Publicado: septiembre 9, 2026, 7:23 am
¿Deberíamos ver la nueva serie de Harry Potter?, se pregunta Enid Román Almansa el 7 de septiembre en 20minutos. No, responde, porque el éxito de la serie le daría «más fondos a su autora para seguir con sus actividades tránsfobas». Yo estoy muy de acuerdo en que una se niegue a contribuir al éxito de alguien cuyas ideas detesta. Es un pequeño gesto cívico, como el de meter una papeleta en una urna. Hasta ahí, todo bien. Solo hay un problema: J. K. Rowling no es tránsfoba. Que se lo pregunten a E. J. Rosetta.
A esa periodista británica, tan decepcionada con Rowling como lo está Enid Román, por los mismos motivos le encargaron un reportaje: «20 frases tránsfobas de J. K. Rowling». La pobre se pasó tres meses leyéndolo todo de Rowling: novelas infantiles, novelas adultas, entrevistas, artículos, hasta el último tuit… Y tuvo que rendirse a la evidencia: no había nada que se pudiera calificar de tránsfobo.
Entonces, ¿de qué le viene la fama? En 2019, una tal Maya Forstater perdió su empleo por opinar públicamente que el sexo no se puede cambiar. «Vístete como quieras», dijo Rowling en Twitter. «Llámate como quieras. Acuéstate con cualquier adulto que consienta. Vive una buena vida en paz y seguridad. Pero ¿obligar a las mujeres a dejar sus empleos por afirmar que el sexo es real?». Se armó la de Dios. Y ella, en vez de callar, volvió a la carga. Comentó una frase que acababa de ponerse de moda: «personas que menstrúan». Estoy segura de que había una palabra para ellas… ¿Mojiras?, ¿mujores?, ¿majeras?
La polémica subió de tono, y Rowling se puso seria. «Conozco y amo a personas trans», explicó, «pero borrar el concepto de sexo elimina la capacidad de muchas personas de hablar de sus vidas de manera significativa. La idea de que mujeres como yo ‘odian’ a las personas trans porque pensamos que el sexo es real y tiene consecuencias en la vida real es una estupidez. No es odio decir la verdad». De las consecuencias materiales del sexo, Rowling se ha ocupado mucho desde entonces. Ha defendido el derecho de las deportistas a no competir con varones biológicos, que las ponen en peligro físico y les arrebatan los premios a los que tienen derecho. Ha dicho que «ningún niño nace en un cuerpo equivocado» y que hormonas y cirugías perjudican gravemente su salud. Ha protestado por que se obligue a presas a compartir celda con violadores. Donó 70.000 libras para apoyar la demanda para que el Tribunal Supremo declarase que donde la ley dice mujer, hay que entender biológica. No es mucho para ella: para la investigación de enfermedades degenerativas ha donado 17 millones.
¿Todo eso es ser tránsfoba y mala persona? Más bien me parece que es preocuparse por la salud de los menores, la justicia en el deporte, la seguridad de las presas y la libertad de expresión. ¿Que hay quien opina que el derecho a cambiar legalmente de sexo debería prevalecer sobre todo lo demás? Una opinión muy respetable. Tan respetable como las que sostiene J. K. Rowling y por las que soporta, desde hace siete años, cancelaciones, insultos, acoso a su persona y su familia, quemas de sus libros y amenazas de muerte. En cuanto a E. J. Rosetta, le dijo a la revista que no podía escribir ese artículo. La revista decidió prescindir de sus servicios. Rosetta publicó un hilo que se hizo viral en Twitter contando lo que había pasado y concluyendo que el activismo estaba «quemando a la bruja equivocada».
