La guerra de Irán acerca a Trump a sus objetivos y desplaza el coste a sus grandes competidores - Estados Unidos (ES)
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La guerra de Irán acerca a Trump a sus objetivos y desplaza el coste a sus grandes competidores

Publicado: abril 12, 2026, 6:54 am

Trump ha perdido crédito ante el mercado como emisor de señales fiables, pero eso no significa que haya dejado de avanzar. La desconfianza de las bolsas mide una cosa y el reparto del daño económico, otra. Mientras Wall Street se ha vuelto más escéptico ante una secuencia de mensajes contradictorios sobre Irán, la presión real del conflicto empieza a concentrarse fuera de Estados Unidos, en economías mucho más expuestas al crudo del Golfo, a los fertilizantes de la región y a las rutas marítimas que atraviesan Ormuz.

Por ese estrecho circula habitualmente cerca del 20% del petróleo y gas mundial, de modo que cualquier bloqueo parcial altera mucho más que el precio del barril. En los momentos de mayor tensión, han llegado a acumularse unos 200 petroleros con 130 millones de barriles de crudo y otros 46 millones de barriles refinados esperando salida.

A eso se suma un encarecimiento de las primas de seguro en zonas de conflicto que ha llegado a multiplicarse por cuatro y un aumento de los costes de transporte de hasta el 70% en determinados tramos. El shock es logístico, financiero, y empieza a golpear con más fuerza a economías como China, cuya dependencia del crudo del Golfo convierte el cierre de Ormuz en un problema de costes, suministro y tiempo.

El ‘shock’ golpea a Asia y Europa

Bruegel, un think tank económico europeo con sede en Bruselas, sitúa en al menos 5,4 millones de barriles diarios el volumen de importaciones chinas del Golfo que depende de Ormuz, una cifra que duplica al menos sus compras de crudo ruso. India ha tenido que reaccionar elevando un 11,6% el subsidio a fertilizantes tras un encarecimiento cercano al 20% en productos como el DAP. En Asia, los fertilizantes pueden representar hasta el 30% o incluso el 40% del coste agrícola en determinados cultivos, de modo que cualquier encarecimiento se amplifica rápidamente en toda la cadena.

Algo parecido ocurre en Corea del Sur, donde alrededor del 61% del crudo y el 54% de la nafta importados pasan por la ruta de Ormuz. Además, Seúl ha tenido que asegurar cuatro meses de helio para su industria de semiconductores y buscar 110 millones de barriles alternativos para abril y mayo en 17 países, entre ellos Estados Unidos, Brasil y Canadá.

En Europa, sectores como la industria química, que consume cerca del 15% del gas, vuelven a situarse entre los más sensibles a un nuevo episodio de energía cara. El aumento de los tiempos de transporte entre 7 y 15 días en rutas alternativas obliga además a elevar inventarios y tensiona la financiación operativa de las empresas, de forma que el impacto deja de ser puntual y empieza a extenderse sobre costes, márgenes y capital circulante.

La empresa energética austriaca OMV asegura que los precios más altos compensaban parte del daño, pero aun así esperaba un recorte de 100 millones de euros en beneficios trimestrales por disrupciones de suministro y otros 150 millones por menores márgenes comerciales. Italia, además, reconoció el fuerte impacto energético del bloqueo sobre Europa y especialmente sobre su propia economía.

EEUU, desde una posición distinta

El país mantiene un superávit comercial energético anualizado cercano a los 100.000 millones de dólares en los últimos doce meses, una diferencia esencial respecto a crisis anteriores. Un petróleo más caro sigue generando inflación, volatilidad y ruido político, pero el efecto macro agregado es hoy menor que en 2007 o 2008 porque una parte del shock se absorbe como ingreso para el propio sistema energético estadounidense. Ahí es donde la pérdida de confianza del mercado en Trump deja de coincidir automáticamente con el balance económico del episodio.

Sin embargo, la traslación a resultados empresariales también es desigual. Según varias estimaciones del mercado, Exxon aumentará en 1.400 millones de dólares el negocio de exploración y producción (upstream) por la subida del crudo y del gas, aunque acompañado de un impacto negativo de 5.300 millones en refino y distribución (downstream) por desajustes en derivados y entregas no realizadas. Ni siquiera dentro de Estados Unidos hay un beneficio lineal.

Las bolsas pueden desconfiar de los mensajes de Trump, y, al mismo tiempo, el conflicto puede estar desplazando costes hacia sus grandes competidores. Una posición de fuerza frente a economías que parten de una posición más frágil.

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