Publicado: mayo 26, 2026, 12:23 am
Magnifica humanitas (Magnífica humanidad), «sobre la custodia de la persona humana frente a la inteligencia artificial«. Es el nombre escogido por el papa León XIV para la primera carta encíclica de su pontificado, que versa sobre el desafío al que se enfrenta el ser humano en relación a la inteligencia artificial y los retos digitales de nuestro tiempo. En el documento, publicado este lunes, el pontífice parte de esta premisa para analizar la situación del mundo y su relación con el desarrollo tecnológico de esta industria. «Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega ni una conciencia capaz de discernir el bien», reza el texto en el que advierte de los peligros de la IA. Entre ellos, el hecho de que este avance tecnológico carece de objetividad y de que es manejado por un grupo selecto de personas.
La carta, de la que ha dado cuenta el propio León XIV en el Aula de Sínodo en el Vaticano, consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión. Parte de la idea de que la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» ni «un mal en sí misma», pero tampoco es «neutral», ya que «asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». En este sentido, el santo padre insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en las «manos de unos pocos» y reflexiona acerca de la necesidad de un código ético relacionado con la IA.
León XIV recoge el testigo de su antecesor, el papa Francisco, y avisa sobre un «paradigma tecnocrático» en el que toda elección es dictada exclusivamente por «parámetros de eficiencia y beneficio«. Sobre si es necesario un código ético que acompañe a esta nueva era de IA, asegura el que de poco sirve que sea «más moral si esa moral la deciden unos pocos», y hace referencia al impacto ambiental de estas nuevas tecnologías que dañan «la creación».
El papa insiste en «desarmar la IA» para poder alejarla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva, y realiza una crítica feroz del transhumanismo y del poshumanismo, posturas que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo que conocemos como humano. Advierte que, crear esta técnica y eliminar los límites humanos significa «hacer retroceder el corazón«. «El ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite», reza el texto.
La norma general, a su parecer, debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona. Para eso, pide «elaborar con celeridad normas y medidas de protección adecuadas», también a nivel internacional. A su juicio, «toda introducción de automatización y de la IA debería ir acompañada de medidas verificables de protección del empleo, de recualificación y de participación de los trabajadores». Su objetivo, añade, debe ser que la tecnología contribuya a «liberar tiempo y capacidades humanas«, y no a generar exclusión o precariedad.
La IA y la esclavitud
En su documento, el santo padre habla de que la IA puede generar nuevas formas de esclavitud y pide que se considere «una grave violación de la dignidad humana» porque «no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba». «El creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos», añade en el texto, después de pedir «sinceramente perdón» en nombre de la Iglesia católica por haber tardado siglos en condenar la esclavitud.
Para que la IA respete la dignidad humana, reclama «responsabilidades» claras de quienes la crean y también «marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea», porque si no «el cambio será gobernado solo por lógicas tecnocráticas». En el acto en el que se ha presentado la encíclica se encontraba Christopher Olah, cofundador de Anthropic, la empresa de IA a la que el presidente de EEUU, Donald Trump, retiró sus contratos públicos por oponerse al uso de la tecnología con fines militares.
Limitar el acceso de menores a redes sociales
León XIV dedica también parte de Magnifica Humanitas a la protección de los menores en el entorno digital y reclama medidas concretas frente a los riesgos derivados del uso temprano de la tecnología. En la encíclica, el pontífice considera necesarias normas que establezcan «límites de edad» para el acceso de niños y adolescentes a plataformas digitales, además de exigir responsabilidades a las empresas tecnológicas. En ese sentido, subraya que la carga de controlar ese acceso no puede recaer únicamente en las familias, sino que deben existir marcos legales y obligaciones claras.
El papa alerta asimismo sobre el acceso precoz al teléfono móvil. Advierte de que entregar un dispositivo a edades demasiado tempranas y sin supervisión adulta puede «acentuar la fragilidad» emocional de los menores y favorecer conductas adictivas. Según señala, esa exposición temprana puede derivar en aislamiento, dependencia tecnológica, acoso o ciberacoso, además de incrementar la presión para compartir imágenes íntimas o información sensible.
Las nuevas formas de la guerra
Otro de los capítulos más contundentes de la encíclica está dedicado al impacto de la tecnología en los conflictos armados. León XIV denuncia que la revolución digital «está modificando la gramática de los conflictos» mediante ciberataques, campañas de influencia, manipulación de datos y automatización de decisiones estratégicas. En ese contexto lanza una rotunda frase al afirmar que «no existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable«.
León XIV sostiene que la IA puede rebajar el umbral del uso de la fuerza y convertir la violencia en algo más distante e impersonal. Advierte de una lógica en la que «el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un daño colateral«, mientras las responsabilidades se difuminan entre sistemas automatizados. Por ello pide que el desarrollo y uso militar de la inteligencia artificial quede sometido a «las restricciones éticas más rigurosas«.
El papa destaca la importancia de «reiterar la superación de la teoría de la guerra justa, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto». También condena la llamada «cultura del poder» y «la estrecha conexión entre los intereses económicos, los aparatos militares y las decisiones políticas» en el contexto de guerra en el que vivimos. Ante esta situación reclama relanzar el diálogo y el multilateralismo y lanza un mensaje directo a los líderes mundiales: «Los pueblos quieren la paz y yo, con el corazón en la mano, digo a los responsables de los pueblos: encontrémonos, dialoguemos, negociemos».
Por todo ello, llama a no permanecer «neutrales» ante determinados actos como bombardeos contra civiles, ataques a hospitales, escuelas o abusos a niños. «Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en ‘no ser cómplices», insiste en un documento que coincide con el 135º aniversario de Rerum novarum, de León XIII, considerado uno de los textos sociales fundamentales de la Iglesia católica.
El Guernica de Picasso
Otro de los grandes pilares del documento es la defensa de la dignidad humana y del bien común. El papa reafirma la protección de la vida «desde la concepción hasta su final natural«, al tiempo que llama a proteger los derechos de los pueblos, las minorías y los colectivos más vulnerables.
Además, el texto de León XIV reivindica el valor de «la cultura y el arte», y destaca el valor «casi profético» del Guernica de Picasso como «denuncia de la deshumanización». «La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal. De este modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; el Guernica como denuncia de la deshumanización; la lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido», apunta.
En el cierre de Magnifica Humanitas, León XIV invita a los fieles a responder al tiempo presente construyendo una «civilización del amor«, basada en la solidaridad, la justicia y el cuidado mutuo. Frente a la polarización, la violencia o la lógica del poder, propone vivir las nuevas tecnologías «a la luz del Evangelio» para que, también en la era digital, pueda mantenerse viva «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».
Una teóloga y un investigador de IA
También participaron en la rueda de prensa los cardenales Víctor Manuel Fernández, Miguel Czerny y Pietro Parolin. Fernández, argentino, preside el Dicasterio para la Doctrina de la Fe; Czerny, canadiense, dirige el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; y Parolin es el cardenal secretario de Estado. La teóloga británica Anna Rowlands, el mencionado investigador estadounidense de IA Christopher Olah y la teóloga estadounidense Leocadie Lushombo también se dirigieron a la prensa vaticana.
Una encíclica de estas características es una carta solemne sobre asuntos de la Iglesia, que versa sobre cuestiones de la doctrina católica. Este comunicado tiene su origen en las epístolas del Nuevo Testamento, y con ellas el papa se dirige a los obispos y fieles de todos los rincones del mundo. La última encíclica que pronunció el antecesor de León XIV, el papa Francisco, fue Dilexit nos, que fue publicada el 24 de octubre de 2024 centrada en el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo.
