Publicado: mayo 23, 2026, 2:23 pm
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La vi primero en redes sociales, una cámara diminuta, con forma de llavero, con ese amarillo inconfundible de Kodak. El algoritmo sabía lo que hacía, soy millennial, crecí con rollos fotográficos y tardes esperando que el laboratorio revelara fotos que a veces salían movidas, a veces perfectas. Antes de que pudiera añadirla al carrito, la Kodak Camera llegó envuelta como regalo. Se trata de una mini cámara digital de 1.6 megapixeles inspirada en la Kodak Fling, aquella cámara desechable que la marca lanzó en 1987 y que se volvió un ícono de una era donde fotografiar era un acto de fe. La Chamera recupera esa estética, pero la actualiza con una pequeña pantalla LCD, entrada para microSD y carga por USB-C.
Lo que se siente usarla
En su momento de mayor gloria, Kodak controlaba más del 85% del mercado de película fotográfica en Estados Unidos y era referente en la industria, pero cuando la era digital llegó con fuerza, la compañía, irónicamente pionera en el desarrollo de la cámara digital en 1975, no supo o no quiso adaptarse a tiempo. En 2012, la empresa se declaró en bancarrota. Lo que siguió fue una historia de reinvención lenta y dolorosa, Kodak sobrevivió, pero ya no como gigante, se reconvirtió en proveedora de servicios industriales y de impresión, lejos del glamur que alguna vez tuvo. Entonces llegaron TikTok, Instagram y la Generación Z, que se ha distinguido por utilizar dispositivos que el resto dejamos atrás, como los audífonos con cable o las cámaras de carrete. Y Kodak, esa marca que olía a revelado fotográfico y a cuartos oscuros, de pronto era otra vez relevante. La Chamera es un producto perfecto para este momento, no compite con los smartphones, ni lo intenta, sino que lo hace con la memoria. Este es un dispositivo que no pasa desapercibido, es curioso y si se usa en la calle las miradas no faltan, algunas personas incluso se atreven a preguntar qué es. El diseño hace su trabajo antes de que oprimas cualquier botón, genera ese reconocimiento en quienes vivieron la era Kodak y esa fascinación en quienes no lo hicieron pero la romantizaron a través de una pantalla. Desde el primer día la llevé a todas partes, literalmente cuelga del llavero y pesa tan poco que es fácil olvidar que está ahí hasta que tomas una foto. La usé caminando por la ciudad, para capturar escenas cotidianas, también me aventuré con algunos autorretratos. Lo que me sorprendió fue el flash, pequeño pero funcional, resuelve situaciones de poca luz con ese destello un poco crudo y frontal que recuerda a las fotos de fiesta de los noventa.
La industria de la nostalgia es un negocio que sabe lo que vende
Usarla es sencillo, tiene cinco botones: uno de encendido que también funciona para recorrer el menú, el obturador, uno más para entrar a la galería y dos para navegar. Tiene filtros, lo cual suma, puedes darle un toque aún más retro a imágenes que ya de por sí tienen esa textura imperfecta que caracteriza a la resolución baja. Las fotos que produce son exactamente lo que uno esperaría de 1.6 megapixeles, pero hay algo en esa imperfección que no es un defecto, es una firma. Eso sí, no es para documentar, es para jugar. La batería se carga por USB-C, un detalle que se agradece profundamente en la practicidad moderna, y la microSD permite almacenar las imágenes fácilmente. Estas concesiones a la tecnología actual son lo que hace que la Chamera sea funcional y no solo decorativa. La Chamera es el síntoma de algo que analistas de mercado llevan años documentando. Deloitte describe este fenómeno como la industria de la nostalgia , un modelo basado en la evocación de sensaciones de bienestar o felicidad ocurridas en el pasado, con el que las marcas buscan crear una conexión más profunda y duradera entre los productos y sus consumidores. Según un análisis de la firma, la nostalgia lleva a los consumidores a diferentes etapas de su vida, creando una conexión emocional más fuerte con las marcas o productos que les reviven gratas experiencias. La Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) también ha explorado este fenómeno y señala que las marcas que apuestan por explotar la nostalgia de los compradores saben que existe un vínculo emocional que las personas ya establecieron, y solo es cuestión de remover las fibras adecuadas. Además, la firma de investigación de mercados Euromonitor destaca que la gente es más propensa a pagar por productos y servicios capaces de recrear los sentimientos de seguridad y tranquilidad con los que identifican las épocas pasadas, un efecto que se amplifica especialmente en tiempos de incertidumbre. La nostalgia no solo convoca a quienes vivieron esa época, sino que impacta en las generaciones más jóvenes atendiendo un deseo de individualidad y originalidad más que con un anhelo del pasado, por eso disfrutan de lo retro. Kodak, una empresa que rozó la desaparición, volvió a la conversación cotidiana de las redes sociales gracias a la estética que representa. Es un caso casi irónico, la marca que no supo adaptarse a tiempo al mundo digital, ahora es viral precisamente porque el mundo digital añora lo analógico.
¿Vale la pena comprarla?
La Kodak Chamera se consigue en línea alrededor de 800 pesos. No es una buena cámara en términos técnicos pero considero que es un buen juguete, accesorio o una buena excusa para fotografiar de otra manera. No la recomiendo a quien busca documentar momentos con fidelidad, para eso está el teléfono o las cámaras con mejor resolución. La recomiendo a quien quiere salir a la calle con algo distinto colgado en la bolsa, a quien le interesa la fotografía como experiencia y no solo como resultado, a quien, como yo, necesitó que una cámara amarilla y diminuta le recordara que hubo una época en que fotografiar era más lento, más incierto y, de alguna manera extraña, más emocionante.
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