Publicado: octubre 14, 2026, 1:23 am
El estado de Florida ha ejecutado este martes a James Robertson, un preso que asesinó a su compañero de celda en 2008 con el objetivo de ser condenado a muerte, en medio de la creciente polémica en Estados Unidos por la aplicación de la pena capital tras la fallida ejecución de una reclusa en Tennessee. Robertson, de 63 años, ha muerto a las 12.32 horas (18.32 en España) después de recibir una inyección letal en la Prisión Estatal de Florida, cerca de Starke, según ha informado Associated Press.
El reo había sido condenado por estrangular en diciembre de 2008 a Frank Hart, su compañero de celda en una prisión del suroeste del estado, donde cumplía condenas por distintos delitos. Según los documentos judiciales, Robertson confesó que había cometido el asesinato para conseguir una sentencia de muerte y evitar pasar el resto de su vida en prisión. Tras declararse culpable, renunció a presentar recursos y reiteró recientemente ante un juez su voluntad de que se ejecutara la condena.
Con su muerte, Florida alcanza las 17 ejecuciones en lo que va de 2026, después de cerrar 2025 con un récord estatal de 19, la cifra más elevada desde el restablecimiento de la pena capital en 1976. El estado gobernado por el republicano Ron DeSantis concentra más de la mitad de las 31 ejecuciones practicadas este año en Estados Unidos.
Florida tenía previsto ejecutar este martes a dos presos, pero DeSantis retiró la orden de ejecución de William Lee Thompson, de 74 años, cuya defensa sostiene que padece demencia y otros problemas graves de salud. El gobernador había suspendido temporalmente su ejecución para someterlo a una evaluación psiquiátrica y posteriormente retiró la orden, sin ofrecer una explicación pública sobre su decisión.
Polémica por una ejecución fallida en Tennessee
La ejecución de Robertson se produce en medio de la controversia nacional por el caso de Christa Pike, una reclusa que sobrevivió el pasado 30 de septiembre a un intento de ejecución mediante inyección letal en Tennessee, un episodio considerado sin precedentes en la era moderna de la pena capital estadounidense.
Pike, de 50 años, recibió dos dosis de pentobarbital, pero sobrevivió al procedimiento y tuvo que ser trasladada a un hospital. Tras permanecer ingresada en estado grave, recuperó la conciencia y posteriormente regresó a prisión. El gobernador de Tennessee, el republicano Bill Lee, ordenó una investigación independiente y suspendió las ejecuciones pendientes en el estado.
El caso ha intensificado el debate sobre los protocolos utilizados para aplicar la pena de muerte en Estados Unidos, especialmente después de que los abogados de Pike denunciaran las condiciones en las que se desarrolló el procedimiento. Las autoridades de Tennessee mantienen abierta una investigación para esclarecer por qué falló la inyección letal.
En paralelo, decenas de líderes evangélicos latinos habían convocado este martes una concentración en Tallahassee, capital de Florida, para pedir a DeSantis que suspendiera las ejecuciones. La organización Mission Talk anunció la entrega de una carta firmada por más de 70 obispos, pastores y responsables de iglesias latinas contrarios a la aplicación de la pena capital.
El fundador de la organización, Agustín Quiles, ha acusado al gobernador de convertir Florida en la capital de las ejecuciones de Estados Unidos, mientras otros estados se alejan de esta práctica. El estado tiene previstas otras dos ejecuciones, el 20 de octubre y el 5 de noviembre, con las que igualaría el récord de 19 registrado el año pasado.
