Publicado: abril 14, 2026, 5:24 pm
Francia quiere posicionarse como una de las puntas de lanza del europeísmo en un momento en el que los contrapesos a los Estados Unidos de Donald Trump están más en duda que nunca. Y eso se consigue desde todos los ámbitos, incluido el de reducir la dependencia de su tecnología. Es por ello que la administración gala ha comenzado su particular guerra de la independencia informática. El pasado 8 de abril se celebró en París una reunión interministerial cuyo planteamiento fue alcanzar un acuerdo para reducir la dependencia digital fuera de Europa. Este evento, que reunió a ministros, departamentos gubernamentales, operadores públicos y representantes del sector privado, supuso un paso clave para conseguir la soberanía digital que se ha aterrizado en un cambio radical de filosofía informática. El proceso va a ser gradual y con pasos concretos. Esta semana ha comenzado la sustitución del sistema operativo Windows por Linux en los ordenadores de la Dirección Interministerial de Asuntos Digitales (DINUM). Esta apuesta se ha reforzado con la instalación en más de 80.000 ordenadores del homólogo a la Seguridad Social española de herramientas de código abierto o propiedad del gobierno francés, como Tchap —un sistema de mensajería instantánea—, Visio —una aplicación para hacer videollamadas— y FranceTransfert —un sistema para hacer pagos a la administración pública— en lugar de las habituales. En las siguientes fases se moverán las bases de datos sanitarios a otras de similares características pero fuera del ecosistema de Windows, mientras que para final de año todos los ministerios deberán presentar sus propuestas para herramientas como antivirus, programas de Inteligencia Artificial, gestión de datos y otras herramientas colaborativas. A efectos prácticos, esto supone el cambio de todo el sistema informático de la administración pública francesa. El objetivo es esquivar la ‘Cloud Act’ , una ley estadounidense que permite a cualquier agencia federal dependiente del Gobierno acceder a los servidores de los programas propiedad de empresas del país, sea cual sea la localización de sus servidores. Esta normativa permite, de facto, a cualquier servicio de inteligencia de Washington acceder a la información almacenada por ejemplo en una nube de Windows, Google o Amazon, incluida la que haya subido ahí cualquier administración nacional. La decisión va más allá de una cuestión económica, que también, ya que las licencias de estos programas suponen un enorme gasto a las arcas públicas francesas. Se ha convertido en una prioridad de seguridad nacional, habida cuenta de la volatilidad geopolítica que hay en todo el mundo. «El Estado ya no puede limitarse a reconocer su dependencia; debe liberarse. Debemos reducir nuestra dependencia de las herramientas estadounidenses y recuperar el control de nuestro destino digital. Ya no podemos aceptar que nuestros datos, nuestra infraestructura y nuestras decisiones estratégicas dependan de soluciones cuyas reglas, precios, evolución y riesgos no controlamos», señaló David Amiel, ministro de Acción Pública y Cuentas francés. Esta evolución requerirá de un esfuerzo extra por parte de la administración gala y la colaboración de entidades privadas —a las que tendrán que evaluar sus propias agendas— para que la migración sea un éxito. Se espera que en junio se celebren las reuniones en las que se decidirán qué empresas concretas tomarán las riendas de este proceso.
