Publicado: noviembre 8, 2026, 3:00 am
Los bancos europeos han recuperado en apenas cinco sesiones buena parte del terreno perdido durante la última tormenta bursátil. El Euro Stoxx Banks rebota cerca de un 5,8% desde el pasado 30 de octubre, coincidiendo con una relajación de las tensiones en el mercado de bonos. Sin embargo, todavía acumula una caída cercana al 9% en tres meses y hay algo que no ha cambiado. Las entidades siguen teniendo enormes cantidades de deuda pública en sus balances, precisamente cuando las finanzas de algunos gobiernos europeos atraviesan uno de sus momentos más delicados. ¿Ha pasado realmente el peligro o los mercados se han tranquilizado demasiado pronto?
Parte de ese optimismo responde a la caída de los precios energéticos y a la menor presión sobre los bonos. Según CaixaBank Research, las señales de negociación entre Estados Unidos e Irán provocaron un descenso cercano al 10% del petróleo, favoreciendo a los mercados financieros. Sin embargo, las dificultades presupuestarias de Francia, uno de los principales focos de las turbulencias de octubre, siguen sin resolverse y los bancos europeos están cada vez más expuestos a este tipo de problemas.
Según los últimos datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), sus tenencias de bonos soberanos dentro de las reservas de activos líquidos aumentaron un 8,7% durante el primer semestre de 2026, prolongando una tendencia que ya había llevado su exposición total a la deuda pública hasta los 4,18 billones de euros al cierre de 2025. Una creciente dependencia de los Estados que vuelve a plantear otra cuestión: ¿por qué los bancos siguen comprando deuda pública cuando aumentan las dudas sobre la capacidad de algunos gobiernos para controlar sus finanzas?
El regreso del riesgo
Durante años, los bonos soberanos han permitido a los bancos obtener ingresos relativamente estables y mantener activos considerados seguros por los reguladores. Además, la retirada del Banco Central Europeo como gran comprador de deuda ha dejado más espacio a las entidades financieras para adquirir estos títulos. La operación resulta atractiva mientras los gobiernos pueden financiarse sin dificultades. Sin embargo, cuando los intereses de los nuevos bonos suben, los antiguos pierden valor y los bancos pueden verse obligados a asumir pérdidas si necesitan venderlos.
Ese mecanismo ya provocó enormes dificultades durante la crisis del euro entre 2010 y 2012. Los bancos habían prestado grandes cantidades de dinero a sus propios gobiernos y, cuando los mercados empezaron a desconfiar de las cuentas públicas, las pérdidas debilitaron sus balances. Algunos Estados tuvieron que intervenir para rescatar entidades financieras, agravando sus problemas presupuestarios. Quince años después, la EBA vuelve a advertir de que el aumento de las carteras soberanas ha hecho a los bancos más sensibles a nuevas subidas de las rentabilidades de los bonos.
La distribución de ese riesgo presenta, además, diferencias importantes. Según el Banco de España, los bonos soberanos representan el 52% de las carteras de valores de los bancos italianos, el porcentaje más elevado entre las principales economías del euro. España ocupa el segundo puesto, mientras Alemania se sitúa en el 17,2%. Sin embargo, los mayores castigos bursátiles recientes no se han producido en Italia, sino en Francia, donde BNP Paribas, Société Générale y Crédit Agricole sufrieron caídas cercanas al 17% durante las seis semanas anteriores al 21 de octubre.
Francia cambia las reglas
Sin embargo, el castigo a los bancos franceses esconde un detalle sorprendente. Su exposición directa a la deuda del propio Estado es relativamente limitada. JP. Morgan calcula que, hasta el 26 de octubre, las acciones bancarias francesas habían quedado tres puntos porcentuales por detrás de sus competidoras europeas durante los dos meses anteriores, mientras las italianas las superaban en una proporción semejante. Tener más bonos públicos, por tanto, no significa necesariamente sufrir mayores pérdidas bursátiles.
El deterioro de las finanzas de un país puede perjudicar a sus bancos incluso cuando estos conservan sus bonos hasta el vencimiento. Si aumenta la desconfianza sobre el Estado, también puede encarecerse la financiación de las entidades, debilitarse la actividad económica y crecer la morosidad. El banco acaba pagando las consecuencias de una crisis presupuestaria, aunque sus beneficios sigan siendo elevados. Y los accionistas pueden anticipar ese deterioro vendiendo sus títulos mucho antes de que aparezcan pérdidas en las cuentas.
Esta relación también importa a quienes no poseen acciones bancarias. Si una entidad tiene que dedicar más recursos a protegerse frente a una crisis financiera, puede endurecer las condiciones para conceder préstamos. Las empresas encuentran entonces mayores dificultades para financiar sus inversiones y los hogares pueden afrontar créditos más caros.
En España, la exposición de los seis grandes bancos a la deuda pública alcanza los 533.000 millones de euros, según las últimas estimaciones de Goldman Sachs basadas en los datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), correspondientes al cierre de 2025. Santander concentra la mayor cartera, con casi 225.000 millones, mientras Unicaja destaca por el peso de estas inversiones en su balance, equivalente al 26% de sus activos.
Una protección incompleta
La relativa calma de los mercados encuentra respaldo en la mayor fortaleza financiera de las entidades. Los bancos europeos disponen de más capital, mejor liquidez y carteras de deuda más diversificadas que durante la crisis de 2012. JP. Morgan considera improbable una nueva crisis generalizada de deuda soberana, al tiempo que recuerda que la exposición a bonos públicos en relación con el capital bancario es inferior a la de entonces.
Esa mayor protección tiene, sin embargo, una peculiaridad. La EBA calcula que aproximadamente el 60% de la deuda soberana bancaria se contabiliza de manera que las variaciones de precio no generan inmediatamente pérdidas contables. Esto permite soportar las turbulencias sin vender los bonos, pero tampoco garantiza que las pérdidas desaparezcan. El supervisor estima en unos 25.000 millones de euros las minusvalías latentes de las carteras de bonos contabilizadas a coste amortizado, incluyendo deuda pública y otros títulos.
La discusión sobre cuánto riesgo pueden soportar los bancos tampoco está cerrada en Bruselas. La Unión Europea prepara para 2027 nuevas propuestas destinadas a diversificar sus inversiones soberanas. Aunque la proporción de bonos del propio país ha disminuido respecto a la crisis del euro, todavía representa alrededor del 41% de las carteras soberanas de los bancos de la zona euro. Una concentración que sigue vinculando la salud financiera de las entidades a la de los gobiernos que las supervisan y que, en determinadas circunstancias, tendrían que acudir en su ayuda.
