Publicado: junio 6, 2026, 2:23 pm
Médicos y expertos internacionales han coincidido en advertir a los gobiernos de que el prohibicionismo les hará perder el control sobre el tabaco, impulsando el comercio ilícito y abaratándolo, lo que afectaría especialmente a la salud de las personas con menos recursos, que además consumirían productos con ausencia de control sanitario.
Así lo han explicado especialistas que se han dado cita en el Global Forum on Nicotine (GFN), celebrado en Varsovia esta semana, donde la propuesta que emerge para controlar el consumo de productos de tabaco o relacionados con la nicotina sugiere encarecer y dificultar el acceso a aquellos que son peores para la salud y, por contra, favorecer aquellos que producen menos efectos adversos, para dirigir a los consumidores hacia la opción menos mala según los datos científicos.
El médico argentino Diego Verrastro, especializado en cirugía general y de emergencia y portavoz de la Red latinoamericana por la reducción de riesgos y daños asociada al tabaco (RELDAT), defendió que las políticas prohibicionistas reducen la capacidad del Estado para supervisar el mercado, ya que empujan el consumo fuera del circuito legal.
En este contexto, argumentó, el control sobre la calidad de los productos, la trazabilidad y la protección de los menores se ve significativamente debilitado, además de poner encima de la mesa que los grupos de población más afectados son los de menor renta: recaen de forma «desproporcionada» en las personas de bajos y medianos ingresos, sostuvo.
Para el especialista, «el Estado tiene que ejercer un cierto control» y defendió que «esconder la basura debajo de la alfombra no la hace desaparecer». Y es que, consideró, mientras los consumidores con mayor capacidad adquisitiva pueden acceder a productos de mejor calidad, incluso importados de otros países, aquellos con menos recursos se ven limitados a opciones más económicas, a menudo procedentes del mercado informal y sin garantías.
El ejemplo de Sudáfrica y el aumento de comercio ilícito
El CEO de la Asociación de productos de vapeo de Sudáfrica (VPASA), Asanda Gcoyi, trajo de ejemplo la prohibición temporal de todos los productos de tabaco durante la pandemia de Covid en el país, que provocó la desaparición del mercado legal y dio lugar a una rápida expansión del comercio ilícito. Como consecuencia, relató, Sudáfrica pasó a situarse entre los países con mayores niveles de comercio ilegal a nivel mundial, alcanzando cifras cercanas al 70%.
La mayoría de fumadores del país africano continuaron consumiendo -con tasas de abandono en torno al 6%-, trasladando su consumo a canales informales como grupos de WhatsApp y Telegram y redes de distribución clandestinas. Esto se tradujo en la proliferación de productos sin control de calidad, sin estándares regulatorios y sin mecanismos de verificación de edad, con precios «muy bajos«, muy por debajo del límite legal previo, incidió. Por último, consideró que la prohibición generalizada distorsionó la percepción de riesgo de los diferentes productos, dificultando al consumidor distinguir qué opción provoca menos daño.
Critica a la regulación europea
El encuentro de este 2026 ha tenido lugar en un contexto marcado por la revisión del marco regulatorio europeo en la materia, lo que ha intensificado el debate entre los asistentes sobre cómo abordar la salud pública y el control del consumo. Sobre este respecto, el oncólogo español Fernando Fernández Bueno, portavoz de la Plataforma para la reducción del daño por tabaquismo y cirujano general en el Hospital Central de la Defensa ‘Gómez Ulla’ de Madrid, señaló que «muchas propuestas regulatorias actuales no se basan en la evidencia científica, sino en sesgos o planteamientos ideológicos».
Fernández Bueno denunció que las políticas europeas están condicionadas por posicionamientos ideológicos y por la influencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que ha derivado en una interpretación «sesgada» de la evidencia científica y la ausencia de debate. Por ello, defendió la necesidad de que los profesionales sanitarios puedan disponer de alternativas de menor riesgo como parte de su práctica clínica porque hay un porcentaje importante de pacientes que desean dejar de fumar pero no lo consiguen con las herramientas convencionales.
