Publicado: mayo 21, 2026, 8:23 pm
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Detrás de cada modelo de lenguaje, cada centro de datos y cada dispositivo dotado de inteligencia artificial hay una creciente demanda de chips que presiona a la industria de los semiconductores, la cual vive una paradoja peculiar, pues nunca había ganado tanto dinero y nunca había estado tan al borde del abismo. Ricardo Anaya, gerente de producto y business development manager de Qualcomm para México y Latinoamérica, no esquiva el tema cuando se le pregunta por las presiones en la cadena de suministro global. «Claro que hay presión», admite sin rodeos, pero inmediatamente matiza al decir que Qualcomm lleva años preparándose para exactamente este escenario.
Un mercado que no para de crecer
La advertencia de Qualcomm coincide con lo que otros actores de la industria comenzaron a reconocer públicamente. Esta misma semana, en declaraciones a Reuters, Christophe Fouquet, CEO de ASML, afirmó que el mercado global de semiconductores seguirá enfrentando un escenario de “tight supply” o suministro restringido debido al auge de la inteligencia artificial. El directivo anticipó cuellos de botella recurrentes conforme aumente la demanda de chips para centros de datos, robótica y nuevas aplicaciones de IA, pese a que fabricantes y proveedores aceleran sus planes de expansión Según proyecciones de Gartner, los ingresos mundiales del sector de los semiconductores superarán los 1.3 billones de dólares en 2026, el mayor crecimiento registrado en las últimas dos décadas. Se espera que la industria alcance un tercer año consecutivo de crecimiento de dos dígitos, con un incremento proyectado del 64% en ingresos totales. En el segmento de memoria, las cifras son aún más llamativas, los precios de la DRAM podrían subir hasta un 125% en el año, mientras que la memoria flash NAND podría encarecer un 234%. Esta espiral inflacionaria, que en el sector ya se conoce como «memflación», no se prevé que se modere de forma significativa sino hasta finales de 2027. Rajeev Rajput, analista principal senior de Gartner , lo atribuye a tres motores que se retroalimentan: la demanda creciente de procesamiento para aplicaciones de IA, la expansión de redes y consumo energético en centros de datos, y el encarecimiento generalizado de la memoria. «Se prevé que la industria de los semiconductores alcance un tercer año consecutivo de crecimiento de dos dígitos en 2026, un hito que subraya el papel fundamental del sector en la pila tecnológica de la IA», señala Rajput. Pero el crecimiento no llega sin riesgos, la consultora Deloitte advierte que la industria ha apostado casi todo a la inteligencia artificial, lo que la hace vulnerable si esa demanda se modera o contrae. Si el auge de la IA se mantiene, el sector cosechará beneficios sin precedente, pero si aminora, la sobreexpansión podría pasar una factura considerable. Un análisis de la firma de investigación Epoch AI muestra que el cuello de botella ya no está únicamente en la fabricación tradicional de chips, sino en componentes especializados indispensables para la inteligencia artificial. De acuerdo con la organización, Nvidia, Google, AMD y Amazon consumieron cerca del 90% de la capacidad global de empaquetado avanzado CoWoS y de memoria HBM (memoria de alto ancho de banda) en 2025, mientras que sólo representaron alrededor del 12% de la producción mundial de nodos lógicos avanzados.
El modelo sin fábrica como escudo
De acuerdo con Anaya, Qualcomm opera bajo el modelo conocido como fabless , es decir, diseña chips de alta complejidad pero no los manufactura directamente. En cambio, contrata la producción con diferentes fabricantes especializados, lo que le permite distribuir el riesgo y no depender de una sola línea de producción. «Qualcomm es sin fábrica. Nosotros desarrollamos, le damos (el diseño) y le decimos (a los fabricantes), aquí hay varias empresas que son las que lo hacen. Entonces, tú haces tantos para ASUS, para Motorola, Samsung, Xiaomi, Honor, los autos, para Cisco, para todos», explica. Este modelo no elimina la exposición a las turbulencias del mercado, pero sí la amortigua. Cuando un proveedor enfrenta problemas de capacidad, Qualcomm puede redirigir pedidos a otro socio manufacturero. La empresa sostiene que, pese a las presiones externas, ha mantenido sus compromisos de entrega intactos. «No hemos tenido ni una sola variación en nuestro producto», asegura Anaya. «Y hemos comprobado que si decimos que vamos a hacer tanto, se hace tanto». La estrategia de anticipación también juega un papel central para la empresa, pues ésta invierte en análisis de mercado para proyectar con antelación cómo se moverá la demanda y ajustar su cadena de suministro en consecuencia. Se trata de un ejercicio de previsión que la empresa realiza de forma sistemática y que, según Anaya, le ha permitido navegar episodios de escasez que dejaron a otros actores del sector sin inventario. Más allá de los chips actuales, Qualcomm anticipa un cambio estructural en la arquitectura de la inteligencia artificial que rediseñará, también, el mapa de la demanda de semiconductores. Hoy, buena parte del procesamiento de IA ocurre en la nube, en centros de datos masivos que consumen cantidades crecientes de energía y ancho de banda, pero esa infraestructura tiene un límite físico. «Los servidores son finitos. Es caro en energía, es caro en procesamiento, es caro en transporte. Entonces nosotros sabemos que tenemos que movernos más hacia el edge , por eso estamos enfocándonos en hacer estas cosas, porque al rato no va a haber capacidad en los servidores para inteligencia artificial», dice Anaya.
Esta convicción es la que orienta las apuestas tecnológicas de la empresa, sus procesadores más recientes integran unidades de procesamiento neuronal (NPU) capaces de ejecutar tareas de IA directamente en el dispositivo, sin necesidad de conectarse a servidores remotos. «Que trabajen juntos, eso es lo que estamos haciendo (…) Hay mucha competencia que se enfoca en el CPU. Hay empresas que hacen GPUs muy poderosos. En la parte de las unidades neuronales, ahí es donde ahorita estamos llevándonos. Pero que trabajen juntos, eso es lo que estamos haciendo, donde integramos todo esto», comenta Anaya. Esta integración no se limita al hardware, Qualcomm trabaja de forma estrecha con fabricantes de dispositivos, desarrolladores de software, estudios de videojuegos y plataformas como Microsoft para optimizar el rendimiento a nivel de kernel, de drivers y de aplicaciones. Los estándares de codificación de video que usan Netflix, YouTube, HBO y otras plataformas de streaming llevan ADN de Qualcomm. Cerca de 300 millones de automóviles en todo el mundo incorporan algún chip diseñado por la empresa. Y en el extremo más exótico del portafolio, el helicóptero Ingenuity de la NASA, el primero en volar en Marte, utilizó una plataforma desarrollada originalmente por Qualcomm para smartphones. Qualcomm, con su modelo distribuido y su apuesta por la IA en el dispositivo, busca posicionarse como una de las empresas mejor preparadas para ese escenario incierto. «Estamos preparados. Sabemos justamente dónde vamos.»
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