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León XIV: un Papa muy rentable

Publicado: junio 10, 2026, 3:00 am

Empecemos con unas cifras significativas para situarnos: el 54% de las personas adultas que viven en España se declaran católicas, en el sentido de que creen los postulados y dogmas básicos de la Iglesia de Roma. Creen, además, en la autoridad del Papa, como representante de Dios en la Tierra, para fijar la interpretación verdadera de la doctrina. Estamos hablando de unos 22,5 millones de personas para una población adulta próxima a los 41,5 millones.

Es mucha gente seducida por un líder espiritual y nadie puede extrañarse de que una visita de la máxima autoridad religiosa de esta fe sea un acontecimiento social masivo que no deja a nadie indiferente. Es cierto, que sólo el 18% de la población se declara «católica practicante» y España se ha convertido hoy día en uno de los países más laicos de Europa. Incluso los católicos más creyentes rechazan, en su mayoría, la interferencia de la Iglesia en la política.

Dicho esto, la palabra «rentable» aplicada a un Papa puede sonar poco edificante, incluso irreverente, pero quizá sea una de las formas más realistas de medir el alcance de un pontificado y de un viaje. No hablamos de balances contables ni cotizaciones financieras, sino de algo mucho más difícil de cuantificar: la capacidad de atraer personas, movilizar conciencias y proyectar una imagen positiva sobre quienes lo reciben. En ese sentido, la visita y la influencia de León XIV prometen ser una inversión de extraordinario rendimiento para España.

Cada gran convocatoria papal genera un movimiento masivo de peregrinos, turistas, medios de comunicación y actividad comercial. Hoteles llenos, restaurantes desbordados, transportes funcionando a pleno rendimiento y ciudades convertidas durante unos días en escaparates internacionales. En tiempos en los que los gobiernos celebran cualquier gran evento deportivo o musical por su impacto económico, resulta curioso que a veces se olvide que un Papa puede congregar multitudes que ninguna campaña institucional sería capaz de reunir.

«Los grandes eventos religiosos siguen siendo también importantes motores económicos»

La rentabilidad de León XIV también puede medirse en términos económicos. Según estimaciones difundidas durante su visita a España, una inversión cercana a los 25 millones de euros, que es lo que costará el viaje, podría generar un retorno superior a los 150 millones gracias al turismo, la hostelería, el comercio y los servicios vinculados al acontecimiento. Es un dato que recuerda que los grandes eventos religiosos siguen siendo también importantes motores económicos.

Pero existe una rentabilidad más valiosa todavía: la de la imagen. España aparece ante el mundo no solo como un destino turístico, sino como una nación capaz de acoger acontecimientos de alcance universal, como puede ser una misa en la que casi un millón y medio de ciudadanos sin demasiados reparos se ponen en medio de una calle abarrotada a rezar a Dios. Las cámaras muestran monumentos, paisajes y plazas, pero también una determinada forma de convivencia. Millones de personas descubren o redescubren un país cuya historia, arte y cultura están profundamente vinculados al cristianismo. Es una publicidad global que ninguna agencia podría contratar a semejante escala.

Sin embargo, el verdadero beneficio de un Papa nunca se mide por el número de asistentes, sino por lo que sucede después de que la multitud se dispersa. Una frase acertada puede atravesar fronteras, instalarse en los medios de comunicación y permanecer durante años en la memoria colectiva. Un discurso como el del Congreso de los Diputados puede despertar preguntas incómodas, corregir inercias morales o reavivar la fe adormecida. La rentabilidad de un pontífice se parece poco a la de una empresa: cuanto más remueve las conciencias, mayor es su beneficio social.

Por eso resultaron tan significativas las palabras de Antonio Banderas al referirse a León XIV. El actor malagueño destacó precisamente esa capacidad de convocar y de inspirar, –«confieso haber sido víctima del hechizo de Dios»-, algo que trasciende las categorías políticas o ideológicas. En una época dominada por la fugacidad de las redes sociales y el ruido permanente, no deja de ser llamativo que un señor mayor vestido de blanco siga teniendo el poder de detener la conversación global y «obligar» a millones de personas a escucharle durante unos minutos, aunque no cante reguetón ni rock and roll.

Quizá ahí resida la paradoja de este ‘Papa rentable’. No genera riqueza porque atraiga turistas ni porque ocupe titulares, aunque también lo haga. Su auténtico valor está en producir algo cada vez más escaso: reflexión, esperanza y sentido. Y si un líder consigue que las personas piensen más, vivan mejor y miren más alto, entonces estamos ante una rentabilidad que ni los mercados ni las estadísticas han aprendido todavía a medir.

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