Publicado: julio 12, 2026, 3:00 am
La Copa del Mundo se despidió de México la semana pasada para afrontar su desenlace en Estados Unidos. Concluyó así un recorrido que comenzó nueve años atrás, cuando el país aceptó, por primera vez, compartir el papel de anfitrión mundialista junto a sus vecinos de Norteamérica. Renunció a la exclusividad que gozó en las ediciones del 70′ y el 86′, pero, a cambio, se convirtió en el primer país en organizar tres Mundiales. Así lo consumó en el verano de 2018, con la designación de la FIFA a la candidatura encabezada por EEUU durante el primer mandato de Trump, que se constituyó entre tensiones por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
No fue menor el resquemor que despertó su decisión entre la opinión pública por el desigual reparto del torneo: frente a los doce estadios que acogieron en el 86′, la actual edición redujo la presencia mexicana a tres sedes: Guadalajara, con el Estadio Akron; Monterrey, con el BBVA; y Ciudad de México, con el histórico Estadio Azteca. Tampoco lo ha sido el impacto económico del campeonato que empiezan a reflejar los primeros balances. Según la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo, el Mundial ha regado las arcas mexicanas con 2.247 millones de euros y ha atraído a 1,1 millones de turistas durante los 13 encuentros disputados en el país. La competición ha generado, además, alrededor de 105.000 empleos, con gran incidencia en el sector turístico.
No obstante, más allá del impacto económico inmediato, la huella que deja en el país una cita de la magnitud de un Mundial es una herencia más difícil de cuantificar; es más bien «un legado». Y así lo interpretaron desde una de sus sedes, la ciudad de Monterrey. «Siempre lo vimos así, como una oportunidad para dejar un legado» reconoce a este periódico la secretaria de Turismo de Nuevo León, Maricarmen Martínez. «Queríamos contagiar la pasión del Mundial a toda la ciudadanía y para ello nos inspiramos en lo que sucedió con los Juegos Olímpicos de 1992 y la campaña ‘Barcelona, Ponte Guapa’, donde toda una ciudad -gobierno, iniciativas privadas, universidades, organismos de la sociedad civil- se unió en torno al destino para ponerlo guapo» explica.
A los mandos de Samuel García Sepúlveda, el Gobierno del Estado de Nuevo León bautizó su iniciativa como ‘Ponte Nuevo, Ponte Mundial’ y puso en marcha un plan de infraestructuras con más de 30 proyectos enfocados a responder al crecimiento urbano del estado e hizo una llamada a las iniciativas privadas para formar parte del plan. «Por ejemplo, Berel, una empresa de pintura regiomontana, donó miles de litros de pintura para pintar casas y murales por toda la ciudad; lo que llamamos trazos mundialistas» explica Martínez. Como Berel hubo «más de cien iniciativas en las que empresas, organizaciones y universidades se sumaron para lograr que el Mundial fuera un éxito, como lo fue».
Entre las artífices del plan se encontraba precisamente Martínez, quien destaca la movilidad, la seguridad turística, la promoción del destino, la innovación y la capacitación como los pilares de su hoja de ruta mundialista. Esta última acción puso el foco en la primera toma de contacto que el turista recibe cuando llega a la ciudad. «Pusimos en marcha una plataforma digital que cuenta con cursos de inglés y servicio al turista con el objetivo de que el personal que tiene el primer contacto con los visitantes -como los taxistas o los camareros- puedan platicarle de todo lo que hay en Nuevo León y brindar una mejor atención» comenta.
«Esperábamos alrededor de 300.000 turistas y recibimos en torno a 420.000»
Basta con asomarse a los ventanales de la planta 31 de la Secretaría de Turismo de Nuevo León para seguir el rastro que ha dejado el Mundial en la ciudad. Desde allí se distinguen las nuevas infraestructuras de movilidad -algunas todavía en ejecución-, las zonas reforestadas y el nuevo complejo de la Fuerza Civil, convertido durante el torneo en el centro de coordinación desde el que las autoridades estatales y la FIFA han supervisado el operativo de seguridad. Todo ello, cualquiera diría que es sólo fútbol, para albergar cuatro partidos de siete países distintos (Suecia, Túnez, Japón, Sudáfrica, República de Corea, Países Bajos y Marruecos).
Cuatro encuentros -tres de fase de grupos y uno de dieciseisavos- que han traído bajo el brazo un impacto de 5.000 millones de pesos (en torno a 250 millones de euros al cambio) para todo el sector del comercio y el turismo de la región, según los datos facilitados por su propia Secretaría de Turismo. «Ha superado todas las expectativas», reconoce Martínez, quien cifra en 2.000 millones de pesos (100 millones de euros) su previsión inicial. También se han desbordado sus perspectivas turísticas: «Esperábamos alrededor de 300.000 turistas y recibimos en torno a 420.000». Cifras que explican por qué los hoteles de la región han disfrutado de una ocupación del 85% durante la cita mundialista.
No todos, sin embargo, han tenido la oportunidad de presenciar un partido en directo. En algunos encuentros, como el México-Inglaterra disputado en el Azteca, las entradas oscilaron entre 39.000 (1.950 euros) y 281.000 pesos (14.000 euros). Para esa inmensa mayoría, Monterrey ha habilitado sus principales espacios -como el Parque Fundidora- en aras de celebrar la fiesta del fútbol con pantallas gigantes, conciertos de artistas locales e internacionales y actividades para toda la familia durante todo el torneo.
