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La falta de sueño aumenta el hambre emocional, según los expertos

Publicado: diciembre 29, 2025, 5:23 pm

Las emociones juegan un rol fundamental en la cantidad, calidad y velocidad de alimentos que ingerimos. En concreto las navidades someten a la mayoría de las personas a momentos de estrés y tristeza que, en ocasiones, provocan que se haga uso de la comida como herramienta de gestión emocional. Y ahí es donde radica el gran problema, según comienza explicando Gema Cabañero, directora de la firma nutricosmética 180 The Concept.

Los expertos de Piko Studios, por su parte, afirman que «la falta de sueño que suele sobrevenir durante esta época de mil reuniones familiares y con amigos, viajes, etc. hace que aumente considerablemente la fatiga y, con ella, el hambre emocional que, a su vez, alimenta a la falta de motivación y a la procrastinación. Es como la pescadilla que se muerde la cola, y si no hacemos nada para dormir mejor (pasear, por ejemplo), los kilos se van a ir acumulando».

Diferencias entre el hambre físico y el hambre emocional

Gema Cabañero considera que «estas fiestas en las que estamos plenamente inmersos ya ponen a nuestro alcance una gran variedad de alimentos ricos en grasa, y con un elevado contenido en azúcares refinados. En un primer momento, estas ingestas hacen que sintamos alivio en cuanto a las tensiones o las emociones que nos preocupan, puesto que ante el estrés, el organismo responde produciendo más cortisol y generando esa necesidad de azúcar rápido».

Para no ganar peso, y en este complejo contexto ‘en bucle’, la experta señala que es muy importante saber diferenciar entre el hambre físico y el hambre emocional. «Para conseguirlo es imprescindible que, cuando sintamos ganas de comer, nos detengamos un momento y nos hagamos una serie de preguntas del tipo de ‘¿realmente tengo hambre si hace menos de una hora que he comido?’, ‘realmente quiero comerme esto o es solo un impulso?».

También conseguiremos evitar el picoteo si seguimos estos otros consejos de Cabañero: «Para tener una buena relación con la comida es clave que no pensemos en alimentos sanos o no sanos, puesto que esta clasificación puede introducir el elemento ‘prohibición’, con la consiguiente frustración seguida del atracón«. Aparte, Gema considera que «en ocasiones, nosotros mismos nos autocensuramos y originamos el problema, provocando desequilibrio nutricional y que el cuerpo responda con la sensación de hambre ante la búsqueda de esos nutrientes que le faltan».

¿Cómo influye el sueño en la ganancia (o no) de peso?

Gema Cabañero asegura que «los estados de estrés y nerviosismo que conllevan estas fiestas suelen tener como consecuencia la alteración de los patrones naturales del sueño. Esta circunstancia puede afectar negativamente a las hormonas relacionadas con el hambre como son la leptina y la grelina, haciendo que no seamos realmente conscientes de la sensación de saciedad».

Otra experta, esta vez la psicóloga Ana Morales, advierte que «un cuerpo cansado funciona en modo supervivencia, y cuando activamos ese modo… la comida deja de ser alimento y se convierte en un salvavidas emocional. Cuando no duermes bien, el cerebro interpreta que algo va mal y activa señales de emergencia. Sube la grelina, la hormona que dispara el apetito, y baja la leptina, la que te dice ‘basta'».

¿El resultado? «Más hambre, menos saciedad y un cerebro que pasa el día pidiendo energía rápida. Pan, azúcar, chocolate… no porque ‘te portes mal’, sino porque el cuerpo busca gasolina inmediata. La ecuación es sencilla: cuanto menos duermes, más hambre tienes y más difícil es parar. Para solucionarlo, debes saber que el círculo no se rompe controlando más lo que comes, sino cuidando mejor cómo descansas«.

Estretegia definitiva para ‘mantener el tipo’ en Navidad

Desde Piko Studios, los expertos en entrenamiento hacen algunas recomendaciones para evitar el hambre emocional y, con él, que la báscula aumente el peso. Lo primero, sería priorizar el movimiento. «Durante las fiestas, con mantenernos está bien, por lo que dos sesiones semanales de 45 minutos deberían ser suficiente para conservar la fuerza, la energía y el tono muscular que hemos trabajado durante el año. También caminar a buen ritmo es una alternativa interesante«.

Planificar un entrenamiento exprés con intención, de 20 minutos, hará que movamos todo el cuerpo a base de sentadillas, flexiones, peso muerto y planchas frontales. «Puesto que el cuerpo agradece el equilibrio, no tires la toalla (‘ya que me he pasado, vuelvo con todo en enero’) y muévete, disfruta de la compañía y también descansa».

Desde Piko Studio aseguran que «quienes mejor mantienen la forma física durante las navidades son aquellos que aplican estas 3 reglas: Reducir sin abandonar; priorizar la calidad antes que la cantidad; y planificar los entrenamientos con día y hora. Es mejor dos entrenos por semana bien ejecutados que la promesa de entrenar cinco, y nunca hacerlo. Para finalizar, los profesionales sugieren apostar por los ejercicios de fuerza para no sentir que hemos retrocedido en el camino del bienestar».

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