Publicado: mayo 21, 2026, 3:23 am
En septiembre de 2024, Mario Draghi apuntaba en su ya referencial informe varias pautas que marcarán el rumbo de la Unión Europea en los próximos años. Entre ellas, reducir la dependencia de terceros países en asuntos clave como la defensa y compatibilizar cooperación con desarrollo propio. En esa hoja de ruta, el histórico acuerdo de defensa entre la Unión Europea y Canadá, ratificado este miércoles por el pleno del Parlamento Europeo, supone todo un hito. Con él, la industria de defensa del país norteamericano podrá optar a contratos europeos financiados bajo el paraguas del instrumento SAFE —Instrumento de Acción por la Seguridad de Europa, por sus siglas en inglés—, el fondo de préstamos de Bruselas para impulsar la inversión en defensa (por valor de hasta 150.000 millones de euros). «Es una win-win situation, todos ganamos«, valora en conversación con 20minutos en Estrasburgo Nicolás Pascual de la Parte, eurodiputado del PP y miembro de la Comisión de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo. «Es un acuerdo con términos muy nítidos y muy equilibrados, todos necesitamos dimensión para nuestra industria: los canadienses necesitan dimensión en Europa para sus exportaciones, y nosotros el mercado y las tecnologías que nosotros no tenemos y ellos sí», apunta.
El pacto, suscrito en Múnich el pasado mes de marzo y validado ahora en Estrasburgo, convierte a Canadá en el primer país no europeo en participar de las adquisiciones de SAFE como socio preferente: si hasta ahora las compras con ese dinero se limitaban al 35% para productos de terceros países, la industria canadiense se convierte en la excepción y sus componentes podrán superarlo, con la condición de que se mantenga un límite de al menos el 20% del coste para componentes originarios de la UE o Ucrania. «Canadá no tiene una industria de defensa tan potente como la de EEUU, pero sí tiene nichos de excelencia y desarrollo que son interesantes para nosotros«, detalla Pascual de la Parte, que también fue embajador de España ante la OTAN. Además, los porcentajes mínimos que regulan el acuerdo implican que la colaboración con Canadá «no perjudicará la preferencia europea». «Es decir, que el dinero del contribuyente europeo se destinará a crear una base industrial europea para ser autosuficientes a medio plazo y no depender de otros países», añade.
El nuevo pacto profundiza en las relaciones entre la Unión Europea y Canadá —impulsada desde 2017 con el acuerdo comercial CETA—, en un momento en el que las relaciones con Estados Unidos bajo la administración Trump se han resentido. «Canadá es el país más europeo fuera de Europa, y el pueblo canadiense es el más europeo fuera de Europa», señala a este periódico Javier Moreno, eurodiputado del PSOE y presidente de la Delegación para las relaciones con Canadá en la Eurocámara. «Ya con la primera administración Trump, tanto ellos como nosotros nos dimos cuenta de que teníamos que estrechar lazos. El acuerdo CETA incluía ya entonces una cooperación en muchos ámbitos», sostiene.
Por tanto, la industria europea de defensa podrá utilizar fondos del instrumento SAFE para adquirir componentes, materiales y armamento canadiense, siempre en el contexto de «proyectos comunitarios«. «Lo rompedor de SAFE es que está previsto para financiar proyectos transfronterizos, y no capacidades nacionales. Por ejemplo, en cuatro proyectos prioritarios: la creación del escudo antidrones europeo, nuestra defensa antiaérea, la defensa espacial y la movilidad militar», destaca el eurodiputado del PP. Ese objetivo, señala, no choca con el principio de subsidiariedad y que la defensa sea competencia de los Estados: «La Comisión, antes de autorizar el desembolso, garantiza mediante el control previo que estos fondos se destinarán a proyectos paneuropeos».
El escepticismo de EEUU y la inclusión de Ucrania en la defensa europea
El escepticismo de Estados Unidos sobre el papel de la OTAN y la defensa europea, junto a la invasión rusa de Ucrania y el difícil contexto geopolítico, incentivan al bloque comunitario a buscar este tipo de acuerdos que, en cualquier caso, entran dentro de la «autonomía estratégica abierta», un concepto clave para la UE en el último lustro. «Es un acuerdo para proyectos conjuntos de desarrollo armamentístico y defensivo dentro de una estrategia abierta, en la que no queremos cerrar la puerta a nuestros aliados tradicionales, como los canadienses pero también los británicos, los japoneses o los estadounidenses», señala Pascual de la Parte.
Ambos parlamentarios coinciden en que el acuerdo avanza en la búsqueda de esa autonomía en ámbitos estratégicos como lo es la industria de defensa. «Yo creo que este acuerdo refuerza el pilar europeo de la OTAN, que en definitiva es lo que pretende Estados Unidos», explica Javier Moreno. Washington, apunta, «lo que no puede es pretender retirarse de proteger Europa y al mismo tiempo vender más armas e impedir a otros hacerlas». «Nuestros amigos norteamericanos nos han estado incentivando a que haya un reparto más equitativo en las dos orillas del Atlántico en defensa», añade Pascual de la Parte. «Es cierto que las empresas estadounidenses han tenido una posición de privilegio para vender en Europa, y eso tendrá que reajustarse con el tiempo. Pero el objetivo no es cerrar puertas a nadie, es tener una base industrial europea que nos permita tener esa autosuficiencia y competir, en buena lid, con Estados Unidos», añade el parlamentario popular. «No creo que suponga un agravio para Washington, porque estamos abiertos a que cualquier aliado con ideas afines quiera y pueda participar», remacha.
El acuerdo involucra, además, a la industria ucraniana como parte del acuerdo: sus componentes estarán sujetos al mismo mínimo que los comunitarios dentro del acuerdo con Canadá. «El ataque de Putin a Ucrania es una agresión también a la Unión, a nuestros valores, y es lógico que haya cooperación con Kiev y que Canadá pueda participar», explica Moreno. «Es un consenso generalizado que se debe integrar a Ucrania en las estructuras no solo europeas, sino también defensivas», expone Pascual. «Además, Ucrania ha desarrollado unas capacidades militares a la vanguardia del mundo por necesidad en el campo de batalla: drones, vehículos aéreos no tripulados, defensa antidrones…», añade el eurodiputado del PP.
Se abre la puerta a futuros acuerdos con otros países
A la inclusión de la industria canadiense en el fondo común de defensa podrían seguir futuros acuerdos similares con terceros países con los que la Unión ya mantenga convenios en materia defensiva. «Este se puede considerar un acuerdo piloto, y estoy convencido de que va a funcionar muy bien», expone Pascual.
De ser un éxito, otros países como Japón, Corea del Sur o Reino Unido podrían acabar firmando acuerdos similares. A Londres, comenta Nicolás Pascual, le fue ofrecida la posibilidad: «Decidieron no participar, aunque me da la impresión de que se arrepienten, y de darse un segundo programa SAFE, seguro que estarán dentro. El caso de Canadá, expone, «es un ejemplo cabal de como Europa puede colaborar estrechamente con terceros países aliados para profundizar en la defensa».
Sin embargo, el acuerdo veta la presencia de componentes procedentes de terceros países que supongan un riesgo para la seguridad europea, como es el caso de China. Cerciorarse de que esto se cumpla «está bastante bien previsto», señala Nicolás Pascual: «Habrá controles exhaustivos, por motivos obvios de seguridad estratégica, y que no haya componentes estadounidenses (en su caso, superiores al porcentaje permitido) pues también habrá que comprobarlo». «Hay que reconocer, por otro lado, que ninguna empresa, ni siquiera las grandes plataformas, son capaces de desarrollar un producto al 100% por sí mismas. Sería muy difícil evitar que haya componentes de origen estadounidense en productos de defensa europeos o canadienses», explica. «No se trata de eso, sino de abrir la capacidad de desarrollo de nuestros productos con un aliado estrechísimo que además ha demostrado complicidad con Europa como Canadá», añade.
«Andando se hace el camino, y estamos dando pasos», señala Javier Moreno. Lo más importante para que el acuerdo funcione y Europa avance en el desarrollo de su industria defensiva será, sostiene el eurodiputado socialista, el ingrediente que hace avanzar el proyecto común: «La Unión avanza cuando hay voluntad política. La defensa es competencia de los Estados miembros, pero también lo era la sanidad en la pandemia, y como hubo voluntad se pudieron hacer muchas cosas», remacha.
