Publicado: octubre 27, 2026, 4:23 am
La histórica remontada de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil ha sacudido el tablero político de toda América Latina, que ve interrumpido su giro a la derecha tras siete victorias consecutivas en la región. La victoria del veterano dirigente progresista supone, además, un duro revés para su contrincante, el senador Flávio Bolsonaro, quien ve, con la derrota, como se complica su futuro judicial ante las dos causas por las que le investiga el Tribunal Supremo.
El candidato ultraderechista, que perdió las elecciones con el 48,21% de los votos frente al 51,79% de Lula —más de 4,4 millones de sufragios—, solicitó tras el recuento la anulación de las elecciones por la polémica decisión judicial de prolongar dos horas la votación debido a problemas en el transporte público de varias ciudades, pese a que la cifra de votantes afectados por la prórroga —35.521 electores— es mucho menor que la diferencia de votos entre ambos candidatos.
El revés para el hijo del expresidente Jair Bolsonaro es doble, habida cuenta de sus problemas con la Justicia: una victoria electoral le habría proporcionado una importante protección frente a las investigaciones, ya que la Constitución brasileña impide responsabilizar al jefe del Estado durante su mandato por actos anteriores a su investidura. Ahora, Bolsonaro perderá su escaño como senador en febrero de 2027 y, por primera vez desde 2003, no desempeñará ningún cargo público, lo que facilitaría un eventual procesamiento.
Dos investigaciones cercan al candidato derechista
Uno de los casos que amenazan al dirigente ultraderechista está relacionado con la presunta financiación irregular de ‘Dark Horse’, una película sobre la trayectoria de su padre. La Policía Federal investiga los pagos realizados por Daniel Vorcaro, antiguo propietario del Banco Master y actualmente en prisión preventiva por un escándalo financiero, a quien Bolsonaro solicitó 134 millones de reales —unos 26 millones de dólares— para financiar el largometraje.
Los investigadores sospechan que parte de esos fondos, transferidos a cuentas estadounidenses vinculadas al entorno familiar, pudieron destinarse al beneficio personal de los Bolsonaro. El senador reconoce las negociaciones con Vorcaro, pero sostiene que se trataba de un patrocinio privado realizado dentro de la legalidad y niega haber ofrecido contraprestaciones.
La segunda investigación se centra en sospechas de blanqueo de capitales relacionadas con operaciones financieras de Willer Tomaz, abogado y amigo cercano de Flávio, vinculado a un entramado societario con movimientos sospechosos en el sector de las apuestas deportivas. Ambos niegan haber cometido irregularidades.
El cerco judicial ha llevado incluso a tres diputados brasileños a solicitar este mismo lunes al Supremo la retención del pasaporte del candidato derrotado por temor a que abandone el país. Horas después, el propio Flávio Bolsonaro ha asegurado que el juez Alexandre de Moraes le ha ordenado entregar el documento, una decisión que, según ha explicado, le fue notificada por agentes de la Policía Federal cuando salía de la vivienda de su padre. Por el momento, ninguna de las investigaciones abiertas ha derivado en una condena contra el senador, que en el pasado también fue acusado en una causa sobre presuntos funcionarios fantasma y blanqueo de dinero que terminó archivada tras la anulación de pruebas.
A la situación del senador se suma la de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, que cumple en régimen domiciliario una condena de 27 años de prisión por su participación en una trama golpista posterior a su derrota electoral frente a Lula en 2022. Otro de los hijos del exmandatario, Eduardo Bolsonaro, se estableció en Estados Unidos para eludir una condena por coerción a la Justicia.
Lula afronta su cuarto mandato con un Congreso más hostil
Por primera vez en la historia de Brasil, un candidato ganó la presidencia habiendo perdido la primera vuelta. Lo hizo Lula da Silva, que afronta un complejo cuarto mandato dada la coyuntura política: el dirigente progresista tendrá que gobernar a partir de 2027 con la mayor fuerza opositora en el Congreso de su trayectoria, después de que la derecha lograra ampliar su representación en las legislativas celebradas el 4 de octubre. El Partido Liberal de Bolsonaro contará con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores, mientras que el conjunto de las formaciones de izquierda apenas reunirá 124 escaños en la Cámara Baja y 15 en el Senado.
En este escenario volverá a ser decisivo el llamado Centrão, un conjunto de partidos de centro y centroderecha que sumará 246 diputados y 30 senadores y que acostumbra a negociar su apoyo parlamentario a cambio de espacios de poder y concesiones gubernamentales. Aunque respaldaron a Bolsonaro en la segunda vuelta, algunos de estos partidos ya han manifestado su disposición a alcanzar acuerdos con el presidente reelegido.
Ante esta complicada aritmética parlamentaria, Lula tendrá que conciliar sus compromisos sociales con las exigencias de disciplina fiscal, además de abordar cuestiones como la inseguridad, la transición ecológica y la regulación de las plataformas digitales. La elección de los presidentes de ambas cámaras, prevista para febrero, se antoja como una de las primeras grandes pruebas de su nuevo mandato.
Brasil frena la ola conservadora en la región
En cualquier caso, la victoria de Lula da Silva tiene importantes implicaciones en el equilibrio político de América Latina. Con el resultado electoral, la mayor economía y el país más poblado de la región rompe con una racha de siete victorias presidenciales consecutivas de candidatos conservadores en los últimos 18 meses. Una tendencia que comenzó con la reelección de Daniel Noboa en Ecuador y continuó con los triunfos de Rodrigo Paz en Bolivia, José Antonio Kast en Chile, Nasry Asfura en Honduras, Laura Fernández en Costa Rica, Keiko Fujimori en Perú y Abelardo de la Espriella en Colombia.
El giro a la derecha de Latinoamérica, iniciado con la victoria de Javier Milei en Argentina (2023), perfilaba a Brasil como una cita decisiva para culminar esa transformación regional que ahora afronta un punto de inflexión. El gobierno de Lula da Silva, junto a los de México (Claudia Sheimbaum) y Uruguay (Yamandú Orsi), continuará siendo el principal contrapeso ideológico a la derechización de la región y, además, al alineamiento con Estados Unidos y la Administración Trump del resto del continente.
El resultado también supone un revés para Javier Milei: el presidente argentino participó activamente en la campaña de Bolsonaro, asistiendo al lanzamiento de su candidatura e incluso cuestionando la transparencia de los comicios. Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evitó un respaldo público al senador, tras conocerse el resultado de los comicios tildo de «fraude» la victoria del mandatario: «Parecen otras elecciones fraudulentas». Lula ha acusado durante la campaña a Washington de intentos de injerencia a través de la imposición de aranceles e iniciativas diplomáticas. En su discurso de victoria, el presidente brasileño reivindicó la soberanía nacional y advirtió de que Brasil «no acepta ser el patio trasero de nadie», en alusión a esas acusaciones.
Pese a la cercanía ideológica de varios de los dirigentes regionales con Bolsonaro, las reclamaciones del candidato derrotado no han encontrado un respaldo generalizado entre sus aliados. Kast, Fujimori, Paz y De la Espriella ya han felicitado a Lula y expresado su disposición a mantener las relaciones bilaterales con Brasil.
