Publicado: septiembre 5, 2026, 11:37 pm
Hace más de dos meses y medio, Ilia Topuria conoció por primera vez el amargo sabor de la derrota . No fue un tropiezo cualquiera, pues supuso acabar con al rostro muy desfigurado, que perdiera el tÃtulo del peso ligero de la UFC y se esfumara su imbatibilidad en su carrera profesional. Para más inri, después de diecisiete victorias consecutivas, la derrota llegó en el evento más simbólico de la historia , en el JardÃn Sur de la Casa Blanca, ante la estrella estadounidense, Justin Gaethje, que cuajó un gran combate. Ahora, 83 dÃas después, Ilia Topuria ha reaparecido para hablar de aquella fatÃdica noche, pero desde el aprendizaje, desde la aceptación, pero también desde el reconocimiento crudo de que los daños causados en su rostro fueron un trauma difÃcil de superar. «Durante muchos años conocà una sensación: ganar» , relata Topuria. «HabÃa disputado dieciocho combates profesionales; diecisiete noches terminaron como yo querÃa y una no», añade. Aquella única noche diferente no solo cambió su récord. También le mostró una dimensión del deporte que nunca habÃa tenido que afrontar. «Por primera vez en mi carrera profesional, habÃa perdido », admite. Y lo hizo pagando un precio fÃsico considerable: «Las dos órbitas de los ojos fracturadas, el tabique roto y el pie roto». Pero entre las consecuencias de aquella pelea hubo una escena que, en su relato, adquiere un significado mucho mayor que las lesiones o el resultado. «Recuerdo despertarme y mirarme al espejo», escribe. «Durante unos segundos no reconocà el rostro que tenÃa delante» . El impacto fue inmediato. «Pensaba: ‘No puede ser. No puede ser que este sea yo’» . Era una imagen difÃcil de asumir. El rostro que veÃa reflejado era el de un hombre golpeado, herido y derrotado. Sin embargo, Topuria descubrió algo inesperado en aquel momento de vulnerabilidad. «Era difÃcil sostener la mirada», reconoce. Pero no apartó los ojos. Y entonces ocurrió algo que él mismo considera extraño: «Mientras me observaba sentÃa más respeto por mà mismo; incluso podrÃa decir que me querÃa un poco más». La razón estaba clara para él. No necesitaba esconderse detrás de una excusa. «Yo sabÃa algo mejor que nadie: lo habÃa dado todo», afirma. «HabÃa llegado preparado y me sentÃa bien fÃsica, mental y espiritualmente» . Por eso decidió no buscar culpables ni explicaciones externas. «No necesitaba buscar una excusa. Lo habÃa intentado y aquella noche no habÃa salido; eso era todo». Vea aquà la carta Ãntegra de Ilia Topuria En esa aceptación encuentra Topuria una de las principales enseñanzas de su primera derrota. «Descubrà que podÃa vivir con ello» , explica. Porque el resultado puede doler, pero no necesariamente destruye al deportista que hay detrás. «Cuando sabes dentro de ti que lo has entregado todo, el resultado duele, pero no te destruye». También decidió no renegar de aquella noche. «No querÃa volver atrás, borrar aquella noche ni cambiar mi historia», asegura. Su fe tuvo un papel fundamental en esa aceptación. «Creo en la voluntad de Dios» , recuerda. Y recupera una frase que habÃa pronunciado cuando todo iba bien: «Si Dios arruina alguna vez mis planes, quizá sea porque esos planes podÃan arruinarme a mû. Ahora, esa convicción adquiere un significado diferente. «Era muy fácil repetirlo cuando todo salÃa bien; ahora me tocaba vivirlo. Y lo acepté», reconoce. Topuria no sabe todavÃa qué consecuencias tendrá esta derrota en su carrera, pero sà parece haber descubierto algo sobre sà mismo. «Quizá aquello también debÃa formar parte de mi historia» , reflexiona. «Tal vez necesitaba esa experiencia para descubrir una versión de mà que todavÃa no conocÃa». El récord ya no es perfecto. El tÃtulo ya no está en sus manos. Pero la derrota tampoco puede borrar lo construido. «HabÃa ganado diecisiete veces y una noche salió mal», recuerda. Y termina con una frase que resume toda su nueva perspectiva: «Una noche no puede borrar una vida».
