Samsung Galaxy Z Fold8 Ultra: un clásico eclipsado por la novedad - Estados Unidos (ES)
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Samsung Galaxy Z Fold8 Ultra: un clásico eclipsado por la novedad

Publicado: agosto 19, 2026, 1:29 am

El juego de palabras del titular no me podría venir mejor. Hace unas semanas Samsung desveló un secreto a voces: su nuevo Galaxy Z Fold8, un móvil plegable con formato más achatado y más ancho que los fold a los que estamos acostumbrados, algo así como un hermano pequeño de su clásico tipo libro, el cual ahora pasa a llevar el apellido Ultra. Y el menor ha eclipsado completamente a un teléfono que, al menos sobre el papel mirando las especificaciones, apunta a ser más premium.

Yo he estado probando los dos desde su lanzamiento y comprendo el entusiasmo: los nervios de la novedad, de los principios y de sostener algo que parece que está hecho para ti. A veces es así. Otras solo nos cegamos por el brillo de probar algo distinto. Te cuento en este análisis lo que me ha gustado y lo que no del Samsung Galaxy Z Fold8 Ultra, el tope de gama de la firma coreana en su categoría de plegables.

Un diseño conocido llevado prácticamente al límite

El Galaxy Z Fold8 Ultra no reinventa nada en diseño. De hecho, es el heredero directo del formato que Samsung lleva años perfeccionando: una pantalla exterior alta y estrecha que se abre como un libro para descubrir un panel interior prácticamente cuadrado. La novedad este año está más bien en el nombre. Con el Fold8 apropiándose de la denominación principal, el formato tradicional recibe el apellido Ultra.

Ahora bien, que sea conocido no significa que Samsung no haya hecho los deberes. Después de pasar varias semanas utilizando el tamaño más compacto del Fold8, el Ultra se siente grande nada más cogerlo. El agarre cerrado es incluso más sencillo porque es considerablemente más estrecho, pero cuesta más manejarlo con una mano y alcanzar determinadas zonas de la pantalla. A cambio, cuando lo despliegas tienes prácticamente una pequeña tableta en el bolsillo.

Y aquí llega una de las cifras que más sorprenden del teléfono. Pesa 215 gramos, solo 14 gramos más que el Fold8, y cerrado mide apenas 8,9 milímetros de grosor. De hecho, pese a ser el modelo grande, es más fino cerrado que su hermano pequeño, que se queda en 9,7 milímetros. Abierto baja hasta unos espectaculares 4,1 milímetros.

Puede parecer una guerra absurda por las décimas de milímetro hasta que recuerdas cómo eran los primeros Fold. Samsung ha conseguido meter una pantalla plegable de ocho pulgadas en un dispositivo que, cerrado, ya no transmite esa sensación de llevar dos teléfonos pegados uno encima del otro.

Eso sí, adelgazar tanto también tiene sus consecuencias. Abrirlo no siempre resulta cómodo. La bisagra ofrece más resistencia que la del Fold8 y el mínimo espacio que queda entre ambas mitades tampoco ayuda a meter los dedos. En mi caso, olvídate de esa imagen de abrir elegantemente el móvil con una sola mano: hace falta utilizar las dos. Esa resistencia tiene su parte positiva en la sensación de solidez, pero también influye más de lo que parece en cómo terminas utilizando el teléfono.

Porque el Fold8 Ultra tiene una pantalla exterior de 6,5 pulgadas perfectamente funcional. Es estrecha, sí, pero sirve para responder mensajes, consultar redes sociales, navegar o hacer casi cualquier tarea cotidiana. Y como abrir el móvil exige ese pequeño gesto adicional, a veces acabas haciendo demasiadas cosas sin desplegarlo.

Paradójicamente, el teléfono con una enorme pantalla interior de ocho pulgadas puede terminar desaprovechando precisamente aquello que justifica buena parte de sus 2.199 euros. Con el Fold8 me ocurre menos: por sus propias dimensiones, el formato tipo pasaporte parece pedirte que lo abras constantemente.

También hay una importante mejora en uno de los puntos que históricamente más delataban a un plegable: el pliegue. Samsung utiliza este año una nueva estructura que denomina Flex Titanium, con una película de aleación y una placa flexible de titanio bajo la pantalla. El resultado se nota. Mirando el panel de frente y encendido, la arruga central queda muchísimo más disimulada que en generaciones anteriores. Sigue existiendo, especialmente si la luz entra de lado, y al pasar el dedo sabes perfectamente dónde dobla el panel, pero ha dejado de protagonizar la experiencia.

La gran duda es la de siempre con esta clase de tecnologías: cómo evolucionará después de meses y miles de aperturas y cierres.

Dos pantallas magníficas, aunque el formato importa más que las pulgadas

Si Samsung sabe hacer algo son pantallas, y las del Galaxy Z Fold8 Ultra están al nivel que se espera de un teléfono de este precio.

Por fuera encontramos un panel Dynamic AMOLED 2X de 6,5 pulgadas; por dentro, uno de 8 pulgadas, también AMOLED y con frecuencia de actualización adaptativa de hasta 120 Hz. Los dos pueden alcanzar picos de 3.000 nits de brillo, mientras que la pantalla plegable incorpora además un nuevo tratamiento antirreflectante. Se ve de lujo. Colores, contraste, definición, brillo en exteriores… aquí cuesta poner pegas.

Pero después de haber utilizado simultáneamente Fold8 y Fold8 Ultra me parece más interesante hablar de la forma de la pantalla que de su calidad, porque ambos juegan a cosas distintas.

Samsung vende el Fold8 Ultra como el modelo más orientado a productividad. Su pantalla interior casi cuadrada permite tener dos aplicaciones de buen tamaño una junto a otra, consultar un documento mientras escribimos un correo o mantener varias ventanas abiertas. One UI permite incluso trabajar con tres aplicaciones en pantalla dividida además de ventanas flotantes.

Todo eso funciona y la superficie disponible es enorme. Pero en mi experiencia no he encontrado una diferencia radical respecto al Fold8 en multitarea. Sí hay más espacio vertical y determinadas aplicaciones respiran mejor, pero no he descubierto de repente una forma de trabajar que el otro formato me impida.

Y esto es importante porque Samsung ha construido buena parte de la diferenciación entre ambos alrededor de esa idea: Fold8 para consumir contenido, Fold8 Ultra para producirlo. En realidad, las fronteras son bastante más difusas.

Para leer páginas web, documentos, libros o trabajar con dos aplicaciones, las ocho pulgadas del Ultra son una maravilla. Para ver películas y vídeos panorámicos, en cambio, esa forma casi cuadrada deja franjas negras importantes arriba y abajo y buena parte de la superficie termina sin utilizarse. No hay un formato objetivamente mejor. Hay uno que encaja más con lo que haces.

El software sigue siendo una de las mayores ventajas de Samsung

Donde Samsung lleva años teniendo ventaja frente a buena parte de sus rivales plegables es en el software. No sirve de mucho fabricar una pantalla enorme si Android se comporta como si simplemente hubiésemos estirado un móvil convencional.

El Galaxy Z Fold8 Ultra llega con Android 17 y One UI 9, y Samsung permite abrir varias aplicaciones al mismo tiempo, arrastrar contenido entre ellas, mantener una aplicación al pasar de la pantalla exterior a la interior y aprovechar el dispositivo medio plegado mediante el modo Flex. También mantiene Samsung DeX para convertir el teléfono en una experiencia de escritorio al conectarlo a una pantalla externa.

Es precisamente aquí donde el concepto de productividad del Ultra empieza a cobrar más sentido.

No porque vaya a sustituir mágicamente a un portátil –yo seguiría sin escribir un reportaje entero en él pudiendo hacerlo en un ordenador–, sino porque Samsung lleva suficientes generaciones fabricando plegables como para que su software entienda lo que tiene que hacer.

Luego está, inevitablemente, la inteligencia artificial. Galaxy AI, Gemini, Now Brief, Now Nudge y el resto de funciones que Samsung lleva incorporando a sus teléfonos también están presentes aquí, algunas adaptadas para aprovechar la pantalla dividida. No creo, sin embargo, que sean la razón para elegir este Fold frente al otro: buena parte de ellas están disponibles igualmente en otros Galaxy de gama alta.

Rendimiento: va sobrado, aunque adelgazar tiene un precio

En el interior está el Snapdragon 8 Elite Gen 5 for Galaxy, acompañado por 12 o 16 GB de RAM dependiendo de la versión. Es decir, no estamos ante un plegable al que Samsung haya recortado potencia para poder cerrar las dos mitades. Lleva el mismo procesador de referencia que sus teléfonos más ambiciosos de este año.

En el día a día va superfluido. Aplicaciones, juegos, multitarea, cambios entre pantallas… no he tenido sensación de que al teléfono le falte potencia en ningún momento.

Sí he notado más temperatura de la deseable en algunas ocasiones. Estamos además en pleno verano, por lo que las condiciones no son precisamente las más benévolas para ningún móvil, pero un cuerpo de solo 4,1 milímetros tiene muy poco espacio físico para disipar calor. Es probablemente una de las contrapartidas inevitables de esta nueva obsesión de los fabricantes por fabricar plegables cada vez más y más finos.

Por fin una batería de 5.000 mAh

Durante varias generaciones Samsung mantuvo prácticamente congelada la batería de sus Fold en 4.400 mAh, una cifra especialmente llamativa teniendo en cuenta que hablamos de dispositivos capaces de alimentar enormes pantallas interiores. Este año por fin hay movimiento.

El Galaxy Z Fold8 Ultra incorpora una batería de 5.000 mAh, un aumento considerable respecto a su antecesor que Samsung ha podido conseguir utilizando tecnología de silicio-carbono sin engordar el dispositivo. De hecho, el teléfono tiene más capacidad siendo ligeramente más fino.

También mejora la carga: alcanza 45 W por cable y 20 W de forma inalámbrica, frente a velocidades bastante conservadoras en generaciones anteriores. Samsung asegura que puede recuperar alrededor del 67 % de la batería en media hora utilizando su cargador de 45 W, que, por cierto, se vende por separado.

No son cifras revolucionarias si miramos lo que llevan años ofreciendo determinados fabricantes chinos, pero para Samsung suponen un salto importante.

Cámaras: un salta muy esperado

Durante mucho tiempo comprar un plegable implicaba aceptar una especie de impuesto invisible: pagabas bastante más que por un móvil convencional de gama alta y, aun así, te llevabas peores cámaras.

Eso empieza a cambiar con el Galaxy Z Fold8 Ultra, que monta una cámara principal de 200 megapíxeles, un ultra gran angular de 50 MP y un teleobjetivo de 10 MP con zoom óptico 3x.

La cámara de 200 MP es claramente la estrella del conjunto. Tiene buen rango dinámico, mucho detalle y se comporta bien cuando empieza a faltar luz. Las imágenes siguen teniendo ese aspecto reconocible de la marca: colores vivos, contraste elevado y cierta tendencia a saturar. Son fotografías que llaman la atención, aunque no siempre sean las más fieles a la escena original.

El procesado también se pasa a veces. Por ejemplo, en determinadas tomas aparece un desenfoque bastante acusado alrededor del sujeto incluso sin activar el modo retrato.

El ultra gran angular de 50 megapíxeles es el sensor que más cambia respecto al Fold7, que montaba uno de 12 MP, y el salto se nota especialmente cuando cae la luz. Además, el autofocus permite utilizarlo para fotografía macro.

El teleobjetivo nos hace sufrir más. Tener un zoom óptico 3x ya hace al Fold8 Ultra bastante más versátil y para retratos, detalles o fotografías en las que no podemos acercarnos físicamente, se agradece muchísimo. Pero no es una cámara propia de un teléfono que se llama Ultra. Con buena luz cumple, pero cuando cae la iluminación aparecen antes el ruido y la pérdida de detalle. A partir de aproximadamente 6x empieza a notarse claramente el procesado y, aunque Samsung permite alcanzar digitalmente los 30 aumentos, más allá de 10x la calidad cae demasiado como para que el resultado sea realmente aprovechable salvo situaciones muy concretas.

En las cámaras delanteras encontramos dos sensores de 10 megapíxeles, uno en cada pantalla. Cumplen perfectamente para videollamadas y selfies rápidos, pero la gracia de tener un plegable es que realmente no necesitas conformarte con ellas. Puedes abrir el teléfono, utilizar la pantalla exterior como visor y hacerte un autorretrato con la cámara principal de 200 megapíxeles. Es una de esas pequeñas ventajas del formato plegable que sí resulta útil y no necesita ninguna palabra relacionada con IA para venderse.

Resumen

Samsung ha afinado muchísimo una fórmula que lleva ocho generaciones trabajando. Es extraordinariamente fino, relativamente ligero, tiene dos pantallas excelentes, un pliegue cada vez menos perceptible, mucha más batería, potencia de sobra y unas cámaras que por fin se acercan a lo que esperamos de un gama alta convencional.

Tomado de forma aislada, probablemente sea uno de los Fold más completos que ha fabricado Samsung. Pero este año no existe de forma aislada: a su lado está ese extraño Fold8 pequeño y ancho que parece nuevo incluso antes de encenderlo. El dispositivo que provoca que alguien te pregunte qué móvil llevas cuando lo sacas del bolsillo. El que invita a abrirlo y cerrarlo simplemente porque su formato todavía no forma parte de nuestra cotidianidad.

Y después de usar ambos sigo prefiriendo el Fold8. Llego mejor a las esquinas, escribo mejor, me resulta más cómodo en la mano y su bisagra invita mucho más a desplegarlo. El Ultra es técnicamente superior en aspectos importantes, especialmente en cámaras, y sus ocho pulgadas tienen ventajas evidentes. Pero no he encontrado en productividad una diferencia tan grande como para compensar lo mucho que me gusta utilizar el otro formato.

Samsung ha conseguido hacer uno de sus Fold tradicionales más redondos justo el año en el que ha presentado algo que consigue que dejemos de mirarlo. El Galaxy Z Fold8 Ultra es el mejor de los dos sobre el papel en muchos apartados, el problema es que los móviles no se utilizan sobre el papel.

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