Publicado: abril 16, 2026, 3:00 am
Las piedras en el riñón son uno de los principales motivos de consulta en centros de salud, hospitales y servicios de urgencias, y se han convertido en uno de los problemas más frecuentes en la población adulta. Según la Real Academia Nacional de Medicina de España, entre un 7% y un 11% de personas han sufrido o sufrirán, a lo largo de su vida, un evento litiásico, siendo más frecuente en hombres que en mujeres, si bien está creciendo su prevalencia en las jóvenes.
También conocidos como cálculos renales o litiasis renal, estos depósitos sólidos se forman cuando sustancias que normalmente se eliminan por la orina —como calcio, oxalato o ácido úrico— se concentran y se cristalizan. El resultado es la formación de pequeñas «piedras» que pueden permanecer asintomáticas o desencadenar cuadros de dolor intenso.
Aunque en muchos casos se trata de un problema de fácil tratamiento, «los cálculos renales pueden provocar dolor intenso, infecciones, obstrucción urinaria e incluso daño renal si no se tratan de forma correcta», explica el doctor Manuel del Río Andreu, urólogo del Centro Quirónprevención Príncipe de Vergara. Por eso, conocer qué son, por qué aparecen y cómo prevenirlos es fundamental para reducir su impacto y prevenirlos.
Causas y factores de riesgo de los cálculos renales
La incidencia de los cálculos renales ha aumentado en las últimas décadas debido a cambios en la alimentación, el estilo de vida y el envejecimiento de la población. De hecho, el 85%-90% de las piedras aparecen asociadas a la dieta y a los hábitos de vida actuales en el mundo occidental. En España, la prevalencia en varones de entre 30 y 40 años es de aproximadamente el 4%-5%, aumentando al 10%-16% en el rango de edad entre los 40 a 65 años.
Algunas de sus causas más frecuentes son: beber poca agua y la deshidratación, ya que la orina sale más concentrada y facilita la formación de cristales; y una dieta inadecuada con exceso de sal, proteínas animales, exceso de lácteos, dietas que aumenten el ácido úrico o rica en oxalato (espinacas, frutos secos, chocolate…).
También influyen factores metabólicos personales o incluso antecedentes familiares. Algunos fármacos pueden aumentar las posibilidades de sufrirlos, entre ellos algunos diuréticos, suplementos de calcio en exceso, el consumo de vitamina C en altas dosis, algunos antivirales, etc… Por último, el sedentarismo y la falta de actividad física pueden condicionar su aparición.
Las causas más frecuentes son: beber poca agua, una dieta inadecuada, factores metabólicos, antecedentes y el sedentarismo.
Cómo podemos identificarlos y cuál es su tratamiento
“El síntoma más característico es el cólico nefrítico, un dolor agudo que aparece cuando el cálculo se desplaza y obstruye el paso de la orina, generalmente en el uréter. El dolor suele localizarse en la zona lumbar o en el costado y puede irradiarse hacia la ingle o los genitales. Con frecuencia se acompaña de náuseas, vómitos y alteraciones en la micción”, señala el urólogo. Otros signos de alerta son la presencia de sangre en la orina, el mal olor o la turbidez de esta, así como fiebre en caso de infección asociada.
Cuando aparecen estos síntomas, el doctor recomienda acudir a consulta para realizar diferentes pruebas según cada caso concreto y la sintomatología: análisis de orina, ecografía, TAC abdominal e incluso radiografía. Estas pruebas permiten confirmar el diagnóstico y valorar el tamaño y la localización del cálculo.
Sin embargo, también puede darse el caso de que el cálculo renal no presente síntomas. “Esto ocurre cuando son pequeños, no obstruyen la vía urinaria, no se mueven o no hay infección. Es la litiasis renal asintomática, y suele detectarse de forma casual en revisiones generales. Aunque no cause molestias inicialmente, puede crecer con el tiempo o desplazarse, llegando a provocar síntomas posteriormente”, especifica el especialista.
El tratamiento depende de cada caso. Los cálculos pequeños pueden expulsarse de forma espontánea con hidratación y tratamiento sintomático. Cuando aparecen complicaciones, se recurre a otras técnicas, como el cateterismo ureteral, la litotricia extracorpórea —que fragmenta el cálculo mediante ondas de choque— o la endoscopia urinaria. La cirugía laparoscópica o abierta queda reservada para situaciones más complejas.
Prevención y recomendaciones
“El mejor tratamiento siempre es una buena prevención”, subraya el doctor, especialmente en personas con antecedentes, ya que la mitad de los pacientes puede presentar un nuevo episodio si no se toman las recomendaciones adecuadas:
- Beber de 2 a 2,5 litros de agua al día.
- Reducir el consumo de sal.
- Evitar el exceso de proteínas de origen animal y llevar una dieta equilibrada con abundante fruta y verdura sin abusar de la carne roja, embutidos y azúcares.
- Mantener un peso adecuado y dentro de la normalidad.
- Controlar enfermedades metabólicas como diabetes, hiperuricemia e hipertensión.
- Seguir revisiones y controles médicos periódicos.
Los cálculos renales son un problema frecuente, pero en muchos casos pueden prevenirse con hábitos de vida adecuados. Ante síntomas como dolor intenso en la fosa renal (lumbar), el costado, sangre en la orina, infecciones urinarias de repetición o dificultad para orinar, el urólogo del Centro Quirónprevención Príncipe de Vergara aconseja consultar con un profesional sanitario para realizar un diagnóstico precoz y evitar complicaciones. La información y la prevención son las mejores herramientas para cuidar la salud renal.
