Publicado: enero 17, 2026, 1:23 am
Como ha escrito el profesor Juan José Solozábal en su columna de El Imparcial, «la realidad es que Trump se concibe a sí mismo como un gobernante absoluto, liberado de la ley al modo hobbesiano, en su propósito de asegurar los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos y maximizar sus oportunidades comerciales y económicas» y que no constituye ningún secreto que el verdadero objetivo de su actuación es el control de los recursos naturales -el petróleo, por excelencia- de Venezuela, cuya condición política ha quedado degradada al rango de protectorado, sometido a vigilancia permanente y seguimiento continuo.
Nuestro profesor sostiene que, sin un horizonte democrático verificable, semejante tutela no será un puente, sino un obstáculo y acabará convertida en un eufemismo del gobierno del más fuerte. Porque la recuperación de Venezuela -política, económica y moral, en suma- solo puede sostenerse sobre el consentimiento democrático, lo cual requiere desde este mismo momento la inclusión de la oposición al chavismo y garantizar un proceso de transición abierto a todas las fuerzas políticas y llevado a cabo en libertad.
Deslumbrados por las acciones fulminantes que ha desencadenado el presidente Donald Trump y las que, asegura, van de camino, todos compiten ahora en pronosticar nuevas e imparables aventuras del que consideran todopoderoso, sin entender que su pulverización ya se está incoando, como sucedía en 1978 cuando Hélène Carrère d’Encausse, invitada al Seminario Internacional de Defensa de Toledo por la Asociación de Periodistas Europeos, pronosticaba con 11 años de anticipación en su libro L’Empire éclaté (1978) el final del imperio soviético tras un cuidadoso análisis de las tensiones nacionales surgidas en las repúblicas periféricas que llevarían a la disolución de la URSS.
También Salomé Zourabichvili, asesora del Elíseo en materia de Defensa, afirmó en junio de 2001 que la denominada «guerra limpia» –del todo asimétrica, combatida a distancia y capaz de causar un daño colosal al adversario sin sufrir bajas propias– tendría como respuesta la utilización del más sucio de los terrorismos. Una predicción clarividente, como se vio unos meses después con los atentados de las Torres Gemelas. Después de tantos años de protegernos de la amenaza de los poderosos –dijo entonces Zourabichvili–, convendría empezar a prepararnos para defendernos de los débiles. La amenaza del débil, identificada como riesgo creciente, aportaba una prueba más de la rapidez con que históricamente evolucionan los riesgos.
Luciano Canfora, en su libro Exportar la libertad, sostiene que nadie ama a los misioneros armados y que la guerra siempre es el deseo principal de un gobierno poderoso que quiere volverse todavía más poderoso y que es justamente durante la guerra cuando… el gobierno cubre con un velo impenetrable sus latrocinios y errores y que es precisamente durante la guerra cuando el poder ejecutivo despliega su terrible energía y actúa como una especie de dictadura, que acalla la libertad, y el pueblo olvida las deliberaciones que se refieren a sus derechos civiles y políticos.
