuidado, conexión y calma si aprendemos a comunicarnos con claridad, colocar límites desde el respeto y atender nuestras necesidades emocionales sin culpa«. Según la experta entrevistada, «no se trata de evitar a la familia ni a los amigos, sino de recuperar autonomía en cómo y cuánto nos involucramos«.

Cómo gestionar el desbordamiento emocional, según la coach

En Navidad se intensifican dinámicas que ya existían durante el año: querer agradar, ceder siempre, evitar conflictos o sostener el mismo rol familiar poniendo siempre buena cara y participando del sentir colectivo de ‘buen rollo’, felicidad y entusiasmo. Con el cansancio acumulado, muchas personas llegan a estas fechas con el sistema nervioso completamente saturado.

Muchas son las circunstancias que hacen que no resulte nada extraño sentirse desbordado. «La presión social por cumplir, poner buena cara y estar disponible en tan pocos días añade aún más peso a todo el que acarreamos. Vivir estas fiestas con más calma empieza por escucharnos, validar lo que sentimos y permitirnos poner límites sanos», opina Herrero.

Y añade: «Un tip que suele funcionar y que es muy sencillo llevar a cabo para gestionar ese desbordamiento emocional consiste en hacer una pequeña pausa antes de reaccionar; un minuto para respirar o cambiar de ambiente ayuda a bajar la intensidad del momento. Es importante tener en cuenta que la pausa es el espacio donde te recuperas a ti mismo, y desde ahí eliges cómo quieres estar, en lugar de dejarte arrastrar por la emoción del momento»

«La desconexión entre lo que mostramos y lo que sentimos genera mucho desgaste»

La presión social no aparece solo en Navidad, sino que la sentimos todo el año. Con las redes sociales —donde todo parece perfecto, alegre y sin fisuras— esa exigencia se multiplica por mil. En Navidad, cuando esa presión social se concentra en apenas unos días, el impacto emocional es todavía mayor.

Intentamos estar disponibles para todos, cumplir con todos los compromisos y mantener una ‘buena cara’, aunque por dentro estemos cansados, tristes o simplemente saturados. «Esa desconexión entre lo que mostramos y lo que sentimos genera mucha culpa y desgaste. Forzar alegría o decir que sí a todo para quedar bien nos pasa factura muy rápido. Por eso es tan importante bajar esa autoexigencia, escucharnos y permitirnos ser honestos con nosotros mismos».

Herrero propone un tip que puede ser de utilidad en estos casos de agobio incontrolable: «Antes de aceptar un plan o de ponerte la ‘máscara’ de que todo va bien, hazte una pregunta sencilla: ‘¿Qué necesito yo realmente ahora mismo?’ Esa respuesta suele ser la brújula».

Claves para deshacerse de esa imagen falsa de perfección en Navidad

Para comenzar a entender qué es lo que nos sucede en esta época del año, eso que no somos capaces de gestionar y que nos supera, la experta explica que «la presión por pasar una Navidad perfecta —estar siempre de buen humor, tener disponibilidad absoluta, no generar conflicto y cumplir con todas las expectativas familiares— nos desconecta de cómo realmente estamos. Para poder librarnos de esa imagen idealizada, lo primero es recordar que la exigencia no nace de fuera: nace de lo que hemos interiorizado durante años».

El primer paso sería «permitirnos sentir sin forzar. No tenemos que estar radiantes si estamos cansados, ni hiperdisponibles si necesitamos descanso. Validar nuestras propias emociones ya es una forma de romper con esa falsa ‘perfección’ que tanto pesa. El segundo paso es rebajar el piloto automático, por ejemplo preguntándonos: ‘¿Qué necesito yo este año?’, o ‘¿Qué compromiso elijo y cuál no?'».

También es clave «comunicar límites desde la calma, algo que, cuando lo interiorizamos, lejos de alejarnos de la familia lo que consigue es ayudar a relacionarnos de manera más auténtica. Es importante entender que la Navidad no tiene por qué ser perfecta para ser bonita. Cuando bajamos la autoexigencia y dejamos de perseguir una postal navideña ideal, aparece algo mucho más real: conexión, presencia y un bienestar que no depende de cumplir expectativas ajenas, sino de respetar nuestras necesidades».

«Los límites se construyen paso a paso»

Saber poner límites es fundamental «porque es la forma más directa de proteger nuestra energía y nuestra salud emocional. Cuando no marcamos un ‘hasta aquí’, acumulamos cansancio, nos sobreexigimos y terminamos actuando desde la culpa o la saturación. Los límites no alejan a nadie: nos permiten estar en los vínculos sin perdernos en ellos».

Además, poner límites «es una habilidad que se entrena igual que cualquier otra. No se empieza por conversaciones difíciles ni decisiones radicales; se empieza por lo pequeño: decir que no a un plan que no te apetece, pedir más tiempo o reconocer que hoy no llegas. Es en esas microprácticas donde se construye la seguridad necesaria para sostener límites más grandes después».

La culpa suele aparecer al principio, y eso es normal. «No es señal de que estés haciendo algo mal, sino de que estás rompiendo un patrón aprendido. De hecho, muchos recursos prácticos insisten en este enfoque progresivo. Los límites se construyen paso a paso. Empieza por lo cotidiano y tu ‘no’ dejará de sonar brusco para empezar a sonar coherente. Recuerda que poner límites no es egoísmo, es responsabilidad emocional».

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