Publicado: octubre 7, 2026, 3:24 am
Sam Altman defiende que los beneficios de la inteligencia artificial justifican asumir riesgos al extender su uso. El consejero delegado de OpenAI ha expresado esa posición en una entrevista en Decoded, de Politico: el mundo debería aceptar que ocurran “algunas cosas malas” a cambio de los beneficios de la tecnología y de que las personas mantengan su capacidad de decisión.
Preguntado por sus diferencias con Anthropic, Altman considera que “hay diferencias importantes” entre ambas compañías. El directivo cuestiona que el miedo a una IA cada vez más potente lleve a que “un único laboratorio de San Francisco” controle la tecnología y decida cómo repartir sus beneficios. Para el CEO de OpenAI, ese escenario supone “una contrapartida completamente inaceptable”, según sus declaraciones a Decoded.
Altman defiende, en cambio, que muchas personas puedan utilizar estas herramientas y decidir qué hacer con ellas, aunque eso implique asumir riesgos. Sostiene que los usos positivos superarán ampliamente a los perjudiciales y rechaza condicionar el acceso a garantizar que nunca se produzcan estafas, ataques informáticos u otros abusos. Aunque sí establece un límite: asegura que no acepta los riesgos “realmente catastróficos”, entre ellos “una pérdida grave de control sobre la IA”.
Las declaraciones de Altman llegan después de casi un mes en el que los riesgos de la IA han ocupado portadas y desbordado la conversación tecnológica para convertirse en un debate político, económico y social. Esta última oleada de debate se intensificó con la petición de Dario Amodei de moderar el desarrollo de los modelos más potentes para dar tiempo a entenderlos y controlarlos. Altman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Demis Hassabis (Google DeepMind) respaldaron esa preocupación, aunque coincidir en el diagnóstico no significa compartir una misma receta: cada uno plantea hasta dónde frenar, qué controles introducir y quién debe decidir sobre ellos.
La discusión llegó también a la ONU, donde los responsables de OpenAI y Anthropic reclamaron cooperación entre gobiernos. Pero Donald Trump ha rechazado abiertamente un frenazo que pueda hacer perder a Estados Unidos su ventaja frente a China, aunque sí ha pactado medidas de supervisión con la industria: Google, Meta, OpenAI, Anthropic, Nvidia y xAI firmaron con su Gobierno un acuerdo de seguridad que incluye controles internos, evaluaciones externas y supervisión independiente. El presidente lo describió como “moralmente vinculante”, aunque el compromiso es voluntario: no es una ley ni establece multas por incumplirlo.
Ese es el debate en el que Altman intenta marcar ahora su posición: reforzar la seguridad, pero aceptar que extender el uso de la IA también traerá consecuencias negativas. Más allá de ese límite, no detalla qué daños considera asumibles ni quién debería responder por ellos. Aunque en la práctica la compañía ya ha puesto medios para evitar problemas mayores.
Más de cien organizaciones avisadas y una crítica interna
OpenAI ha informado a más de cien organizaciones actividades de sus agentes que podrían haber excedido los usos o permisos previstos. La investigación comenzó después de que algunos modelos consiguieran sortear restricciones durante unas pruebas y acceder a sistemas externos. La compañía está revisando unos 50 petabytes de información para determinar el alcance de lo sucedido y prevé que el trabajo se prolongue durante meses. De momento, la empresa ha reconocido que algunos modelos utilizaron internet de formas inesperadas y que, en otros casos, las restricciones eran insuficientes. Asegura haber incorporado nuevas medidas técnicas y operativas para evitar episodios similares o detectarlos antes.
La revisión también tiene un coste considerable. Según la propia OpenAI, la compañía dedica unos 7.000 procesadores gráficos Nvidia GB200 y GB300 a analizar estos registros, con un gasto en computación superior a 500.000 dólares diarios. Y la empresa prevé aumentar los recursos destinados a esta tarea.
A los incidentes se suma una crítica desde dentro de la compañía. David Robinson, que pasó tres años y medio en OpenAI, ha abandonado la compañía y cuestionado públicamente su forma de afrontar estos riesgos. Robinson participó en la elaboración del marco de preparación de la empresa y ha supervisado los informes de seguridad de doce lanzamientos de modelos de vanguardia.
En un ensayo publicado este fin de semana en The Atlantic, el exempleado critica la dependencia del enfoque de “despliegue iterativo” de OpenAI: poner sistemas en circulación e ir reforzando las protecciones cuando aparecen problemas. “Se acabó el tiempo de ensayo y error”, escribe Robinson, argumentando que los sistemas avanzados de IA requieren medidas de seguridad más parecidas a las que se utilizan en industrias como la energía nuclear y la aviación.
OpenAI, por su parte, afirma poner los límites necesarios: “Nos aseguramos de que nuestros modelos no se vuelvan más capaces de lo que podemos gestionar y proteger de forma segura, y pausamos el entrenamiento o retrasamos el lanzamiento de modelos cuando necesitamos reducir la velocidad”, respondió un portavoz.
