Publicado: agosto 31, 2025, 4:23 am
En las montañas de Chiapas, donde la lluvia cae generosa puede darse una paradoja insoportable a la vez que una escena tan poderosa como perturbadora: un chamán con más de treinta años de experiencia reza a botellas de refresco. Consideradas por muchos como medicina, estas bebidas gaseosas forman parte de los altares donde se pide por la salud de los enfermos, mientras el humo de velas e incienso envuelve el aire. Para algunas comunidades, este líquido burbujeante es tan valioso como el oro. Tan icónica se ha vuelto la escena, que la iglesia del pueblo, repleta de botellas, se ha convertido en una atracción turística. No es casualidad, estamos en el lugar donde se consumen más bebidas azucaradas per cápita en todo el mundo. Entre el verdor de los Altos y la riqueza cultural de sus comunidades indígenas, San Cristóbal de las Casas y San Juan Chamula reflejan una contradicción tan profunda como inquietante: en una región con una de las mayores disponibilidades de agua dulce del país, miles de personas beben más refresco que agua. En Chamula, la Coca-Cola han dejado de ser solo una bebida: es ritual, ofrenda, medicina, un símbolo omnipresente y —para muchos— una necesidad insaciable . En esta región beber más de dos litros diarios de Coca-Cola por persona es la norma. Cinco veces más que el promedio nacional. Treinta y dos veces más que el promedio mundial, según datos del Conacyt. Desde la década de los 60, las grandes empresas de refrescos penetraron la región con campañas de marketing agresivas, incluso en lenguas indígenas. Hoy, las bebidas azucaradas son más accesibles y ‘seguras’ que el agua. El agua, cuando llega, está contaminada. Su efervescencia se interpreta como una forma de liberar los males del cuerpo, y su sabor, como una presencia reconfortante. En un entorno donde los hospitales especializados están lejos, y el agua no es confiable, la Coca-Cola se convierte en lo más accesible y lo más venerado. Pero de fondo, estas zonas lo que reflejan es una situación alarmante de salud pública, crisis hídrica y desigualdad social. La crisis no se debe a la falta de agua, sino al abandono estructural. Chiapas concentra el 30% del agua dulce de México y produce un porcentaje de la energía hidroeléctrica nacional. Pero más de un tercio de la población rural no tiene acceso constante a agua potable. La paradoja es brutal: en un estado rico en agua, los grifos están secos y la poca agua que sale no es potable , mientras los refrigeradores están llenos de refrescos para su venta. La organización Cántaro Azul , que trabaja en la región desde hace años para garantizar el derecho humano al agua, lo resume a ABC de forma clara: «Aunque hay mucha agua, no es accesible, ni segura, ni constante en el tiempo». Las fuentes de agua están contaminadas por agroquímicos, aguas negras y hay falta de tratamiento. En algunas zonas, estudios de la UNAM han revelado niveles alarmantes de E. coli en ríos y manantiales, y en los humedales locales se han encontrado patógenos que convierten el agua en una amenaza silenciosa. El acceso irregular al agua también tiene consecuencias directas sobre la salud y la educación . Cyntia Reyes Hartmann, directora general de Cántaro Azul, comenta que hay niños que faltan a clases por enfermedades gastrointestinales y comunidades que deben clorar el agua sin acceso a los medios para hacerlo. «Incluso científicamente está demostrado que su capacidad cognitiva no es la misma», explica Cyntia Reyes, directora general de Cántaro Azul. Las fuentes expertas han llegado a decir que «las fuentes de agua son como alcantarillas abiertas». Además, p ersisten prácticas tradicionales como el consumo de agua sin hervir, especialmente entre la población mayor, lo que incrementa los riesgos sanitarios. De hecho, una de cada tres personas en zonas rurales no tiene acceso a agua corriente, y en muchos barrios de San Cristóbal, el agua llega apenas unas horas cada dos días. A veces, ni eso. Marcos Arana, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y de la Nutrición Salvador Zubirán, ya señalaba en a los medios en 2020 que « al 3% de niños menores de seis meses, sus madres les dan un refresco, en un momento que solo deberían tomar leche materna. Eso se combina con que la diabetes tipo 2 es una de las principales causas de muerte en el estado. Resolver este conflicto implica reconstruir la infraestructura pública sometida a una compleja orografía, garantizar acceso universal al agua potable y reeducar a la población. La raíz del problema no son las bebidas carbohidratadas, sino una desigualdad estructural que hace que el agua falte mientras los burbujas sobren. Mientras las familias tzotziles pueden llenar biberones con refresco, a pocos kilómetros de sus casas, una planta de bebidas azucaradas que extrae más de un millón de litros de agua al día. La fábrica, propiedad de FEMSA —embotelladora exclusiva de Coca-Cola en México— tiene concesiones otorgadas hace décadas por el gobierno federal para acceder a los pozos más profundos de Chiapas. Su operación genera empleos y ganancias millonarias. Y uno de los exdirectores ejecutivos de Coca-Cola en México, Vicente Fox, fue presidente del país de 2000 a 2006. Para muchas madres, el refresco es un salvavidas. Mikaela Ruiz comentaba a ‘The New York Times’ cómo las bebidas carbohidratadas «curaron» a su bebé de vómito y diarrea. Otras madres aseguran que sin refresco, sus hijos no comen. En comunidades donde la medicina escasea y el agua es una amenaza, estos refrescos se convierten en bálsamo. Manuela Díaz, habitante tzotzil, lo dijo con claridad : «No veo por qué deberíamos dejar de beberlo. De todos modos, no hay nada más para nosotros». Solo el 7% de los hogares en Chiapas considera que el agua que recibe es segura para beber, según una encuesta nacional de 2023. La fe en el líquido azucarado supera la confianza en el sistema. El equipo de Cántaro Azul explica que desde 2012, la Constitución mexicana reconoce el acceso al agua como un derecho humano. Pero ese derecho sigue sin garantizarse. M éxico no cuenta con una Ley General de Aguas que lo regule, y la legislación vigente —creada en los años 90 bajo un modelo privatizador— no responde a la crisis actual . La responsabilidad se hace recaer en los municipios—el último eslabón de la cadena administrativa con pocos recursos técnicos y financieros. A ello se une una falta de conocimiento sobre cómo priorizar estos temas Lo que hace Cántaro Azul es trabajar con las comunidades rurales para que trabajen de manera conjunta, y sean capaces de una autogestión. México proyecta escasez de agua en 20 de sus 32 estados para 2050. La Ciudad de México podría enfrentar su «Día Cero» —cuando los grifos dejen de funcionar por completo, según el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), la CONAGUA, y organismos internacionales como la ONU. En Chiapas, la amenaza es aún más urgente por la mezcla de abandono institucional, pobreza, cambio climático y acceso desigual. Reyes comenta que «el gobierno federal no ha entendido la dimensión real del problema. Incluso el presidente dijo el año pasado que en Chiapas hay agua suficiente y que no hay problema« . Pero eso no refleja lo que viven en estas zonas. Hasta que se entienda el problema de fondo, el paisaje no cambiará. Seguiremos viendo a niños con botellas de refrescos en la mano, ríos infectados, y familias que, entre lo poco que tienen, eligen a corto plazo porque creen que no tienen otra opción.