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Nintendo recupera el juego que convirtió a muchos en gamers: por qué Ocarina of Time hará que quieras una Switch 2

Publicado: junio 10, 2026, 11:24 am

Los fans de Nintendo y de Zelda están dando saltos de alegría. La compañía japonesa acaba de anunciar en su último Nintendo Direct que el juego The Legend of Zelda: Ocarina of Time llegará este año a Nintendo Switch 2.

No se trata de un título cualquiera. Quienes tuvieron una Nintendo 64 a finales de los años 90 sabrán de lo que hablo. Ocarina of Time no fue solo una de las grandes aventuras de su generación: fue, para muchísimos jugadores, la primera vez que un videojuego se sintió como un mundo completo, vivo y misterioso.

Y, aunque no hay confimación oficial, los rumores dicen que no es una simple remasterización que intenta hacer al juego un lavado de cara para ponerlo a punto y tratar de equipararlo a la tecnología de la nueva Switch: la empresa japonesa ha hecho un remake de este videojuego de la saga, el primero en hacer uso de gráficos 3D.

De momento no hay demasiada información disponible y las imágenes son escasas, pero Nintendo ha compartido un pequeño adelanto de cómo será The Legend of Zelda: Ocarina of Time para la Switch 2.

El videojuego más aclamado de todos los tiempos

Nintento lanzó su Nintendo 64 en España en marzo de 1997 a un precio de 34.990 pesetas. Yo tenía 10 años y aquella fue la primera consola que tuve. Sí, soy así de vieja –o senior, que hoy en día está mejor visto–. Mis padres me la regalaron en un pack con el Super Mario 64 y, aunque nunca he tenido un perfil gamer demasiado marcado, aquello me despertó un gusanillo. Aunque mi verdadera revolución llegó al año siguiente, cuando aterrizó en nuestro país The Legend of Zelda: Ocarina of Time a finales de 1998.

Las aventuras de Link, quien por cierto confesaré que era mi crush de la adolescencia, me marcaron de tal manera que han influido al menos en dos cosas esenciales de la persona que soy ahora. Suena grandilocuente y exagerado, pero así es.

Repito que nunca he sido una jugadora demasiado empedernida y las consolas han sido para mí hobbies esporádicos y modas de temporada, aunque siempre han estado ahí. Jugué a la NES y a la SEGA Mega Drive en casa de algún amigo y, además de la Nintendo 64, fui dueña de una Game Boy y adicta al Tetris, al Super Mario y, sobre todo, al Donkey Kong. Ya más mayor me pilló la fiebre de Pokémon, aunque tuve también mi etapa de fan del mundo de Pikachu y Ash Ketchum.

Pero volvamos a Zelda y a la Nintendo 64, porque sin el reino de Hyrule probablemente mis aficiones serían muy distintas. Hyrule marcó un antes y un después en la historia de los videojuegos porque fue el primer gran mundo tridimensional que se sintió verdaderamente vivo, conectado y explorable.

Ocarina of Time sigue la historia de Link, un joven héroe que se embarca en una misión para detener a Ganondorf, el rey de los Gerudo. Este malvado villano busca obtener la Trifuerza, un artefacto sagrado capaz de conceder el deseo más profundo de su portador. A lo largo de la aventura, el protagonista hyliano viaja a través del tiempo, alternando entre su yo infantil y adulto, para reunir las Piedras Espirituales y los Sellos de los Sabios necesarios para enfrentarse a Ganondorf y salvar el reino de Hyrule.

Los trucos, las hadas, los puzles, el Árbol Deku, las misiones secundarias (¡los cucos de Kakariko!), las vastas praderas, el Rey Zora, el caballo Epona, la banda sonora, las mazmorras… todos sus elementos convirtieron a este título en uno de los videojuegos más aclamados de todos los tiempos.

Pero tiene algo más. El juego llegó al mercado europeo con los textos en inglés debido a la enorme capacidad de almacenamiento que requería y a los ajustados tiempos de producción de Nintendo en la época. Para solucionarlo, Nintendo España distribuyó de manera gratuita junto con el cartucho una mítica guía de textos oficial con lomo verde. Este libreto contenía la traducción detallada de todos los diálogos, menús y descripciones del juego para que los usuarios pudieran seguir la historia paso a paso. Recuerdo vívidamente rebuscar entre sus páginas, investigar, informarme.

No fue mi primer contacto con la lengua anglosajona, ya me había ocurrido antes jugando a algún juego para PC que tuve que traducir en mi niñez, diccionario en mano. Sin embargo, con ‘el Zelda’ descubrí que la versión original suele ser más rica y –al menos así es en mi memoria– aprendí por primera vez con gusto otro idioma.

La segunda consecuencia me lleva directa al motivo de escribir este artículo. Me metí tanto en el mundo de Hyrule y en las aventuras de Link que escribí mi primer cuento con sus personajes. Con recortes de revistas de imágenes del protagonista y de sus amigos Kokiri. En casa y entre clase y clase en el instituto –a veces durante las sesiones, lo que me valió hacer deberes extra en alguna ocasión–. En un cuaderno de cuadrícula y espiral tamaño A5. Con letra de caligrafía y con bolitos encima de las íes. Todavía lo conservo en mi baúl de los recuerdos, o en el cajón de los olvidos, no lo tengo claro. Pero fue la primera vez que me di cuenta de que de mayor quería dedicarme a escribir.

Y por estas razones querré comprar The Legend of Zelda: Ocarina of Time para Nintendo Switch 2. Porque sí: es uno de los videojuegos más aclamados de todos los tiempos, pero lo más importante es que creó un vínculo, una huella difícil de borrar. Y la que aquí he relatado es la mía, pero estoy segura de que si jugaron al título hace treinta años, querrán volver a jugar ahora por sus propios motivos.

Tal vez quieran comprobar cómo ha envejecido aquella aventura. Tal vez quieran enseñársela a sus hijos. Tal vez solo quieran escuchar de nuevo una melodía con la ocarina y sentirse, durante un rato, en el mismo lugar en el que estuvieron hace casi tres décadas.

Ocarina of Time llegó a Nintendo 64 en 1998 y, para muchos, fue mucho más que una aventura. Fue una puerta de entrada. A Hyrule, sí, pero también a una forma distinta de entender los videojuegos: como mundos que se exploran, historias que se viven y recuerdos que se quedan pegados durante años. Por eso el último anuncio de Nintendo no es un simple ejercicio de nostalgia. Es una llamada directa a quienes alguna vez se perdieron en el Bosque Kokiri, tocaron una melodía con la ocarina o entendieron que una consola podía contar una historia con la misma fuerza que un libro, una película o una serie.

Y si Nintendo buscaba una razón emocional para que muchos miren ahora la Switch 2 con otros ojos, acaba de encontrar una de las más poderosas.

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