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Polarizados también por Venezuela

Publicado: enero 4, 2026, 9:23 am

Es un palabro que se ha convertido ya en un lugar común del debate político español: estamos ‘polarizados’. Y con él pasa lo que con todos los males que se hacen extensibles a la sociedad en su conjunto: como se supone que son generales, y que todos somos responsables en alguna medida de ellos, al final la responsabilidad no es de nadie y queda diluida como si se tratara de un fenómeno atmosférico. Atmosférico y, por lo tanto, inevitable como la lluvia, el viento, el calor o el frío.

Lo curioso, por no decir lo irritante, es que a menudo quienes lamentan «el grado de polarización al que hemos llegado» son los mismos interesados en que eso ocurra; los más polarizados o, peor aún, los polarizadores por excelencia que precisamente lo generan. Por esa y otras razones, resulta aconsejable, a la hora de hablar de esa figura recurrente que ha irrumpido en la vida nacional, ponernos de acuerdo en qué entendemos exactamente por polarización.

Identificar ese tan traído y llevado vocablo con la simple pugna de los partidos de la oposición para forzar al Gobierno a una convocatoria electoral es incurrir en una exageración, una hipérbole o, si me apuran, en una polarización verbal que alberga una desviación conceptual: la que ignora que dicha pugna es un ejercicio propio de los sistemas democráticos. Estaríamos, de ese modo, tomando por excepcional, o sea, por polarizado, lo normal y lo esencial en el saludable juego de las democracias occidentales. Y estaríamos a la vez polarizándonos, situándonos en un polo autoritario que ni entiende ni admite la crítica política, la vida democrática y la posibilidad de la alternancia en el poder.

Para hablar de polarización, para usar adecuadamente ese término, deberíamos referirnos a unos partidos que defienden o avalan posiciones ideológicamente extremas. En ese sentido, no puede decirse que el discurso que mantiene el PP de Núñez Feijóo para desgastar al Ejecutivo presidido por Sánchez se ampare en unas banderas extremistas. Más bien es su apuesta moderada, descolorida y centrista -la carta que está jugando Vox para presentar como blanda, pusilánime y tibia esa opción-, heredada del Rajoy que en 2008 advertía a los suyos: «Si alguien se quiere ir al partido liberal o al conservador, que se vaya».

Se mire por donde se mire, no hay forma de ver en ese discurso el menor signo polarizador. Si alguna culpa tiene el actual PP en la deriva polarizada de la política española, ésta más bien residiría en ese miedo a la definición ideológica. Y es que, cuando quien representa el centro político es identificado con indefinición, conformismo, inmovilismo, inercia, perfil bajo, inoperancia o desistimiento, crecen los populismos.

¿Quién está ideológicamente polarizado hoy en España? Pues, para empezar, el Gobierno

Si, por propia definición, la polarización es populista, ¿quién está ideológicamente polarizado en la España actual? Pues, para empezar, un Gobierno que ha dado decididos pasos no ya hacia el extremo político sino contra la propia legalidad constitucional y que se ha venido sosteniendo sobre partidos abiertamente secesionistas o antisistemas y, en el plano internacional, sobre el propio bolivarismo venezolano. A toda la pléyade de polarizaciones que encarnan los socios del sanchismo se puede y se debe sumar el destemplado discurso de Vox, pero no sin puntualizar que, por el momento, lo ha sido más en las formas y en los gestos que en el ejercicio de un poder al que no ha tenido acceso pleno.

El dato más inquietante de Vox es el de su ubicación en el mapa de la polarización internacional que hoy encarnan los Orbán y los Bardella agrupados en el frente de Patriotas por Europa. Ubicación que, por otra parte, no le impide, paradójicamente, al partido de Abascal simpatizar con el antieuropeísmo trumpiano. La polarización alberga ese tipo de incoherencias. Los polos se acaban tocando y provocando cortocircuitos.

Como no hay mal que por bien no venga, la espectacular ofensiva de Trump contra el régimen de Maduro va a darle, sin duda, votos a Vox y a polarizar más de lo que ya lo está el escenario español. Pero los que no estamos en esa dinámica bipolar debemos recordar que la guerra contra la dictadura venezolana no hace a Trump un adalid de las libertades. Como la toma soviética del Berlín hitleriano no convirtió a Stalin en un demócrata.

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