Publicado: diciembre 24, 2025, 5:37 am
Ya se sabe que en política todo lo que sube luego puede bajar a lo más profundo. Lo hemos visto de manera irrefutable en Extremadura donde la izquierda ha confirmado que está en horas bajas, incluso en horas de grandes rebajas. Lo que hemos percibido claramente también este domingo es que el PP se mantiene, prácticamente no crece, y Vox ya no provoca el miedo de antaño, más bien inspira cierta curiosidad burlona, y sube bastante.
Ese es un grave problema para Pedro Sánchez ya que su única coartada para ganar a la derecha en las próximas elecciones generales -que algún día llegarán- pasa por el alarmismo que provoca la presencia de la extrema derecha, aunque paradójicamente no sucede lo mismo con la presencia de la extrema izquierda. Si Abascal y su gente son cada vez más tolerados por el electorado, la estrategia «sanchista» se queda sin fundamento. El líder del PSOE tendrá que reinventarse un nuevo sobresalto político para que tenga éxito si no quiere terminar como su «socio» extremeño, Miguel Ángel Gallardo.
La desgracia de Sánchez puede beneficiar a Feijóo si este sabe interpretar bien los resultados que confirman la subida del PP y el ascenso de Vox. El conflicto de las derechas lo veremos estos días en Extremadura, donde Maria Guardiola soñaba con la mayoría y se ha quedado casi como estaba antes de las elecciones. Lo que significa, que tendrá que volver a negociar para llegar a acuerdos con un Vox crecido, aunque muy lejos de los escaños del PP. Lo que hará Sánchez es poner toda la cizaña que pueda entre las derechas para separar la posible entente de PP y Vox. Es la única salida del PSOE, una vez visto que el partido de Abascal ya no atemoriza a una gran parte del electorado.
«El líder del PSOE tendrá que reinventarse un nuevo sobresalto político para que tenga éxito si no quiere terminar como su socio extremeño»
Lo fundamental será comprobar cómo dos partidos que están en la órbita ideológica de la derecha, pero que no tienen la misma esencia, son capaces de rebajar sus pretensiones y pactar. La situación no es fácil. No lo es en Extremadura ni lo será en futuras elecciones. Requiere tener mano derecha, pero también mano izquierda, y no olvidar que el electorado del PP y de Vox persigue con su voto un mismo objetivo: que Sánchez deje la Moncloa y que la izquierda pase a la oposición. Si PP y Vox no son capaces de ponerse de acuerdo habrán fracasado y ambas partes por igual caerán en desgracia ante sus electores que son una gran mayoría de los votantes, según las encuestas serias.
El análisis de las elecciones del domingo, hay que hacerlo con bisturí de plata y no con hacha de matarife. Buscar el enfrentamiento PP y Vox es un gran error para ambas formaciones. Los dos han salido ganando en estas elecciones, la única que pierde es la izquierda, principalmente el PSOE. Para practicar la buena gobernanza hay que tener la cabeza fría y la inteligencia despierta. Las vanidades políticas si no se atajan a tiempo causan descalabros lamentables que solo benefician al rival, en este caso al «sanchismo». Lo que hay que tener claro es que el PP ha subido y Vox ha doblado, y una acertada unión de ambos puede lograr grandes proyectos políticos. Te puedes amargar por lo poco que te falta, o puedes aprovechar y disfrutar lo mucho que has conseguido. Consiste en buscar el beneficio mutuo, aplicar la estrategia ‘win-win’ donde todas las partes involucradas obtengan beneficios.
«Lo que hará Sánchez es poner toda la cizaña que pueda entre las derechas para separar la posible entente de PP y Vox»
Para interpretar bien los resultados, Feijóo y Abascal deberían actuar como el mito de Ulises y no escuchar los cantos de sirena de algunos medios y de la Moncloa que pretenden separar a las derechas en beneficio de una izquierda «sanchista» en descomposición. PP y Vox no son dos proyectos opuestos e incompatibles, por muy diferentes que sean. PP y Vox son dos partidos distintos que buscan un mismo objetivo por medios muy similares que deberán regular para que converjan de manera menos estridente en futuras coaliciones. En realidad son proyectos complementarios en su concepto de la sociedad, de la convivencia o de la política, con un espacio de encuentro lo suficientemente amplio y maleable. Como ejemplo práctico tenemos el caso italiano de Giorgia Meloni.
Los acuerdos no tienen que ser fáciles, nada lo es en política, pero las muchas ventajas que traen consigo para los votantes conservadores de nuevo y viejo cuño los han de hacer posibles y plausibles. Feijóo y Abascal necesitan aparcar su vanidad y poner sus ambiciones al servicio de la sociedad española, y no de su ego y orgullo. La realidad inteligente exige buscar ventajas en lugar de los rencores.
Las elecciones extremeñas no han servido para gobernar en solitario, y necesitan a Vox, pero sí han servido para demostrar de manera irrefutable el fracaso de una izquierda que no tiene claro adonde va y de paso han servido para ampliar el giro de la política española. Todo esto solo es el principio de lo que se avecina en futuras elecciones. PP y Vox están condenados a tener muy clara una idea antes de ponerse a negociar: son muchos más los intereses que les unen que los inconvenientes que les separan.
