Publicado: enero 7, 2026, 1:23 pm
La mañana de Reyes suele vivirse como uno de los momentos más esperados del año para los más pequeños. Ilusión, nervios, regalos y una atención constante convierten ese día en un pico emocional difícil de igualar. Sin embargo, lo que para los adultos es una celebración feliz, en muchos niños tiene un efecto completamente inesperado como irritabilidad, rabietas más frecuentes, nerviosismo o incluso apatía.
A este fenómeno se le conoce como «resaca emocional de Reyes». El psicólogo Jorge Buenavida explica que estas reacciones no deben interpretarse, en la mayoría de los casos, como un problema de conducta. Se trata más bien de una dificultad puntual para reajustarse tras el cierre de un periodo de alta intensidad emocional. Durante semanas, los niños viven inmersos en la anticipación, lo que genera demasiados estímulos y ansiedad en los menores.
El regreso a la «normalidad»
Cuando la fiesta termina los pequeños experimentan una bajón emocional. «En la infancia, la anticipación tiene un peso relevante. Cuando desaparece de golpe, puede aparecer un descenso del estado de ánimo que se manifiesta en forma de irritabilidad o menor tolerancia a la frustración. Si además existe cansancio acumulado, la regulación emocional resulta más compleja», explica Buenavida.
A este reajuste se suma otro factor clave, el exceso de estímulos. Recibir muchos juguetes de golpe o prolongar el tiempo de juego sin pausas puede generar una sobreexcitación difícil de manejar. En lugar de disfrute, aparece la frustración, ya que al niño le cuesta elegir, concentrarse o sacar verdadero partido a lo que tiene delante.
Por ello, el experto recomienda reducir la cantidad de regalos, jugar juntos y poner palabras a lo que se siente para amortiguar ese descenso emocional tras Reyes. «Priorizar menos regalos y acompañarlos de tiempo compartido favorece una experiencia más rica desde el punto de vista emocional, ya que el valor del juguete no reside solo en el objeto, sino en la interacción durante el juego», señala.
Además, las vacaciones suelen romper rutinas fundamentales para el equilibrio infantil. Dormir menos horas, alterar los horarios de comidas o reducir los momentos de calma influye directamente en la capacidad de autorregulación. Pero sin alarmarse, en la mayoría de los casos, este proceso se resuelve por sí solo.
Cuidado con la «anestesia del deseo»
Desde la neuropsicología, la docente María José García-Rubio introduce otro concepto clave, la llamada «anestesia del deseo». Este fenómeno aparece cuando hay muchos estímulos gratificantes, como regalos que terminan reduciendo la capacidad de disfrute. «Se trata de la sobreexposición que reduce la sensibilidad del sistema de recompensa del niño», explica.
A nivel cerebral, la avalancha de regalos provoca inicialmente un fuerte impacto. «A corto plazo se produce un ‘pico dopaminérgico intenso’ asociado a la novedad». Sin embargo, cuando los estímulos son excesivos, el cerebro deja de percibirlos como algo especial. «El sistema dopaminérgico se adapta y la respuesta de placer se atenúa». El resultado es una búsqueda constante de más estímulos, pero con menos satisfacción.
La solución no pasa por eliminar los regalos, sino por devolverles significado. «Menos es más cuando se acompaña de significado», resume García-Rubio. Priorizar experiencias compartidas, tiempo de calidad o actividades culturales activa circuitos cerebrales más estables, vinculados a la conexión social y la autorregulación emocional.
