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España en la UE: 40 años de armonía y alguna desavenencia

Publicado: enero 6, 2026, 3:02 am

Celebramos este 2026, el 40 aniversario de la entrada de nuestro país en las instituciones comunitarias europeas. La ilusión de toda una generación de formar parte de la Europa política, que pese a las intenciones del ministro de Exteriores Castiella en 1962 y luego los esfuerzos del embajador Ullastres en los 70 del S. XX, no lograron que pasásemos de los acuerdos preferenciales con la CEE.

Hubo que esperar a la democratización de nuestro país. El Gobierno de Felipe González protocolizó la adhesión (LO 10/1985) con Fernando Morán de Ministro de Exteriores y el buen hacer de los negociadores trinitarios. España había pagado caro el plato roto del régimen de Franco al quedar extramuros de la normalización democrática de Europa tras la II Guerra mundial. Es historia pero conviene recordarlo.

También el que un antiguo jefe de gabinete del Ministro Castiella, Marcelino Oreja, pidiese como Ministro de Asuntos Exteriores de Adolfo Suárez en 1977 entrar en la CEE, lo que solo se consiguió tras difíciles y arduas negociaciones en las que los intereses económicos de Francia, Italia y también Alemania jugaron junto con los políticos para retrasar o dificultar que España formase parte del selecto club europeo.

La entrada de España se culminó unos años más tarde en Madrid de la mano de Jacques Delors y de Felipe González con el Tratado de Maastricht en 1992 y con la entrada en el euro en el 2000 de la mano férrea de Aznar con José Barea de ‘Pepito grillo’ de las finanzas españolas.

¿Qué balance puede hacerse de estos cuarenta años de adhesión? La respuesta es más que positiva si lo analizamos desde la perspectiva de los Fondos y ayudas que han permitido a nuestro país converger en renta con la media europea y sobre todo mejorar nuestras infraestructuras y ordenación del territorio. Solo basta viajar por España y comparar la actual situación con los años setenta/ochenta del S. XX para comprobar el gran avance que no podía haberse producido sin la entrada en la CEE o manteniéndonos al margen del euro.

Desde un punto de vista político el prestigio de nuestro país se vio engrandecido de la mano de Felipe González y Aznar y de la figura europea del Rey Juan Carlos con sus contactos que tanto ayudaron en cuestiones claves de nuestra relación con la UE. Se nos llegó a calificar como los prusianos del sur por el grado de cumplimiento de lo acordado en los Tratados de adhesión.

Mas tarde ya con Zapatero y Rajoy surgieron algunos problemas dado el escaso interés de estos dos presidentes por los asuntos europeos. En especial el menos interesado fue Zapatero que dejó a España a los pies de los caballos en 2011 dada su caótica política económica que dilapidó los buenos años de Aznar y de su ex-comisario europeo Pedro Solbes en Economía.

Tampoco Rajoy pasará a los Anales del europeísmo, si bien en su descargo tuvo que lidiar con la herencia económica del anterior y con el fantasma del rescate que permitió comparar nuestra situación con los peores países del Sur europeo. La llegada de los llamados hombres de negro marcó el peor punto de encuentro con las instituciones comunitarias y con el prestigio económico de nuestro País.

Más tarde las cosas se han recuperado, pese a que la estela de Pedro Sánchez, que tenía las condiciones para ser un líder europeo, se han ido desbaratando, máxime tras el rechazo de 60.000 millones de préstamo Covid por la incuria política y administrativa de su gobierno.

España ha aportado a Europa buenos Comisarios y presidentes del Parlamento europeo. La figuras de Enrique Barón y José María Gil Robles marcaron el buen hacer de los políticos europeístas españoles. Javier Solana como Alto representante para la Política Exterior y de Seguridad (Mr. PESC), de 1999-2009, sentó las bases para una política exterior luego no seguida por las mediocres mandatarias que le sustituyeron.

De igual modo Marcelino Oreja, Abel Matutes y Manuel Marín en la Comisión Delors, o Loyola de Palacio y el propio Josep Borrell dejaron bien alto el pabellón nacional.

La gran pregunta es qué quiere España ser en el seno de la UE. Si pretende vivir de las rentas o por el contrario ambiciona ser alguien como diría Jean Monnet para hacer algo o alguna cosa en el progreso de la construcción de esta confederación imperfecta en que se ha convertido la Unión, según palabras de Mario Draghi.

Draghi, una de los líderes indiscutibles del actual europeísmo, nos recordó en la entrega de los premios Princesa de Asturias de 2025 el camino de las reformas económicas para ser un actor relevante en el actual contexto mundial así como la necesidad de enderezar la arquitectura y gobernanza de la UE que requerirá grandes dosis de liderazgo para poder ser llevadas a cabo.

España debería estar en el núcleo de Estados europeos que quieren una Unión política más estrecha alejada de los egoísmos nacionales y de la democracias iliberales que ya circulan por Europa, como Hungría o Polonia, junto a Países de escaso europeísmo como Rumania o Bulgaria, solo sostenido por la dependencia de las ayudas europeas.

¡Brindemos por estos cuarenta años de pertenencia a la UE! Y esforcémonos para que se perpetúen y mejoren con nuestro esfuerzo colectivo abandonando la tentación de querer vivir del “buen rollo” europeo.

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