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Ignatius Farray: «La comedia puede estar al servicio de nuestros tiranos, intentan instrumentalizarla»

Publicado: junio 5, 2026, 6:20 am

María Zambrano en su obra Claros del bosque sostenía que perderse en el bosque no es un error, sino la única forma de encontrar el claro. Y esto es lo que lleva haciendo toda su vida Ignatius Farray, perderse entre la maleza para alcanzar otros caminos. Es una de las decenas de citas con las que salpica nuestra charla, porque en su cabeza las reflexiones se acumulan a borbotones.

«No soy un gran lector, a mí me gusta cotejar. Por ejemplo, yo abro un libro; me encantan los libros, tengo escombros de montañas de libros en mi casa que ya no me caben… Es compulsivo y reconozco que no me los voy a leer, pero me gusta cogerlos y, de repente, leo un párrafo que me lleva a otro libro; entonces, voy cotejando, una cosa te lleva a la otra… como un conocimiento muy superficial, realmente, porque nunca llegas a profundizar en el libro, pero te quedas con una idea, con otra…», reconoce.

Aunque me asegura que es un trilero, la realidad es que su argumento tiene cierto tufo de síndrome del impostor. Un tipo brillante que llena el espacio y la ansiedad con su famoso grito sordo: «Es un tic que yo tengo desde los 12 años; se me desencajaba la mandíbula en aquella época… Freud decía que, si tenemos que representar gráficamente la angustia, sería a través de un grito sordo».

La angustia y la ansiedad han formado parte de su vida, nunca lo ha ocultado y, de alguna manera, el escenario, su salvación, también le acabó arrastrando al alcoholismo. «Muchas veces nos mentimos a nosotros mismos y, básicamente, el alcohol es una manera de mirar a otro lado. Con el tiempo he ido reflexionando y yo creo que eso es lo que a mí me ha dado el escenario, un espacio donde poder resolver ese dilema que, en la vida, fuera del escenario, no sé cómo resolver. Una dramaturga argentina, Fernanda Orazi, dice que dentro del escenario se produce un excedente de vida, gracias a la mirada de la gente, ahí la vida cobra más relieve, es más intensa y eres capaz de desembuchar una palabra que yo, en otro contexto, no sería capaz de hacer», explica con su respuesta.

Hoy, lleva varios años sin beber, ha escrito tres libros y acaba de performar junto a la bailarina Poliana Lima en el espacio Indómitas de la Feria del Libro, un lugar que da cabida a los editores y creadores más disruptivos: «La comedia, como la cultura de verdad, debe ser contracultura, ir contra el sistema, porque si no, estamos hablando de frases hechas. Uno debe tener los reflejos suficientes para colocarse de nuevo en los márgenes, que es donde nos corresponde estar. La cultura y la civilización son murallas que hemos construido a nuestro alrededor porque tenemos miedo, por eso hay que irse a la contracultura, porque es todavía un espacio de riesgo, de atrevimiento, igual que la comedia, y librerías como Arrebato han creado ese espacio en la Feria».

Políticos como Donald Trump o Milei han descubierto que, comportándose desvergonzadamente, les recubre de un aura de rebeldía, se convierten en un ‘joker»

De niño fue monaguillo en su Tenerife natal. «Fui el primer niño de mi pueblo en acosar a un cura», me dice entre risas sonoras. La juventud lo llevó por los derroteros de la comunicación audiovisual hasta que encontró su camino, su claro en el bosque, como diría su admirada Zambrano. Fue en Londres, donde conoció a los cómicos ingleses de stand up. «Al final, te das cuenta de que, si solo tienes talento, no vas a llegar a ningún lado. El talento no es suficiente, hace falta vergüenza; mientras tengamos vergüenza, tendremos esperanza. Si tú eres una persona con vergüenza, eres capaz de autoexaminarte un poco. Políticos como Donald Trump, Milei… han descubierto el truco, y que, comportándose de una manera desvergonzada, les recubre de un aura de rebeldía, se convierten en un joker. El malestar social que pueden crear esas políticas neofascistas, al final lo convierten en un chiste y en un meme. Lo han incorporado a su discurso como una estrategia. Y por eso te digo que la comedia puede estar al servicio de nuestros tiranos; han querido instrumentalizar la comedia», matiza.

Una nueva manera de hacer política que le ha robado su herramienta más preciada para hacer el mal, el humor: «Es que la democracia, igual que la comedia, también es una cosa muy loca. La democracia es atreverte a convivir con personas que tú incluso consideras gilipollas. En cambio, el fascismo es tirar por el camino del medio, es no ser capaz de aguantar esa diferencia». Y si algo tiene claro, es que no somos nada ni nadie sin la mirada del otro, eso que se produce encima de un escenario cuando el otro te observa. «Los tiempos actuales nos llevan a ese espacio de individualismo y no nos damos cuenta de que es la mirada del otro la que nos define y nos ayuda a sacar una palabra», expone.

«El talento no es suficiente, hace falta vergüenza. Si tienes vergüenza, eres capaz de autoexaminarte»

Su terapia, su propio exorcismo incluso, porque la comedia es capaz de resignificar las cosas, agarrar los miedos y las ansiedades y transformarlos. Estamos a punto de terminar nuestra charla y todavía tiene un par de citas más que regalarme, porque se le amontonan, como las ideas, como los demonios, los que expulsa en forma de humor en un grito sordo.

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