Publicado: noviembre 7, 2026, 5:00 am
Hay un error de bulto que cometen muchas parejas: pensar que el divorcio termina con toda relación, incluida su hipoteca cuando uno de los dos se queda con la casa y se compromete a pagar el préstamo. La realidad es que una hipoteca conjunta es un vínculo que va más allá del matrimonio, por lo menos para el banco.
Y es que es importante distinguir entre lo acordado en el divorcio o separación y lo que realmente cambia en la hipoteca frente al banco.
Decidir quién se queda la casa no equivale a cambiar la hipoteca
Una cosa es quién se queda con la vivienda y otra distinta quién sigue figurando como deudor en el préstamo. El convenio de divorcio puede establecer que uno de los dos se adjudique la casa y asuma el pago de todas las cuotas, pero eso no cambia por sí solo el contrato firmado con el banco. Para cambiar los titulares del préstamo hacen falta dos cosas: pedirlo expresamente a la entidad y que la entidad acepte esa modificación.
Por ejemplo, una pareja se divorcia cuando todavía debe 150.000 euros de hipoteca. Uno de los dos se queda con la vivienda y se compromete a pagar el préstamo completo. Si el banco no acepta que el otro deje de ser titular, ambos continúan respondiendo de forma solidaria por esa deuda frente a la entidad. Esto puede parecer un detalle formal mientras las cuotas se pagan con normalidad, pero deja de serlo si aparecen problemas.
Si quien se ha quedado con la casa deja de pagar, el banco puede reclamar también al otro titular, aunque en el convenio de divorcio se hubiera acordado que ya no debía hacerse cargo de las cuotas. El reparto pactado entre la pareja regula su relación entre ellos, pero no sustituye el contrato que ambos firmaron con la entidad y que normalmente establece una obligación solidaria. En otras palabras, que si uno no paga, tiene que hacerlo el otro, incluso si la casa ya no está a su nombre.
Seguir en la hipoteca puede complicar pedir financiación
Incluso si no hay problemas con el pago de la hipoteca, aparecer como titular puede seguir afectando a tus finanzas. Mientras lo hagas, esa deuda continúa formando parte de tus obligaciones financieras y cualquier entidad la tendrá en cuenta cuando quieras pedir una nueva hipoteca, un préstamo o cualquier otra financiación importante. Es más, si ya no figuras como titular de vivienda, te penalizará todavía más porque debes dinero por un bien que no posees.
Imagina que, dos años después del divorcio, quieres comprar otra vivienda. Aunque tu expareja lleve todo ese tiempo pagando puntualmente los 150.000 euros que quedaban del préstamo anterior, el banco verá que sigues vinculado a esa deuda. A la hora de calcular cuánto puedes endeudarte, tendrá en cuenta tus ingresos, tus gastos y también las obligaciones financieras que ya tienes asumidas.
Cómo desvincularte de la hipoteca
Para dejar de figurar en la hipoteca hay que modificar el préstamo con el banco. Lo habitual es hacerlo mediante una novación, es decir, un cambio en las condiciones del préstamo para que uno de los titulares deje de aparecer como deudor. Esa modificación debe formalizarse en escritura pública y, sobre todo, necesita el visto bueno de la entidad.
El problema es que el banco no está obligado a aceptar el cambio, porque al eliminar a uno de los titulares pierde parte de las garantías que tuvo en cuenta cuando concedió la hipoteca. Por ejemplo, si antes había dos sueldos y después solo queda uno, la entidad volverá a analizar si esa persona puede asumir sola la deuda. Puede aceptar la operación, pedir garantías adicionales, como otro cotitular o un aval, o incluso proponer otras condiciones para mantener el préstamo como aumentar el tipo de interés.
¿Qué pasa si el banco no acepta el cambio? La alternativa sería buscar una subrogación para cambiar la hipoteca de banco o contratar un nuevo préstamo. El inconveniente de estas fórmulas es que normalmente son más caras que la novación. En último término, siempre se puede vender la casa o alquilarla, pero lo importante aquí es no figurar en un préstamo de una vivienda que ni pagas tú ni es realmente tuya.
Qué comprobar antes de dar la hipoteca por cerrada
Antes olvidarte de la hipoteca comprueba que el banco ha aceptado formalmente el cambio de titulares y que ya no figuras como deudor en el préstamo. No basta con que el convenio de divorcio diga que la otra persona asume la hipoteca.
También merece la pena revisar la escritura de novación o la nueva financiación para asegurarte de que el cambio se ha aplicado como esperabas. Hasta entonces, aunque tu expareja pague puntualmente todas las cuotas, puedes seguir vinculado a una deuda que ya no forma parte de tu vida diaria.
