Publicado: julio 24, 2026, 11:36 pm
El ciclismo ha escrito siempre las mejores páginas del deporte . El deportista contra la montaña, contra el reloj, contra el viento, contra la lluvia. Ascensos infinitos, descensos al borde de la muerte, pájaras, adelantamientos en los últimos metros, victorias sobre la lÃnea de meta. Resistencia, velocidad, épica. Una criba natural del hombre contra la naturaleza a la que, en los últimos tiempos se ha unido otro rival: el calor. Es un factor que ya se ha integrado en todos los deportes al aire libre. Y que condiciona, por supuesto, el rendimiento. En el ciclismo también, pues el ser humano está bien hecho para prevenir, con sistemas muy buenos para evitar el calentamiento, como el sudor. Pero no tiene tantos recursos para tolerar una temperatura alta. Y en Francia, estos dÃas de Tour , se está registrando las más altas de los últimos años, pero quizá, lamentablemente, las más bajas de los próximos. Asà que solo queda adaptarse. «He participado en más de 30 Tours y nunca habÃa visto un clima tan caluroso todos los dÃas. No es solo un dÃa extremadamente caluroso y luego volver a condiciones normales. Son todos», exponÃa Yvon Ledanois, director deportivo del equipo XDS-Astana. Y tiene razón. El récord de temperaturas elevadas en esta vuelta ciclista se registró en 2022, con una temperatura media de 25,9 ºC, para este 2026, la media es de 30 ºC, gracia a que en los últimos dÃas se ha paliado en algo el sofoco al acercarse el pelotón a los Alpes. Hasta la etapa 16, la media era de 30,8ºC, y hasta la diez, 32,4ºC. En los años 50 hubo alguna edición sofocante. «El verano de 1951, cuando, bajo el sol abrasador del Languedoc, Fausto Copii perdió 33 minutos en la etapa con destino a Montpellier», escribÃa Geoffrey Nicholson en su libro ‘La gran carrera ciclista’. En la edición de 1957, «en pleno verano, cuando las carreteras de NormandÃa, abrasadoras, obligaron a 66 de los 120 ciclistas a abandonar la carrera». Según datos de la época, esas ‘abrasadoras’ jornadas llegaban a registrar 25 y 26 grados. Qué tiempos. De aquellos en los que la organización restringÃa los bidones a cuatro unidades por ciclista durante toda la etapa, unos dos litros. A los de ahora, en los que cada corredor ha llegado a beberse 28 bidones en una jornada gracias a que la UCI flexibilizó las normas «para garantizar una hidratación óptima en las condiciones meteorológicas previstas» y permitió que las bolsas de avituallamiento se usaran para portar bidones que cada ciclista podrÃa repartir entre sus compañeros. También ha señalado un umbral por el que la etapa podrÃa recortarse o incluso anularse, como también hay voces que abogan por comenzar antes, como Tadej Pogacar: «Hubo una propuesta para comenzar a las 10, pero eso no cambia nada porque entonces se termina con el calor. Hay que empezar a las ocho o a las nueve, o incluso antes», indicaba el esloveno, que llegó a ir más allá: «Si tuviera el poder, cambiarÃa todo el calendario y no competirÃa en julio y agosto en lugares calurosos. HarÃa un calendario completamente diferente». Son muchos los intereses de que se celebre en estas fechas, a estas horas, como zanjó Christian Prudhomme, director del Tour: «Para mÃ, no es posible. No mientras yo esté al mando. No porque no quiera, sino porque el Tour de Francia es en julio. Es Francia en julio». La hidratación sigue siendo fundamental para que todo el pelotón de este Tour llegue en condiciones a la meta a pesar de las altas temperaturas. Porque el mayor peligro es que estas altas temperaturas se produzcan en el cuerpo del ciclista y evitar asà lo que popularmente se conoce como ‘golpe de calor’. Cuando el cuerpo alcanza los 37, 38 o 39 grados, se activa el protocolo interno que pasa por un ‘apagón del cerebro. «Una desconexión del sistema nervioso central para evitar que siga subiendo la temperatura y que provoca descoordinación, pensar peor, letargo, respuestas más lentas, y muchos otros sÃntomas que afectan a todo el organismo. Es como cuando tenemos fiebre», explica Alejandro LucÃa, catedrático de FisiologÃa del Ejercicio e investigador en la Universidad Europea de Madrid. En esta situación, el problema no es tanto el bajón de rendimiento sino la respuesta fÃsica ante esta circunstancia, sobre todo si toca un descenso que obliga a una concentración máxima mientras el cerebro ha ‘apagado’ los sistemas de guardia y reacción. Para evitar llegar a esta situación, el ser humano activa varios sistemas de defensa. «El primer mecanismo es evaporar el sudor. De ahà la importancia de hidratarse, porque el sudor viene del plasma, que lleva la fuerza al corazón para que bombee a los músculos, al cerebro y a la piel. Si se pierde plasma por el sudor evaporado, se pierde también esa fuerza; y un ciclista puede llegar a perder dos litros por hora», señala LucÃa. Añade un segundo sistema de defensa, la irradiación de calor, pero para ello el exterior debe estar más frÃo que el cuerpo, algo que no sucede en este Tour de Francia. Los ciclistas lo intentan, inventando todo lo posible para mantener el cuerpo lo más fresco posible para evitar esa desconexión, pero no acompaña una superficie como el asfalto, que puede acumular muchÃsima temperatura y alcanzar fácilmente los 50 grados. Por eso, subraya un tercer sistema, llamado convección, que evita el colapso generalizado a pesar de las largas jornadas de esfuerzo, exigencia y sufrimiento: «El ciclista genera aire porque va muy rápido y el cuerpo puede transferir ese calor a ese aire que provoca alrededor. El viento, o el aire que el mismo ciclista provoca al producir grandes velocidades con la bicicleta, es al aire acondicionado del ciclismo». Por eso no le preocupa tanto la etapa llana, en la que los corredores circulan a 50 o 60 kilómetros por hora y esa velocidad hace que el aire que generan rebaja su propia temperatura. Es la razón por la que se entrenan para una carrera contra el reloj subidos a la bicicleta en un rodillo y junto a ellos siempre hay un ventilador. Para simular esa velocidad que producen cuando se ponen en marcha y que regula su propia temperatura. En esto han acompañado las tecnologÃas, con trajes cada vez más adaptados y que evitan que el sudor se quede entre la tela y la piel, y las bicicletas, cada vez más potentes y con más capacidad de generar más corriente de energÃa. Pero hace falta un paso más, incluye LucÃa, que llega una vez cruzan la meta: enfriar el cuerpo. Y aquÃ, sistemas de todo tipo: baños de agua helada, chalecos con hielo, cubiteras gigantes para que los corredores metan las manos… Se estima que un equipo puede consumir entre 80 y 100 kilos de hielo por jornada. Hay una buena noticia en este caso térmico de la ronda gala, que subraya LucÃa: «No hay peligros a largo plazo. El cuerpo se regula muy bien. A nivel fisiológico es un gran desafÃo al cuerpo, pero muscularmente no hay mucho daño. Asà que los ciclistas aguantan bien y se recuperan del todo para el dÃa siguiente. En un maratón, por ejemplo, hay mucha más destrucción fisiológica, por eso no se pueden correr seguidos. Los ciclistas sû. Porque son profesionales y también se entrenan para estas circunstancias: con calefactores y mucha ropa, o ropa negra. «Esto da una ventaja: aporta más volumen plasmático que favorece que la bomba cardÃaca sea más fuerte. Los ciclistas son profesionales. Y este siempre ha sido un deporte épico, de que sufre el que va primero, pero también el que va último».
