Por qué la Champions del PSG es un riesgo más para la autonomía estratégica de la UE - Estados Unidos (ES)
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Por qué la Champions del PSG es un riesgo más para la autonomía estratégica de la UE

Publicado: junio 2, 2026, 3:49 pm

El fútbol es poder blando, y el poder blando, aunque no llene discursos políticos, también es autonomía estratégica. Por eso la segunda Champions consecutiva del PSG es un riesgo más para la autonomía estratégica de la Unión Europea. De los últimos cuatro campeones de la otrora Copa de Europa, solo el Real Madrid es de ‘capital’ europeo; los demás, tienen al mando dinero extranjero. Cierto es que dos de esos equipos, el Manchester City y el Liverpool ya no cuentan como empresas de la UE una vez consumado el brexit, pero son propiedad de la familia real de Abu Dhabi y de un fondo estadounidense. Por su parte, el PSG, dominador ahora del balompié continental, funciona bajo el dinero de la familia real catarí.

Los clubes de fútbol son también empresas estratégicas para la Unión pero el dominio es de otros actores globales también en lo que se refiere al deporte rey, y la segunda Champions del PSG consolida al equipo de Luis Enrique en la cima de Europa, pero también un modelo que no va en beneficio de la UE. De hecho, Qatar es un país en el foco de la UE especialmente desde 2022: el escándalo Qatargate, consistente en una serie de sobornos a altos cargos de la UE por parte del Estado y sus grupos de presión, acabó con la dimisión por ejemplo de la entonces vicepresidenta del Parlamento Europeo Eva Kaili y agitó los cimientos de la credibilidad comunitaria. Uno de los pasos que se dieron fue bloquear el acceso a la Eurocámara a todo el personal relacionado con el reino.

El PSG, mientras, se ha convertido en el máximo exponente del poder catarí y de la dinastía Al Thani. El club galo ha ido escalando hasta llegar a la ansiada Champions por partida doble, pero el recorrido viene de atrás: desde la llegada de los cataríes en 2011, la facturación del club pasó de unos 99 millones a 837 millones de euros anuales, según los datos correspondientes a la temporada 2024-2025. Además, los Al Thani poseen participaciones en Deutsche Bank, Porsche y Volskwagen, empresas estratégicas alemanas, así como en cadenas hoteleras en España. En Reino Unido son propietarios del edificio The Shard y de Harrods.

En el top 10 de clubes más valiosos del mundo, solo están en manos netamente europeas por así decir cuatro: el Real Madrid (primer puesto), el FC Barcelona (segundo puesto), el Bayern (sexto puesto) y el Tottenham Hotspur (décimo puesto). El resto, en mayor o menor medida, son propiedades de capitales extranjeros. A los ya mencionados PSG, Liverpool y Manchester City hay que sumar que en el Manchester United parte del control está en manos de la familia Glazer, dinastía de multimillonarios americanos; el dueño del Arsenal es el magnate estadounidense Stan Kroenke, y los del Chelsea son el empresario tejano Todd Boehly junto al fondo Clearlake Capital. Antes, además, los blues eran propiedad del magnate ruso Roman Abramovich.

Ahora, el melón de las inversiones extranjeras se ha abierto también ante las elecciones a la presidencia del Real Madrid. Florentino Pérez aboga porque el 5% del control del club pase a manos de un fondo, muy probablemente no europeo; mientras, su rival, Enrique Riquelme, quiere recoger ante notario que esa cesión de control no se dará nunca en una entidad como la madridista. Eso sí, el 5% del que habla Pérez tendría un valor puramente simbólico, sin peso en las decisiones económicas o deportivas.

China también tiene presencia en el fútbol europeo. El Espanyol fue propiedad de Rastar Group hasta el año pasado, para después ser vendido a capital americano. Sí siguen bajo control asiático en el fútbol inglés tanto el Wolverhampton como el West Bromwich Albion, aunque en este caso con una participación menor. El Aston Villa tuvo un recorrido parecido al del Espanyol: fue propiedad de Recon Group y ahora ha pasado a manos de inversores americanos. El fútbol francés tampoco se libra: el dinero chino controla por ejemplo el Auxerre y el Sochaux.

No es muy distinto con Estados Unidos, como se ve con la compra del Espanyol o del Aston Villa. El poder estadounidense ha llegado también a clubes sobre todo ingleses como el Bournemouth, el Fulham, el Everton o el Burnley. No obstante, el declive más claro está quizás en el fútbol italiano: 9 de los 20 equipos que han estado en la Serie A en la temporada 2025-2026 son propiedad de fondos americanos, entre los que destacan el Inter, el Milan, la Fiorentina, el Atalanta, el Parma o el Hellas Verona.

¿Qué pasa en España?

En España tampoco se libran de esa dinámica. El caso del Atlético de Madrid se ha vuelto el más evidente. La familia Gil ha pasado el paquete accionarial mayoritario a Apollo, un fondo coordinado por dinero israelí y estadounidense que ha llegado para, dicen, dar un impulso económico definitivo al club colchonero. En el Barcelona el poder sigue en manos de los socios, pero la inversión extranjera es innegable a través en su momento también de Qatar, sin ir más lejos. Pero hay un matiz: los culés están asociados, por así decir, con Spotify -acompaña el nombre del estadio- fundada en Suecia y que opera como gigante europeo tanto en el país de origen como en Luxemburgo, dos Estados miembros de la UE.

Al mismo tiempo, el Girona es parte del City Group, que controla también el Manchester City, mientras que EEUU ha llegado también al Mallorca. El Valencia sigue en manos del magnate asiático Peter Lim y el Elche es del empresario argentino Christian Bragarnik. En el caso de los dos principales equipos asturianos, Sporting de Gijón y Real Oviedo, la cosa es todavía más paradójica: son parte de las multipropiedades futbolísticas de dos grupos mexicanos, Orlegi y Pachuca.

En Bruselas se habla mucho de soberanía tecnológica, de industria, de producciones Made in Europe o de defenderse y aprender el lenguaje del poder. El fútbol no debería escaparse de esa dinámica: hay pocos clubes Made in Europe. Cuando se habla de un «Google europeo» no solo se habla de tecnología, de independencia o de desarrollo, sino también de dinero, de poder. Y en ese ecosistema estratégico, en realidad, también debería hacer falta un «PSG europeo» porque el de ahora no lo es.

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