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Marruecos arranca la campaña electoral para las legislativas del día 23 con la duda de si la tensión por la crisis de Ceuta reavivará el voto

Publicado: septiembre 11, 2026, 10:24 am

Marruecos celebra elecciones legislativas el próximo 23 de septiembre. La campaña de los partidos que se presentan comenzó este 10 de septiembre y finalizará el 22 de septiembre, la víspera de la jornada electoral. A España siempre le ha interesado el rumbo del país vecino, pero aún más ahora, en este complejo momento de la relaciones entre ambos países por la crisis de Ceuta.

El reino aluita es una monarquía constitucional con parlamento bicameral, sistema multipartidista y sufragio universal. El rey Mohamed VI es jefe de Estado y comparte el poder ejecutivo con el gobierno. Marruecos parece una democracia, formalmente lo es, pero el país no termina de ser plenamente una democracia real.

«La vida electoral marroquí puede analizarse como una representación teatral en la que el escenario, las reglas del juego y el director permanecen constantes, mientras que los actores, los papeles y las tramas se renuevan en cada ciclo electoral», según Saloua Zerhouni, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Mohammed V de Rabat. «El decorado evoluciona —reformas jurídicas, discursos sobre la transparencia, inclusión de las mujeres y los jóvenes—, pero la estructura de la representación permanece estable», escribía este mismo año en la revista Política Exterior.

La vida electoral marroquí puede analizarse como una representación teatral en la que el escenario, las reglas y el director son constantes, mientras que actores, papeles y tramas se renuevan en cada ciclo electoral

El parlamento bicameral de Marruecos lo forman la Cámara de Consejeros y la Cámara de Representantes. Esta última tiene 395 escaños, que son elegidos por representación proporcional y constan de dos niveles: 305 escaños son elegidos de 92 circunscripciones locales de varios miembros (de dos a seis escaños) y los 90 restantes son elegidos de doce circunscripciones basadas en las regiones de Marruecos (de 3 a 12 escaños).

Los comicios anteriores fueron el 8 de septiembre de 2021, cuando por primera vez se celebraron tres elecciones de forma simultánea: legislativas, regionales y municipales. La participación, uno de los problemas del sistema, fue bajísima: votaron la mitad de los 17,5 millones de ciudadanos registrados.

Tras una década en el poder, el islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD) sufrió un serio varapalo, obteniendo sólo 13 escaños. Aquellas elecciones dieron una victoria inédita a la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), un partido político de centro-derecha cercano a la monarquía.

El líder del RNI, el millonario Aziz Ajanuch, ha sido el primer ministro de Marruecos desde el 10 de septiembre de 2021. Para ello ha presidido una coalición gubernamental, junto a la formación liberal Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) y el nacionalista Partido Istiqlal. Ajanuch cogió un vuelo privado a Mallorca poco después de saberse que miles de migrantes irregulares habían cruzado la frontera ceutí.

Esos tres partidos se antojan como los favoritos, aunque siempre puede haber un tapado. Lo demás es pura intuición: las encuestas de opinión están prohibidas en Marruecos durante la campaña electoral. Esta medida tiene como objetivo evitar influir en la opinión pública y garantizar la integridad del proceso electoral. «El Ministerio del Interior tiene un enfoque paternalista a este tema en el sentido de que se dice que a través de la prohibición de las encuestas, protegerá a los marroquíes vulnerables y predispuestos a ser influenciados», opina en Le Brief la profesora universitaria y experta en juventud y sociedad civil, Aimane Cherragui.

¿Reavivar lo de Ceuta animará el voto?

Ante las elecciones del día 23, «la brecha entre las expectativas ciudadanas y el discurso de los partidos resulta más evidente que nunca», escribe Oussama Saadoune en Horra Press. «Mientras la sociedad marroquí evoluciona rápidamente, las estructuras partidistas parecen estancadas y desconectadas de la realidad», asegura.

De hecho, las encuestas ya anunciaban otro fracaso de participación: que sólo votarían una tercera parte de los censados. Pero la crisis de Ceuta ha recalentado la reclamación de soberanía sobre esta ciudad española (y sobre Melilla) y de ese modo se ha reavivado el debate y la campaña electoral. Así ha sido porque los candidatos han preferido olvidar el compromiso que Marruecos y España alcanzaron en 2022 para evitar el uso de reclamaciones unilaterales de soberanía.

En Marruecos lo llaman consolidación de la integridad territorial. La ampliación del apoyo internacional a la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental abre la perspectiva de una nueva fase en el tratamiento del asunto. Según Azzedine Hannoun, profesor de Derecho Público en el Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Ibn Tofail, si esta dinámica continúa, «la próxima legislatura podría verse llamada a acompañar la implementación progresiva de dicha iniciativa, lo que requiere una sólida capacidad institucional, legislativa y territorial».

Aunque puede hablarse del Sáhara y de Ceuta y Melilla y que ello no mueva al voto. «En los cafés se habla de Ceuta, de su impacto en las relaciones con España, pero no de las elecciones. La gente está decepcionada«, se lee en el editorial del semanario marroquí Tel Quel de pasado día 4. Su comentarista político, Abdelá Turabi, considera que «vivimos en un país que los jóvenes quieren abandonar, incluso a riesgo de sus vidas, pues no son capaces de concebir un futuro aquí». Para él, las elecciones se presentan como un “un mero concurso de notables» por hacerse con el poder.

Antes de la crisis de Ceuta, una encuesta realizada por Les Citoyens entre casi 3.000 ciudadanos, que recogió Maroc Diplomatique, reveló una profunda crisis de confianza. Mientras que el 66,6% de los encuestados continuaba viendo el voto como un deber cívico, sólo el 13,6% daba crédito a los resultados electorales. Casi el 80% aseguraba no tener ningún tipo de contacto con los partidos políticos.

Pero es un momento importante para el país. En los próximos cuatro años confluirán en Marruecos la consolidación del Estado social, la aceleración de las infraestructuras vinculadas al Mundial, la gestión del estrés hídrico, la necesidad de mantener el dinamismo industrial y las pendientes reformas en sanidad, educación y protección social.

Nuevo ciclo o continuidad

En ese contexto, ¿abrirán las elecciones un nuevo ciclo político o confirmará las actuales relaciones de poder? El profesor Hannoun considera más probable un escenario de continuidad que un escenario de ruptura, según informa el diario marroquí Le Matin.

Según este profesor de Derecho Público, el RNI es el favorito por su organización territorial, su red de funcionarios electos y su presencia local, que podrían permitirle amortiguar la perdida inherente al ejercicio del poder. En cambio, según él, el PAM está en una posición más frágil. Sin ser marginado, podría ver su relativa erosión del peso, lo que ayudaría a redistribuir los equilibrios dentro de la mayoría en lugar de cuestionar su preeminencia.

El análisis de Hannoun dice que el Partido Istiqalal parece ser el competidor más creíble para dirigir la próxima mayoría, pero si transforma su capital histórico y su poder territorial en dinámica electoral. El PJD podría encontrar parte del electorado perdido en 2021, pero sin llegar a ser la primera fuerza política del país como lo fue en 2011 y 2016.

«A diferencia de otros ciclos electorales marcados por una fuerte polarización ideológica, el panorama de 2026 se caracteriza por una fragmentación política persistente y por la ausencia de una fuerza claramente hegemónica», asegura el medio Marruecom. «El sistema electoral marroquí favorece la representación plural y dificulta las mayorías absolutas, lo que convierte las negociaciones postelectorales y las coaliciones en elementos esenciales de la gobernabilidad», explica.

Pero cabe preguntarse si los marroquíes pueden creer en este Marruecos mientras no sea plenamente democrático. Es lo que se pregunta en Telquel el doctor en Ciencias Políticas, Hamid Derrouich: «¿Puede un país modernizarse durante mucho tiempo sin intermediarios políticos creíbles que traduzcan su avance en leyes, arbitrajes y servicios? ¿Y pueden los partidos recuperar la seriedad allí donde ya han perdido el rigor estratégico? Observamos el estruendo, y es real. Pero el silencio que lo rodea lo es aún más».

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