Publicado: junio 7, 2026, 12:24 am
Si te gustan los videojuegos de carreras, es muy probable que en algún momento hayas jugado al primer ‘ The Crew ‘. A lo largo de sus diez años de vida, el título superó los 12 millones de usuarios y se convirtió en una de las propuestas de conducción más populares. Pero a día de hoy es como si no existiera. En 2024, Ubisoft cerró sus servidores y el acceso a cualquier modo de juego. Desde entonces, ni siquiera aquellos que pagaron 60 euros por una copia física el día de lanzamiento más otros 25 por el pase de temporada pueden disfrutarlo. Se ha convertido en un pisapapeles . Y no es el único caso. «Hay muchísimos juegos a los que les ha pasado y les va a pasar lo mismo, como el popular ‘Anthem’ o, próximamente, ‘New World: Aeternum’», explica en conversación con ABC Daniel Ondruska. «Cuando te encuentras con que te cierran un juego en el que has invertido dinero, la sensación que se te queda es igual que cuando te roban», prosigue. Este consultor de origen alemán es uno de los representantes europeos del movimiento Stop Killing Games (‘Dejad de matar a los videojuegos’, en castellano), movimiento que lleva un par de años tratando de convencer a los reguladores de la UE para que obliguen a la industria del videojuego a mantener una versión jugable de todos los títulos que ponen en el mercado. Algo a lo que muchas editoras se resisten. Tras conseguir más de 1,2 millones de firmas (121.000 solo en España) , el movimiento presentó una iniciativa ciudadana ante la Unión Europea que fue debatida recientemente en el Parlamento Europeo, donde cuenta con muchos apoyos, y en el Comité Económico y Social de la UE. La Comisión ahora debe decidir si presenta una propuesta legislativa para impedir que los distribuidores sigan teniendo la opción de dejar inservibles los juegos que comercializan en el momento en el que consideren que han dejado de ser rentables. En principio, tiene hasta el próximo 27 de julio para pronunciarse al respecto; aunque los responsables del movimiento esperan que lo haga antes, probablemente a mediados del presente mes. Y no son muy optimistas con el resultado. «Cuando presentamos el problema, la Comisión dio a entender que a lo mejor se podría solucionar sin regular, dando simplemente unas vías de actuación a la industria. Igual poniendo un cartel en los videojuegos en los que se avise a los consumidores de que pueden ser destruidos», explica a este periódico Alberto Hidalgo Cerezo, profesor de Derecho Privado en la Universidad San Pablo CEU y consejero legal de la iniciativa en Europa. Sin embargo, el jurista remarca que, pase lo que pase, no piensan darse por vencidos: «Si la Comisión no nos da la razón, el Parlamento Europeo todavía podría tramitar la petición por otro cauce. Ahí sí que contamos con muchos apoyos y hay consenso al respecto». El videojuego lleva décadas ganando adeptos. Actualmente, se calcula que hay más de 3.200 millones de jugadores en el mundo y unos 700 millones solo en la Unión Europea. Lo que muchos no saben, según explica a este diario el consultor legal de Stop Killing Games, es que cada vez más juegos vienen acompañados de licencias que permiten a las compañías retirar el acceso o dejarlos inutilizables cuando lo consideren. Hidalgo Cerezo pone como ejemplo a ‘ Fallout 76 ‘, uno de los títulos de rol más reconocibles de la última década. «Cuando estuvimos en el Parlamento Europeo, yo mismo leí ante los eurodiputados una cláusula de este videojuego en la que se especifica que la empresa que hay detrás (Bethesda) puede terminar el contrato en cualquier momento, con razón o sin razón para ello. Y que si tomaba esa decisión, el jugador debía eliminar el juego de la consola y destruir cualquier vestigio. No se trata de algo equilibrado ni correcto», dice el jurista. «Cuando compras un videojuego que tiene una cláusula como esta, corres el riesgo de quedarte sin juego y sin dinero», remarca. Desde Stop Killing Games dejan claro que no se busca que las editoras mantengan indefinidamente el soporte de todos los títulos online que ponen en el mercado. El movimiento entiende que, con el paso del tiempo, algunos modos o funcionalidades pueden desaparecer por razones de rentabilidad. Lo que reclama es que, cuando la editora decida dar el paso, el usuario tenga a su disposición alternativas para que las obras sigan siendo jugables aunque sea en parte, ya sea manteniendo aquellos modos que no requieran conexión a internet o permitiendo que la comunidad asuma el control de los servidores en su lugar. «Nosotros admitimos que puede haber alguna función que se pierda, pero quitar los modos de un jugador no nos parece proporcional», dice Hidalgo Cerezo. El jurista pone el ejemplo del ‘ Gran Turismo Sport ‘ de PlayStation 4, que en 2024 fue eliminado de las tiendas digitales y se quedó sin funcionalidades online. En lugar de bloquearlo por completo, Sony apostó por mantener todos los modos que no requerían conexión a internet a disposición de los usuarios que ya lo habían comprado, por lo que actualmente siguen pudiendo jugarlo. Los integrantes de la iniciativa apuntan que si las editoras son precavidas, cualquier juego puede tener un final similar al del ‘Gran Turismo Sport’. «Si se planifica y se tiene en cuenta desde el principio del desarrollo, los costes de contar con una versión jugable del videojuego cuando termine el soporte pueden ser extremadamente bajos. Resulta difícil imaginar que lleguen siquiera al 1% del presupuesto total», dice Ondruska. La industria, sin embargo, discrepa. «Cuando adquieres un videojuego online, estás adquiriendo una licencia para descargarte y usar ese juego. Obligar a mantenerlos indefinidamente es tremendamente costoso, y permitir que terceros puedan modificarlos puede producir conflictos e interferir con la forma en que se crean, gestionan y distribuyen», señala a este diario José María Moreno, director general de AEVI, que es la patronal del videojuego español y, como tal, forma parte de Video Games Europe, el lobby que representa a los gigantes de este tipo de entretenimiento en la UE. Moreno reconoce que, si se tiene previsto desde antes del lanzamiento, mantener versiones jugables de los títulos puede ser «viable en algunos casos», aunque «no todos pueden adaptarse: algunos están pensados desde el principio como servicios en línea y, sin esos elementos, simplemente no funcionan». También recuerda que muchas obras actuales «dependen de tecnologías de terceros, acuerdos de licencia o servicios en la nube» que pueden dejar de estar disponibles con el paso del tiempo. Además, deja claro que, a su juicio, dejar los servidores del juego a disposición de la comunidad no es una posibilidad, ya que esto «puede generar problemas difíciles de gestionar con terceras partes y de propiedad intelectual»: «Aplicar una solución única a todos los casos puede resultar poco realista. Por eso, por el momento, creemos que lo más útil es avanzar en transparencia, preavisos claros y en soluciones adaptadas a cada tipo de juego». Finalmente, el directivo alerta que si Europa decide regular en este ámbito, «podría provocar menos oferta o cambios en cómo se venden los juegos»; incluso avisa de que algunos podrían dejar de lanzarse en territorio europeo. «Añadiría costes y complejidad, sobre todo para los estudios pequeños, porque tendrían que diseñar todos sus proyectos teniendo en cuenta escenarios adicionales desde el inicio», dice el director general de Aevi. Sea como sea, la Comisión tomará una decisión al respecto en las próximas semanas. Esta podría determinar si casos como el de ‘The Crew’ vuelven a repetirse en el futuro o si, por el contrario, las editoras deben empezar a garantizar la supervivencia de sus obras más allá de su ciclo comercial.
