Publicado: julio 16, 2026, 1:24 am
Las sucesivas olas de calor y el aumento de las temperaturas están convirtiendo a las ciudades en espacios cada vez más sofocantes durante el verano, lo que obliga a buscar nuevas soluciones para combatir el calor extremo. Ante este escenario, Roma estudia una medida insólita que recuerda al pasado más remoto, ya que pretende convertir algunas de las grutas de su subsuelo en refugios climáticos.
Aunque la idea pueda parecer propia de una distopía, estos espacios aún están lejos de poder utilizarse como refugios frente al calor extremo. Antes, las autoridades deberán analizar el estado de las grutas, evaluar su estabilidad estructural y comprobar que cumplen las condiciones de seguridad y salubridad necesarias para recibir a la población.
Solo tras estas inspecciones decidirán cuáles pueden adaptarse como refugios climáticos durante los episodios de calor extremo. Pero, ¿qué harán desde Roma para hacer esta idea posible?
Roma creará una infraestructura tech de referencia
Roma está construida sobre una gran red de canteras subterráneas de las que se extraían piedras, catacumbas donde se enterraban a los primeros cristianos, túneles ferroviarios y refugios antiaéreos. Según informa la agencia EFE, ahora hay quien ha visto en este ‘mundo subterráneo’ una posible solución a la crisis climática y a las frecuentes olas de calor extremo, teniendo en cuenta que el Instituto Superior de Protección e Investigación del Medio Ambiente (ISPRA) elabora desde hace años una cartografía de las entrañas de Roma para crear un banco de datos a nivel nacional que permita conocer mejor sus entrañas.
Los resultados servirán al ayuntamiento para comprender si este ‘mundo subterráneo’ puede ser reconvertido en un ‘refugio climático subterráneo‘, es decir, en áreas de sombra donde los ciudadanos puedan encontrar algo de frescor.
No obstante, convertir los espacios subterráneos en ‘refugios climáticos’ no será fácil, puesto que el principal peligro reside en la salubridad del aire. Giuseppe Delmonaco, geólogo de ISPRA, afirma a EFE que el interior de estas cavernas mal ventiladas puede contener altos niveles de dióxido de carbono o radón —un gas inodoro y muy peligroso—, por lo tanto, considera que, antes de abrirlas al público, será fundamental un estudio exhaustivo de la calidad del aire y de su estructura geológica por los posibles derrumbes.
No obstante, pese a este inconveniente, desde ISPRA tienen la intención de poner en marcha un proyecto que instalará sistemas de control para ofrecer esos datos a las administraciones públicas, de esta manera, se creará una «infraestructura tecnológica que sirva de referencia para encontrar las condiciones mínimas para que estos espacios subterráneos puedan ser utilizados«.
