Publicado: enero 8, 2026, 5:30 am
Enero llega como un soplo de aire frío para las carteras de gran parte de la población. Tras los excesos de las fiestas, la temida cuesta de enero se hace notar en forma de gastos acumulados, facturas al alza y propósitos de año nuevo que chocan con una realidad económica algo afectada por las Navidades.
Para Tamara Galimova, divulgadora financiera y autora de ‘Deja de llorar y empieza a ahorrar’, el gran error no está en estas fechas, sino en la falta de planificación previa. «Es un gasto que sabes perfectamente que va a llegar, igual que pasa en verano o en cualquier otro momento del año, pero no hay presupuesto», explica.
Galimova compara la economía doméstica con la de una gran empresa, donde «hay presupuesto hasta para bolis y lápices», mientras que muchas personas tiran de tarjeta «como si fuera una extensión del sueldo», pese a tener unas finanzas mucho más frágiles. La experta recuerda que, aunque la comida sea cada vez más cara, en las fiestas no se busca el lujo, sino compartir tiempo con la familia, algo que no exige grandes desembolsos: «No hace falta hipotecar enero para quedar bien».
En un país como España, añade, es posible llevar un detalle digno a las comidas sin gastar de más, y el verdadero problema no es el precio, sino «la falta de criterio». Para Galimova, los recuerdos que perduran no cuestan dinero: «dejar el móvil fuera de la mesa, proponer juegos o simplemente conversar».
1. La necesidad de presupuestar
Con la cuesta de enero ya instalada, el foco no debería ponerse en lo que se hizo bien o mal en Navidad, sino en cómo encarar a partir de ahora la resaca financiera. Así lo plantea Tamara Galimova, que descarta de plano las soluciones milagrosas. «Las cosas te llegan por acción o por inacción, pero nunca por sorpresa», afirma, y compara enero con una resaca: «si has bebido demasiado en diciembre toca asumir las consecuencias y si no te gusta cómo te sientes, la solución no es decir ya no bebo nunca más, es aprender a controlarte».
La solución no es decir ya no ‘bebo’ nunca más, es aprender a controlarte
Por eso la experta rechaza parches o trucos rápidos. «Lo que necesitas es orden, salir con la lista de la compra hecha, hacerte un excel con los imprescindibles, menos improvisación y un poquito más de planificación porque en el dinero igual que en la vida el desorden siempre se paga y casi siempre con intereses», concluye.
2. Vigilar los ‘gastos invencibles’
Otro de los grandes enemigos del ahorro durante la cuesta de enero son los llamados «gastos invencibles», que Tamara Galimova compara con los clásicos gastos hormiga: pequeñas cantidades que, una a una, parecen inofensivas, pero que con el paso del tiempo acaban formando una montaña difícil de ignorar. «No hacen daño individualmente, pero el problema llega cuando miras atrás y ves todo lo que has construido sin darte cuenta» explica.
Cafés fuera de casa, compras impulsivas en tiendas de bajo coste o el recurrente «solo es esto, que no es nada» se repiten a diario sin que seamos conscientes de su impacto real. Para la experta, el problema no es prohibirse estos caprichos, sino saber exactamente cuánto dinero se va en ellos, ya que «la mayoría de la gente no tiene un problema de ingresos, sino de desconocimiento del volumen real de esas pequeñas decisiones».
Un café y un cruasán diarios suponen unos 60 euros al mes y 720 euros al año
Galimova pone cifras concretas sobre la mesa para ilustrarlo. Un café y un cruasán diarios por unos tres euros, cinco días a la semana, suponen unos 60 euros al mes y 720 euros al año. «Por un hábito que parece que no es nada, con ese dinero te puedes ir de viaje o pegarte la fiesta padre en diciembre», señala.
A esto se suman suscripciones aparentemente menores —diez euros al mes son 120 euros al año— que muchas personas ni siquiera recuerdan tener activas, y pequeños caprichos diarios de uno o dos euros que, acumulados, pueden alcanzar los 480 euros anuales. Sumando solo estos tres ejemplos, «el gasto supera fácilmente los 1.300 euros al año sin haber realizado ninguna gran compra», explica. Por eso, tomar conciencia de estos gastos es, para la experta, el primer paso para recuperar el control y decidir de forma consciente en qué merece la pena gastar.
3. Afrontar las deudas con un plan
Para quienes arrancan enero con deudas, Tamara Galimova insiste en empezar por asumir una realidad incómoda: «la deuda no desaparece sola y cuanto antes se afronte con un plan, mejor». La divulgadora financiera distingue entre deuda “mala” y deuda “buena”.
La primera es la que no deja nada a cambio y acaba encareciéndose con el tiempo, como las tarjetas de crédito fraccionadas, las compras impulsivas o los pagos aplazados que parecen cómodos hoy pero resultan “carísimos mañana”. Frente a ella, sitúa la deuda bien planteada, como una hipoteca asumible, que se va pagando mientras el activo se «alquila o se usa con sentido», porque, «esa deuda trabaja contigo, no contra ti».
El error más habitual, subraya, no es deber dinero, sino no saber exactamente a quién se debe, cuánto se debe y a qué interés. Por eso recomienda identificar todas las deudas, revisar comisiones y tipos aplicados y priorizar siempre las que tienen intereses más altos, no las más pequeñas ni las que generan mayor carga emocional. “Hay que empezar por las que realmente te sangran a comisiones”, recalca. Para Galimova, contar con un plan es clave: sin él, la deuda manda; con él,»se recupera el control, se marca una fecha límite» y se gana claridad mental sobre cuándo y cómo se saldrá de esa situación.
4. Empezar a ahorrar con cuatro trucos, desde enero
Para Galimova, la verdadera solución para afrontar la cuesta de enero no está en parches ni trucos rápidos, sino en prevenir, planificar y usar todas las herramientas disponibles. Propone empezar con medidas simples pero efectivas, como guardar monedas en un tarro físico, que «parece una tontería hasta que lo vacías y ves cuánto has ahorrado».
También recomienda aprovechar las opciones que ofrecen los bancos, como el redondeo automático: «cada vez que pagues con tarjeta, los céntimos se redondean y se transfieren a una cuenta de ahorro». Incluso se puede elegir el tipo de redondeo, desde céntimos hasta euros completos, para que el ahorro sea automático y constante.
«Guardar las monedas en una hucha parece una tontería hasta que lo vacías»
Otro consejo clave es programar transferencias mensuales a una cuenta de ahorro, aunque sean cantidades pequeñas, como 50 o 60 euros al mes. Lo importante, subraya, no es solo ahorrar, sino asignar un propósito claro a ese dinero porque «el dinero sin propósito se gasta, pero el que tiene un fin se cuida». Este objetivo puede ser experiencias en lugar de objetos: una sesión de fotos familiar, por ejemplo, planificada con antelación, permite disfrutar de recuerdos duraderos sin un gasto excesivo, e incluso se puede pagar en cuotas a lo largo del año.
Finalmente, propone planificar celebraciones de fin de año distintas y económicas, como alquilar una casa entre amigos o familiares con un presupuesto cerrado, para crear experiencias compartidas sin descontrolar las finanzas. La experta insiste: «dar un propósito al dinero y planificar con antelación mantiene la disciplina, permite disfrutar de los frutos del ahorro y genera una sensación de satisfacción duradera.»
5. Cambiar nuestra relación con el dinero
Galimova insiste en que la cuesta de enero no se soluciona con aplicaciones nuevas ni privándose un mes de vivir, sino cambiando la forma en que nos relacionamos con el dinero. «Si todos los años pasa lo mismo, el problema no es enero, es el sistema que tienes montado el resto del año», apunta. El dinero, insiste, refleja nuestras decisiones, no la suerte, y cuando algo no funciona, no se tapa, se revisa.
Su consejo: «menos promesas, más estructura, menos culpa, más responsabilidad, menos improvisación, más planificación, porque al final en finanzas, igual que la vida, los parches solo sirven para llegar al siguiente error y no necesitas sobrevivir enero, lo que necesitas es dejar de repetirlo».
