Publicado: junio 4, 2026, 3:00 am
Organismos nacionales e internacionales vienen insistiendo en que la crisis energética que estalló tras la invasión rusa de Ucrania difiere de la provocada por la guerra de Irán en el fondo y en la forma, por lo que es de esperar que el impacto de esta última en la actividad económica y en la inflación no sea tan acusado. Sin embargo, la incertidumbre sobre la duración e intensidad del conflicto en Oriente Próximo sigue siendo extremadamente elevada y a esa falta de visibilidad se añaden una serie de factores que pueden hacer que su alcance sea más global que el de la guerra en Ucrania, tal y como advierte el Banco Central Europeo (BCE).
El shock de 2022 lo fue sobre todo de gas, esencial para la calefacción y la generación eléctrica en Europa Central, mientras que el actual afecta al petróleo y a los combustibles refinados, por lo que impacta de forma directa en el transporte, la aviación y la industria petroquímica. El alza de los precios del crudo ha sido más rápida y la presión sobre sus derivados también ha sido mayor, como en el caso del diésel. El contexto en el que han tenido lugar ambos también es distinto.
En una entrada publicada en el blog de la entidad, su director general de Economía, Óscar Arce, y los economistas Niccolò Battistini, Othman Bouabdallah y Eliza Lis inciden en que Europa estuvo más expuesta a la crisis de 2022 y menos preparada para ella, mientras que hoy día el peso de las renovables (de la electricidad generada por esta vía) ha amortiguado el efecto en la cesta de la compra de las perturbaciones en los mercados mayoristas de la energía. Con todo y, «si bien estas diferencias apuntan a una crisis energética menos generalizada, otros factores indican lo contrario«, advierten.
Los economistas del BCE explican que las crisis de suministro de petróleo se propagan a la inflación a pie de calle más rápidamente que las crisis de suministro de gas. «El aumento de los precios del crudo se refleja rápidamente en lo que los consumidores pagan en las gasolineras, y los precios al alza tienden a tener un impacto mayor que los precios a la baja», detallan. Por el contrario, pueden transcurrir varios meses antes de que los aumentos en los precios mayoristas del gas y la electricidad se reflejen en las facturas de servicios públicos a las que tienen que hacer frente los consumidores.
A la vez, apuntan a que la crisis actual tiene un carácter «más global» que la de 2022 e inciden en que una crisis global tiene mayores efectos indirectos sobre la inflación, ya que las presiones sobre los costes se extienden a lo largo de las cadenas de valor mundiales. Esto, a su vez, provoca «un aumento más pronunciado de los precios de las importaciones y una mayor repercusión de la crisis energética en la economía nacional», precisan.
A lo anterior se suma el hecho de que los países cuentan con un margen fiscal limitado para adoptar medidas, lo que implica «menos capacidad» para amortiguar el impacto de la crisis energética en la inflación a corto plazo. Dado que la crisis actual es global, existe el riesgo de una fuerte amplificación no lineal «si resulta ser mayor, más extensa o más persistente de lo previsto», advierte el documento elaborado por Arce y el resto de economistas del banco central.
Un seguimiento exhaustivo de la crisis actual
Finalmente, la experiencia reciente de los hogares y las empresas con una inflación elevada puede influir en la intensidad con la que la actual crisis energética repercute en los precios. aunque consideran que la intensidad en la que esto suceda es difícil de predecir. En general, consideran que la actual crisis energética se desarrolla en un contexto muy diferente al de hace cuatro años, lo que exige «un seguimiento exhaustivo de sus efectos en la dinámica inflacionaria general», prestando especial atención a las características macroeconómicas y financieras «específicas de la zona del euro en la actualidad», sentencian.
En el lado opuesto están los indicadores que apuntan a menores riesgos inflacionarios ahora que en 2022. En primer lugar, cuando la crisis actual detonó, la inflación se encontraba cerca del objetivo del 2% a medio plazo que tiene fijado la entidad. Tanto las condiciones de la demanda como las de la oferta parecen ahora menos inflacionarias que tras la invasión rusa de Ucrania. El mercado laboral se muestra menos ajustado en general y la combinación de políticas monetarias y fiscales es más neutral.
