La guerra de Gaza, enquistada y pendiente de las urnas en Israel y Palestina: "Se ha convertido en un conflicto de baja intensidad" - Estados Unidos (ES)
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La guerra de Gaza, enquistada y pendiente de las urnas en Israel y Palestina: «Se ha convertido en un conflicto de baja intensidad»

Publicado: octubre 7, 2026, 4:23 am

La guerra de Gaza cumple tres años y, aunque poco a poco ha ido perdiendo protagonismo en la prensa internacional, el conflicto sigue latente. Las bombas de la aviación israelí han dejado de caer de forma masiva sobre una Franja reducida a escombros, pero los combates y escaramuzas siguen produciéndose casi a diario y el plan de paz previsto por Donald Trump en 2025 se encuentra estancado.

Por un lado, Hamás no se ha desarmado y, por el otro, el ejército de Israel sigue sin retirarse completamente del enclave palestino, dos condiciones sine qua non convertidas ahora en obstáculos insalvables para seguir avanzando hacia una paz que Trump presentó al mundo hace ya un año, con pompa y fastuosidad, en el balneario egipcio de Sharm el Sheij.

«Hay una situación de bloqueo porque Netanyahu exige que Hamás entregue las armas antes de cualquier retirada del ejército israelí, y Hamás exige la retirada completa antes de desarmarse. Es un toma y daca y las negociaciones llevan así estancadas desde hace meses, con la Franja de Gaza partida en dos porque Israel controla todo el perímetro exterior de la Línea Amarilla y Hamás, aunque ha sido descabezada y militarmente diezmada, conserva el control del territorio interior», explica Sonia Sánchez, investigadora del Real Instituto Elcano especializada en Oriente Medio y vicedecana de Internacionalización de la Universidad Francisco de Vitoria.

La primera fase del ‘plan Trump’ se completó a principios de este año con la entrega a Israel de todos los rehenes que permanecían secuestrados por Hamás, vivos y muertos, a cambio de la excarcelación de miles de presos palestinos. Esa fase podría calificarse de éxito porque también permitió un alto el fuego temporal, la retirada parcial de las tropas israelíes hasta la Línea Amarilla y la entrada de ayuda humanitaria a la Franja.

Pero la segunda fase, la más espinosa, nunca se ha llegado a implementar. El Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), el grupo de tecnócratas designado para administrar la Franja, sigue operando desde El Cairo de forma provisional y la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) prevista aún no ha podido desplegar efectivos sobre el terreno. «La Junta de Paz que preside el propio Trump y el Comité para la administración de Gaza siguen en pie sobre el papel y existe un plan de reconstrucción de la Franja, con muchos millones presupuestados, pero sin un alto el fuego real, estos organismos pierden su razón de ser porque no tienen ninguna capacidad real de acción», dice Sánchez.

Hamás anunció en verano su disolución y la entrega del poder al comité de tecnócratas, pero la profesora subraya que solo fue «una escenificación» de la milicia islamista: «Su estrategia siempre ha consistido en hacer que Israel pague un precio político y en trasladarle la responsabilidad de que el acuerdo de paz no avance, pero esa declaración que hizo en verano no ha tenido ninguna repercusión real sobre el terreno, ya que no ha entregado las armas».

La crisis humanitaria sigue arraigada en Gaza

«La guerra de Gaza se ha convertido en un conflicto de baja intensidad. Ya no hay bombardeos diarios de Israel, pero Hamás está planteando una guerra de desgaste contra su adversario, e Israel, como potencia ocupante, está haciendo incursiones cuando ve una ventana de oportunidad para descabezar alguna célula de Hamás y luego vuelve a retirarse hacia la Línea Amarilla. Sin un alto el fuego real, no se dan las garantías mínimas de seguridad para iniciar ningún proceso de reconstrucción», añade.

Ya no hay bombardeos diarios, pero Hamás está planteando una guerra de desgaste contra su adversario, e Israel, como potencia ocupante, está haciendo incursiones cuando ve una ventana para descabezar células

Mientras Israel y Hamás se culpan mutuamente de obstaculizar el proceso, la crisis humanitaria se mantiene arraigada en el interior de Gaza. A pesar de que la ayuda humanitaria ha comenzado a fluir, siempre bajo control israelí, la ONU advierte que sigue siendo insuficiente y solo asegura «condiciones básicas de supervivencia». Naciones Unidas denuncia, además, que las condiciones de agua, saneamiento e higiene «siguen siendo críticas» debido a las graves limitaciones de infraestructura, y la UNRWA subraya que las condiciones podrían empeorar considerablemente ahora que se acerca el invierno.

A la situación de estancamiento también contribuye la pérdida de interés por parte de Estados Unidos. Después de lograr la foto de la firma de un acuerdo de paz hace un año, Trump parece ahora más pendiente del nuevo frente abierto en la guerra con Irán y de sus elecciones de mitad de mandato, el primer martes de noviembre, unas midterm elections que medirán la opinión de los americanos sobre su gestión y, desde luego, sobre su política exterior.

Las elecciones pueden ser determinantes para la guerra

Con ese escenario de fondo, el conflicto se encuentra en una situación de impasse o punto muerto, a la espera también de lo que pueda ocurrir en las cercanas elecciones que se van a celebrar en Israel, el próximo 27 de octubre; y en Palestina, el 28 de noviembre. Dos citas con las urnas que pueden dibujar un nuevo escenario político de cara al futuro o profundizar en el distanciamiento entre las partes.

En Israel poco parece que vaya a cambiar el panorama porque el primer ministro, Benjamin Netanyahu, podría resultar reelegido y su principal rival, el exjefe del Estado Mayor del Ejército de Israel, Gadi Eisenkot, es también partidario de la línea dura contra Hamás y ha respaldado las operaciones militares en la Franja.

«Netanyahu ya ha conseguido algo que parecía imposible el día después de los ataques del 7 de octubre y es haber llegado vivo políticamente a las siguientes elecciones sin haber asumido ninguna responsabilidad por los fallos de seguridad de aquella jornada. No solo eso, su narrativa de mano dura, de priorizar la seguridad de Israel por encima de todo, y sus campañas contra Hamás, Hezbolá e Irán le han permitido recuperar popularidad», dice Sonia.

En ese sentido, Netanyahu lleva semanas alertando sobre un posible ataque contra Israel antes de las elecciones, una estrategia que algunos analistas entienden como parte de su campaña electoral: «Le interesa crear esa sensación de tensión porque sabe que cuando hay una amenaza existencial para Israel, la población se une detrás de la bandera y pospone cualquier rendición de cuentas. Prima la unidad y la seguridad nacional frente a otros intereses».

Sin embargo, el intento de secuestro del avión de Flydubai con pasajeros israelíes, que este miércoles tuvo que aterrizar de emergencia en Arabia Saudí, parece haberle dado la razón y ha reforzado aún más su candidatura: el propio Netanyahu recibió con honores en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv a uno de los pasajeros israelíes que se enfrentó al copiloto que intentó apoderarse del avión.

«Los sondeos muestran que la victoria va a estar muy ajustada, pero la oposición, el bloque anti-Netanyahu, tiene un problema y es que necesita formar una coalición de gobierno con los partidos árabes y eso va a ser muy complicado», añade Sánchez. Aun así, la figura de Eisenkot también ha ido ganando popularidad entre los israelíes: «Está atacando a la línea de flotación de Netanyahu por los fallos de seguridad que hubo el 7 de octubre y también por su distanciamiento con Trump, ya que Israel sigue dependiendo militarmente del paraguas norteamericano».

No obstante, incide en que una derrota de Netanyahu tampoco sería sinónimo de avances en el plan de paz: «Eisenkot representa a la centroderecha. Es cierto que es más pragmático y abierto al diálogo que Netanyahu, sobre todo porque no está sometido a partidos extremistas del sionismo religioso, pero ambos comparten la misma idea de primar la seguridad de Israel. Aunque su postura pueda ser más negociadora, mantiene unas líneas rojas y es muy poco probable que acceda a retirar las tropas de Gaza mientras no existan garantías de seguridad para Israel».

Inciertas elecciones en Palestina

Palestina también votará por primera vez en 20 años en unas elecciones legislativas y el resultado que podría salir de las urnas es todavía más incierto. Marwan Barghouti, el líder de Fatah preso en Israel, goza de un gran apoyo entre la población y disputa la candidatura del partido a la línea oficialista de Mahmoud Abbas, muy desgastada tras dos décadas al frente de la ANP.

«Siempre se ha hablado de Marwan Barghouti como el sucesor de Abbas porque es la figura que más apoyo popular aglutina, por su coherencia y por su capacidad de resistencia. Para muchos es un héroe nacional porque está pagando el precio de su libertad para defender los derechos de los palestinos», afirma la analista. «Barghouti también conseguiría aunar en una sola persona las dos corrientes extremas, la de la resistencia armada frente a Israel que defiende Hamás, y la del consenso y el diálogo, pero veo muy complicado que pueda liderar realmente una candidatura desde la cárcel», subraya.

«Por otra parte, los palestinos cada vez confían menos en la Autoridad Palestina porque Fatah lleva gobernando muchos años mediante redes clientelares, nepotismo y corrupción. Si quieres hacer algo en Cisjordania, tienes que ser de Fatah y la gente ya está cansada. Además, la población ha visto que su vida tampoco ha mejorado demasiado con la línea moderada que ha defendido Abbas y puede volcarse hacia opciones más extremistas. Israel, con su política de hostigamiento, tampoco ha contribuido al éxito de la línea moderada», apunta.

Frente a esa vía, Hamás y Yihad Islámica han anunciado su intención de formar una coalición para concurrir juntos a las elecciones, una alianza que incluye al disidente de Fatah Mohamed Dahlan. No obstante, habrá que ver si la Autoridad Nacional Palestina autoriza una lista con Hamás, que ya fue excluido de las municipales celebradas en abril: «Es difícil medir el grado de apoyo que tendría Hamás, pero hay sondeos que muestran que está pagando el desgaste de la guerra porque la gente ha sufrido mucho en Gaza. Hamás ha perdido ese apoyo mayoritario que tenía antes».

En todo caso, la profesora destaca la «anomalía» de unas elecciones palestinas, ya que no se dan las garantías mínimas para asegurar la legitimidad de los sufragios: «Se pueden maquillar de democracia, pero la realidad es que la mitad de Gaza está ocupada militarmente por una potencia extranjera y la otra mitad está controlada por una milicia islamista, que, además, son quienes se encargan de distribuir la ayuda humanitaria. Cuando la población depende de esos dos actores para su propia subsistencia, es muy difícil que pueda votar libremente».

«En Cisjordania también se da una situación anómala porque se producen enfrentamientos constantes con los colonos y hay poblaciones enteras sitiadas por el ejército israelí. No hay garantías de una prensa libre, de que los candidatos puedan hacer campaña o de que la gente pueda votar sin coacciones», expone la analista.

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