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El patrimonio arqueológico, la otra víctima de la guerra en el Líbano

Publicado: junio 28, 2026, 6:23 am

Es la otra víctima de la guerra —más bien una de las otras, en plural— en el Líbano. Por el cúmulo de dramáticas circunstancias que concurren en el frágil y pequeño país de los cedros, una de las cunas de la civilización mediterránea, la antigua Fenicia, territorio bíblico, síntesis-mosaico de la diversidad religiosa y étnica de Oriente Próximo y escenario de casi todas las disputa pasadas y actuales, evitar el daño sobre el patrimonio ha sido prácticamente inevitable.

Con todo, a pesar de la virulencia de los bombardeos israelíes contra infraestructura y comandos de Hezbolá y de los choques terrestres entre la milicia chií y el Tsahal, podría haber sido mucho peor, aunque lo cierto es que llueve sobre mojado, porque el último medio siglo ha sido para el Líbano una sucesión de guerra tras otra, que siempre han tenido consecuencias para el patrimonio.

Por desgracia para el malhadado pueblo libanés, a menudo la guerra no depende de él ni de sus autoridades. Por su incapacidad a la hora de ejercer la soberanía sobre el conjunto de su territorio y la escasez de recursos y medios, poco podrá hacer el Estado libanés para evitar nuevo daños en su patrimonio si a corto plazo vuelve a repetirse un escenario bélico como el que acaba de vivirse.

Por su relevancia y simbolismo, los tres lugares más importantes afectados por el conflicto bélico han sido la antigua ciudad de Tiro, el castillo de Beaufort y la ciudadela de Shamaa, todos ellos situados en el sur del país y con protección reforzada de la Unesco, como denunciaba públicamente a comienzos de mes la entidad perteneciente a Naciones Unidas.

Dejando al margen la destrucción de municipios enteros en las zonas más próximas a la frontera con Israel, la guerra ha visto destruir en los últimos años mezquitas, santuarios, iglesias y cascos antiguos de gran valor patrimonial (como las mezquitas de Kfar Tibnit o Bint Jbeil o la iglesia greco-católica de San Jorge en Derdghaya). Casi milagrosamente el gran orgullo del patrimonio antiguo del Líbano, las ruinas de la ciudad de Baalbek, situadas en el oriental valle de la Becá, han sobrevivido intactas de la guerra, aunque sus alrededores, incluido el mítico hotel Palmira, se vieron afectados por las bombas durante la anterior campaña aérea israelí contra Hizbulá en noviembre de 2024.

“El patrimonio abarca no solo sitios arqueológicos, sino también estructuras históricas, costumbres, gastronomía y ritos religiosos. Mientras que los medios de comunicación se centran principalmente en los daños evidentes, la pérdida intangible indirecta e invisible es aún más significativa”, recuerda al respecto a 20minutos la arqueóloga libanesa y educadora de museos Nelly Abboud.

La especialista denuncia que “mientras Beaufort, Tiro, Baalbek y otros sitios reciben más atención, el daño a otros sitios menos conocidos sigue siendo enorme”. “Hay cientos, si no miles, de sitios históricos en la región sur extremadamente rica. Tell Kharayeb, Qasmiyeh, Tell Dibbine, Tell Rachidiyeh, la antigua ciudad de Tiro, y así sucesivamente, son algunos ejemplos. La magnitud del daño a estos lugares, que se encuentran en áreas extensamente bombardeadas y ocupadas durante las últimas semanas, es desconocida”, añade con pesar la fundadora y directora de Museolab, ONG dedicada a la promoción del patrimonio y la historia del Líbano.

La ruinas de Tiro, alcanzadas por las bombas

Sin duda, uno de los centros urbanos más importantes de la historia del Líbano y todo el Mediterráneo es la ciudad de Tiro —‘Sur’ según su actual denominación en árabe—, habitada de manera continuada durante más de 4.770 años. En peligro desde el inicio de la guerra, finalmente el pasado 8 de junio uno de los dos grandes yacimientos arqueológicos de la vieja Tiro, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, se veía directamente afectado por fuego israelí.

Concretamente, en medio de una intensa ofensiva contra la ciudad en su conjunto, los proyectiles afectaron a una de las entradas al yacimiento de Al Bass, donde se encuentran los impresionantes hipódromo romano y necrópolis fenicia y romano-bizantina. El ataque tuvo como objetivo una histórica construcción situada junto a los accesos al sitio, pero la explosión acabó afectando a una columna romana situada a pocos metros por el impacto de un generador eléctrico cercano. Las imágenes tomadas posteriormente muestran una grieta visible en el fuste de la columna, que perdió además su capitel.

Como ya ocurriera en el otoño de 2024, la moderna urbe, que está situada a unos 85 kilómetros de Beirut, ha sido escenario de intensos bombardeos de las fuerzas israelíes contra miembros e infraestructura de Hezbolá. “El daño que han sufrido los yacimientos arqueológicos es mínimo en comparación con lo sucedido en el resto de la ciudad, que es terrible. Pero yo no puedo desligar un lugar del otro”, admite a 20minutos el arqueólogo español Francisco Núñez, casi tres décadas vinculado a Tiro a través de distintos proyectos.

“Tiro es mi casa. Estoy muy dolido, es un momento muy duro. Lo que ha pasado no depende de ellos”, admite desde Varsovia el profesor adjunto del Polish Centre of Mediterranean Archaeology, quien llegó a la ciudad libanesa por primera vez a finales de los 90 de la mano de un proyecto de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y el Ministerio de Cultura dirigido por la desaparecida María Eugenia Aubet.

No lejos de la ciudad de Tiro, concretamente a unos 25 kilómetros al sudeste, se sitúa la ciudadela de Shamaa, los restos patrimoniales que se han llevado la peor parte de la guerra. Los bombardeos israelíes de los días 12 y 13 de abril pasados causaron la destrucción de una parte importante de la construcción, que data del siglo XII, incluidos las torres y muros defensivos de la ciudadela medieval y cuatro cúpulas doradas del santuario chií dedicado al profeta Shmoun al Safa (la misma persona que los cristianos conocen como San Pedro).

A 45km de Tiro, pero en dirección este, se sitúa el castillo cruzado de Beaufort (conocido en árabe como Qalaat al-Shaqif), un lugar cargado de historia, antigua y contemporánea, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2009 y también dañado por la última guerra. Se estima que una de las secciones en pie de la vieja fortaleza cruzada del siglo XII, que ya había sido reconstruida parcialmente por las autoridades libanesas tras la retirada de las tropas israelíes en 2000, ha quedado reducida a escombros. El pasado 31 de mayo, Israel anunció haber tomado el lugar, situado en una cresta rocosa sobre el curso del río Litani a menos de diez kilómetros de Nabatiye, para ser posteriormente escenario de crudos enfrentamientos entre el Tsahal y Hezbolá.

Con todo, con el conflicto bélico en fase de desescalada —lejos aún de haber concluido toda vez que Israel sigue ocupando decenas de emplazamientos en el sur— después del acuerdo finalmente firmado la semana pasada entre Irán y EEUU y del anuncio este viernes de un acuerdo marco— entre Israel y el Líbano, las evaluaciones de la administración y los especialistas del país levantino son aún preliminares, como advierten los expertos consultados por este medio.

“La extensión del daño al patrimonio arqueológico en el sur del Líbano no está clara aún debido a la ocupación actual y a los riesgos para la seguridad, que nos impiden acceder a la zona”, asegura a 20minutos la profesora de la Lebanese University (LU) y presidenta de la Asociación Libanesa para la Conservación de la Arqueología y el Patrimonio (ALCAP) Kawla ElKhoury.

Recuerda la arqueóloga libanesa, que trabaja en estos momentos en el yacimiento de Tell Kharayeb, que en el Líbano “hay muchos otros sitios arqueológicos importantes que siguen sin estar lo suficientemente estudiados o documentados”. “Cualquier bombardeo que les afecte puede provocar su pérdida completa, lo que los privaría para siempre de una información histórica y arqueológica incalculable que no ha sido aún descubierta o registrada”, advierte.

“La protección debe comenzar en tiempos de paz”

Teniendo en cuenta la debilidad y las carencias del Estado libanés ante situaciones como la que acaban de vivirse, el reto consiste a partir de ahora en proteger en la medida de lo posible estos lugares de futuras contiendas, porque si hay alguna seguridad en este país y esta parte del mundo es, por desdicha, que la violencia volverá. “La protección debe comenzar en tiempos de paz. Ello incluye promover la conciencia sobre estos lugares entre los cuerpos que toman las decisiones y la comunidad internacional, y urgir a Israel que los respete de sus acciones militares”, prosigue para 20minutos la profesora ElKhoury.

“También exige que el Ministerio libanés de Cultura lleve a cabo inspecciones regulares para asegurar que no haya actividad ni presencia militar dentro o en los alrededores de estos lugares, y que refuerce su carácter civil y cultural”, abunda. “Esperamos que el Ministerio trabaje más estrechamente con los ayuntamientos y las ONG para salvaguardar este patrimonio incalculable y asegurar su preservación para generaciones futuras”, expresa la arqueóloga y docente en la Lebanese University, para concluir que “las autoridades competentes no han sido capaces de adoptar medidas efectivas para detener estos ataques, porque de otra manera ni el castillo de Shamaa ni la entrada al sitio arqueológico de Tiro habrían sido objetivo”.

Por su parte, la arqueóloga Nelly Abboud señala directamente a las autoridades libanesas por la “ausencia de un plan de emergencia elaborado por el Ministerio de Cultura y la Dirección General de Antigüedades (DGA)”. “La preparación para la respuesta a emergencias adoleció de una gestión adecuada y de una actuación inmediata sobre el terreno. Dio la impresión de haber sido improvisada y carente de organización. Numerosos emplazamientos permanecieron durante meses sin la debida supervisión ni visitas por parte de los responsables de área de la DGA correspondientes”, denuncia la directora de Museolab.

La especialista subraya además “la falta de transparencia en relación con los planes existentes, si es que los hubiera, así como la ausencia de iniciativas de comunicación pública para informar a la ciudadanía sobre la situación de determinadas zonas y sitios afectados, y sobre las medidas inmediatas adoptadas para evitar que se produzcan nuevos daños”.

Abboud va más allá para denunciar “las reticencias del Gobierno, representado por el Ministerio de Cultura, a la hora de presentar denuncias oficiales e iniciar acciones legales ante la Corte Penal Internacional” contra el Ejército de Israel por los presuntos crímenes cometidos contra el patrimonio cultural y la humanidad en el Líbano. “La única medida adoptada consistió en la inscripción de los 73 sitios en la Lista de Protección Reforzada, sin recurrir a los mecanismos previstos por la Convención de La Haya para promover procedimientos judiciales que permitieran exigir la rendición de cuentas a Israel por dichos actos”, concluye a 20minutos la arqueóloga libanesa.

La arqueóloga Nelly Abboud denuncia “las reticencias del Gobierno del Líbano la hora de iniciar acciones legales ante la Corte Penal Internacional contra Israel”

Por último, no debemos olvidar, recuerdan los expertos, otros problemas estructurales que afectan a la red de sitios repartidos por la geografía libanesa como la falta de personal, la limpieza o la señalización, como puede haber constatado cualquiera que haya paseado por las ruinas del Downtown beirutí, las de Baalbek o la propia Tiro.

“Necesitamos muchos más empleados, a los que se les debe pagar decentemente y deben estar presentes en el lugar durante todo el día”, admite al respecto la doctora ElKhoury. “La protección, sin embargo, no debe limitarse a la vigilancia física, pues también depende de la conciencia pública y el compromiso de la comunidad”, concluye a este medio la presidenta de la Asociación Libanesa para la Conservación de la Arqueología y el Patrimonio.

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