Publicado: julio 25, 2026, 9:24 pm
Los tejidos inteligentes existen desde que un grupo de ingenieros de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) creó un textil basado el plástico que entretejido en la tela conseguía refrescar el cuerpo humano. Desde entonces, otros investigadores han copiado esta idea para regular de forma automática la cantidad de calor que la atraviesa o enfriar la ropa, pero, independientemente de dichas innovaciones que permiten mantener fresquitos a los usuarios, otro grupo de investigadores ha dado un paso más allá para apostar por otro tipo de tejido que pretende monitorizar la salud.
Un estudio publicado en Advanced Functional Materials por los científicos de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson de Harvard (Estados Unidos) revela que han transformado el tejido de punto común en un material programable capaz de cambiar de forma, funcionar como un interruptor eléctrico, detectar el movimiento y sentar las bases de la tecnología vestible del futuro.
Concretamente, la investigación demuestra que los textiles tejidos a máquina pueden cambiar rápidamente entre múltiples formas estables sin depender de motores ni componentes mecánicos rígidos. En otras palabras, estos materiales se comportan menos como prendas de vestir convencionales y más como robots blandos capaces de modificar su estructura.
Este tejido integra hilos elásticos para adoptar formas tridimensionales
El avance se basa en el concepto de multiestabilidad, según el cual un objeto puede adoptar de forma natural más de una configuración estable. Un ejemplo sencillo es un interruptor de luz, ya que no permanece a medio camino entre encendido y apagado, sino que se fija en una de esas dos posiciones. Por lo tanto, el equipo de Harvard ha conseguido aplicar este principio a un tejido capaz de cambiar entre distintas formas.
Para lograrlo, los investigadores utilizaron hilos elásticos y técnicas de tejido industrial, similares a las empleadas para fabricar prendas como gorros, guantes o suéteres. Además, en lugar de utilizar motores, plásticos o piezas rígidas, combinaron distintos tipos de hilos y los colocaron de una forma específica para crear estructuras que pueden curvarse y adoptar formas tridimensionales.
Como resultado, el tejido puede cambiar de forma varias veces y volver siempre a posiciones concretas, como si recordara las formas que puede adoptar. Por lo tanto, esta capacidad podría permitir desarrollar materiales inteligentes y sistemas de robótica blanda capaces de moverse y adaptarse sin necesidad de motores ni componentes mecánicos rígidos.
Así fueron las primeras pruebas
El equipo no se limitó a crear un tejido capaz de cambiar de forma, sino que también demostró algunas de sus posibles aplicaciones prácticas. Para ello, los investigadores integraron hilos conductores en el material, lo que permitió que el tejido funcionara como un interruptor eléctrico flexible.
Por ejemplo, al colocarlo sobre la rodilla o el codo, el tejido podía detectar cada movimiento y registrar los cambios de forma. Cada ‘chasquido’ activaba una señal que se enviaba a un controlador Arduino, capaz de contar los pasos, de esta forma, el textil podía convertir los movimientos del cuerpo en datos sin necesidad de utilizar sensores rígidos o dispositivos electrónicos convencionales.
Posibles usos
La visión a largo plazo de los investigadores es aún más ambiciosa. El objetivo es desarrollar tejidos capaces de monitorizar de forma discreta el movimiento del cuerpo, proporcionar información táctil, reaccionar a los cambios del entorno o incluso transformarse físicamente en nuevas formas cuando sea necesario.
Aunque los textiles inteligentes llevan años en desarrollo, muchos de ellos dependen de sensores rígidos y componentes electrónicos voluminosos integrados en la tela. Por lo tanto, el enfoque del equipo de Harvard plantea una posibilidad diferente: que el propio tejido sea capaz de actuar como la tecnología, sin depender de tantos elementos externos.
Este cambio podría tener importantes aplicaciones en el futuro, desde dispositivos portátiles capaces de monitorizar la salud de forma más cómoda hasta muebles adaptativos e interiores interactivos que puedan modificar su forma en función de las necesidades de las personas o de las condiciones del entorno.
